Benítez y Sámano, leales en tiempos de desleales

No viene a la memoria en ambos un solo acto de ingratitud ni de traición, sino al contrario

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Ejemplo vivificante en tiempo de desleales ofrecen Humberto Benítez Treviño y Miguel Sámano enfrentando a la diputada local mexiquense de Morena Rosa María Coyotécatl Rosas, que pretendiendo halagar al Presidente López Obrador, en un rasgo de oportunismo puro, característico también en esta temporada de transformaciones, propuso “reordenar” el “Paseo Tollocan” y retirar la estatua del profesor Carlos Hank González.
Así como Coyotécatl Rosas aprovecha el discurso anticorrupción de López Obrador, quien considera al profesor Hank González como el rostro fiel de la corrupción del pasado neoliberal, fifí y conservador, basándose en su gran fortuna y en su famosa frase de “un político pobre es un pobre político”, los políticos mexiquenses, pero el priísmo que está a punto de desaparecer, tienen en el atlacomulquense no sólo al transformador del Estado de México, sino el orgullo de considerarlo como uno de los grandes exponentes de lo mejor de la política priísta de todos los tiempos.
A fin de no perderme en detalles sobre Hank e innecesarias defensas sobre su persona transcribiré la carta que el ex procurador general de la República, del Estado de México y del Distrito Federal envió a la diputada, y me concretaré a él y a Miguel Sámano.
Humberto y Miguel, o Miguel y Humberto, son ejemplo de lealtad no sólo por su defensa a Hank González, sino por sí mismos. No recuerdo en ambos un solo acto de ingratitud ni de traición, sino al contrario.
Benítez Treviño sufrió, al final de su carrera en la administración pública federal, la falta de apoyo del Presidente Peña Nieto en ocasión del problema que tuvo en la Procuraduría General de la República.
Con motivo de ese problema, el personaje admirable que rechazó la embajada en El Vaticano para permanecer en México y estar con su familia en un momento trascendente para esta sufrió el acoso de la clase política mexiquense que lo quería fuera de la competencia de la gubernatura estatal, a la que tenía derecho por su estatura política y moral.
Perdió ante sus paisanos por falta de correspondencia a su lealtad, pero ganó la vida cultural mexiquense.
De Miguel sólo puedo decir que dio inigualables muestras de lealtad a su jefe y amigo Arturo Montiel cuando la cúpula del PRI se alió con el foxismo para impedirle recuperar la Presidencia de la República.
Inexplicablemente, en el sexenio pasado fue bloqueado por el primer círculo que asfixió a Peña Nieto; el ex Presidente quedó en deuda con él.
Rodeado por muchos mexiquenses y un buen número de advenedizos a su causa sin mayor concepción de la lealtad, Peña Nieto perdió la oportunidad de tener a su lado a quien sólo jugaría para él y no habría dudado de hablarle con la franqueza que exige el ser leal.
Podría extenderme hasta el infinito, pero sólo debo acotar que sin ser perfectos, como cualquier ser humano, Humberto y Miguel pertenecen a esa rara especie de hombres que hacen religión de la lealtad.
Y por eso me honra su amistad, y por eso estas líneas pergeñadas por quien intenta imitarlos.
IMPACTOS: A continuación, la carta de Benítez Treviño a la diputada Coyotécatl Rosas.

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