Beltrones, de regreso y en contra de priístas mutantes

Lo que falta saber es si él está en disposición de encabezar una lucha titánica, histórica, cuyos frutos se recogerán a largo plazo, no en el futuro mediato

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El encuentro de los diputados de la LXII es una reunión anual que para algunos podría tratarse de mera rutina para dar rienda suelta a la nostalgia, pero la del martes marcó el regreso de Manlio Fabio Beltrones, el más destacado militante de un partido que hoy parece no tener rumbo ni futuro.

Tan mal está que el Presidente Peña Nieto ha sugerido cambiar de esencia, nombre y apellidos.


Ya los priístas sabrán qué hacer y cuándo; hasta el martes parecían paralizados. Incluso las voces repartidoras de culpas guardan silencio. Es probable que aún sean observantes de la última sigla de lo que todavía se llama PRI, de la institucionalidad. Pero esto durará apenas 10 semanas más.

Por lo pronto, Beltrones pidió a su partido que convoque a los verdaderos priístas, no a los advenedizos que “son mutantes”.

Manlio explicó con crudeza que los mutantes son aquellos a quienes “les sabe igual dar un beso a un hombre que a una mujer”; en realidad se resistió a parafrasear al último dinosaurio del priísmo, don Francisco Galindo Ochoa, que solía decir que a los falsos priístas lo mismo les da colgarse de una ubre que de un pene.

Las duras palabras del ex coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados durante la primera mitad del gobierno de Peña Nieto, la que aprobó las reformas estructurales, fueron recibidas con estruendosa ovación porque reflejan fielmente el sentir de los militantes que no entienden aún por qué, cuando parecía que su partido tenía todo para mantenerse en el poder por largo tiempo, fue desplazado por una mescolanza de ex perredistas y ex panistas encabezados por ex priístas.

Están lejos de dejarse convencer con explicaciones como la del movimiento mundial antisistémico que exime de responsabilidad a quienes la tienen.

Ya los priístas se reunirán y se darán con la cubeta en un ejercicio de autocrítica, catarsis, si se quiere, que mucho les urge; por lo pronto lo obvio está a la vista: se quedaron sin líder y sin causa, no obstante que el liderazgo formal lo ejerce Claudia Ruiz Massieu y permanezcan vigentes sus documentos básicos y estatutos, supra-reformados en los años previos a la elección, para dar paso a las reformas estructurales y a una nueva militancia.

¿En dónde está el valiente capaz de atreverse a conducir al PRI en lo que el ex secretario técnico del Consejo Político Nacional, Manuel Aguilera, llama restauración y no refundación?

La nómina priísta es muy escuálida; lo está más que cuando buscaba candidato presidencial después de que la “Triada”, que asfixió y aisló al Presidente Peña Nieto, destruyó las posibilidades de Beltrones, el único priísta que pudo haber dado pelea.

No hay entre los gobernadores, senadores y diputados federales quién caliente un vaso de agua.

Por eso hay a quienes preocupa la irrupción del ex líder nacional (su mandato como presidente del partido lo concluirá Ruiz Massieu en agosto próximo) y la crudeza de su lenguaje.

Más allá de Manlio no hay quién tenga los tamaños para unificar a los priístas que no chaquetearon cuando todo indicaba que el tsunami los arrasaría, y a los que permanecerán aún al concluir el sexenio.

Y muy difícilmente los priístas encontrarán a otro con su autoridad moral, política y partidaria.

Lo que falta saber es si él está en disposición de encabezar una lucha titánica, histórica, cuyos frutos se recogerán a largo plazo, no en el futuro mediato.

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