‘Batalla decisiva por México’: Peña

Con un efusivo discurso durante la clausura de su XXII Asamblea Nacional, retomando la visión de Colosio, el Presidente llama a los priístas a no intimidarse ante los retos

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Después de la “asonada” priísta a media semana, por sus cinco mesas de debate en distintas ciudades, al menos dos declaraciones del líder nacional, Enrique Ochoa Reza, dejaron clara una cosa: El proceso interno para definir al candidato que buscará la permanencia del PRI en Los Pinos va a medias.

Un día antes de que el partido confirmara lo que era un grito a voces, abrir las candidaturas a simpatizantes y ciudadanos, puntualizaba: “El Presidente de la República será central en la definición de nuestro candidato o candidata a la Presidencia (de la República), pero no será el único factor”.

Un día después bajaba el primer telón: “Los candados son cosa del pasado”.

Ni el “estamos hasta la madre” de Ulises Ruiz se escuchó tan estridente.

En realidad, la efusividad y el verdadero eco tricolor se dejaron escuchar y ver ayer sábado, durante el discurso del Presidente Enrique Peña Nieto al clausurar la 22 Asamblea Nacional del PRI.

Ante más de 15 mil asistentes al Palacio de los Deportes -cualquier otro escenario quedaba chico al multitudinario encuentro priísta-, el Presidente evocó la visión de Luis Donaldo Colosio para darle dinamismo a sus palabras y al llamado de unidad priísta (“para servir y para ganar”).

En tres frases, Peña Nieto resumía el aliento de los militantes del partido:

“Vamos a una batalla decisiva para México”.

“El PRI no se intimida ante los retos”.

Y: “El PRI está listo para lo que viene”.

Era un hecho que la presencia de la figura presidencial en el principal acto partidista de los priístas se traducía en entusiasmo, fervor y una confianza revivida.

El pronunciamiento de Peña Nieto no hacía, tal vez, olvidar las derrotas electorales en tres años consecutivos (2015, 16 y 17) ni los “socavones” políticos en los que fue cayendo la administración, pero sí respirar, tomar aire y renovar el espíritu de entrega, principalmente a la ciudadanía, ahora que “la sana cercanía” incluía a simpatizantes.

Cada fragmento del discurso era festejado por los asistentes y era seguido de una andanada de aplausos.

Casi infaltable fue la referencia hacia quienes han ametrallado al PRI después de la ruptura del “Pacto por México”.

“Hay quienes pretenden regresarnos al pasado… que le apuestan al caudillismo, a la estridencia y la incongruencia”, expresó, pero tampoco escaparon quienes tomaron al partido como medio para desacreditarlo y actuar contra los ciudadanos aprovechándose, sobre todo, de gubernaturas.

“Quienes han traicionado al partido deberán enfrentar las consecuencias de sus actos”, añadió.

Enfatizó en la entera disposición del PRI de atacar la impunidad y construir un “genuino” Estado de Derecho.

“Los cambios nos ponen al día”, señaló en referencia a lo acontecido en días anteriores, en las cinco mesas de debate.

“Establecimos los cimientos de un país más justo y próspero”, dijo.

La XXII Asamblea fue una pasarela de voces imprescindibles en el PRI.

Manlio Fabio Beltrones, ex líder nacional del partido, fue firme al expresar que las reformas estructurales son la base de México para mirar al futuro.

El también ex diputado y ex senador elogió el trabajo de la administración de Peña Nieto.

El actual dirigente, Enrique Ochoa Reza, hizo alusión a la dimensión del evento en el sentido de que es un reflejo de la fuerza priísta que ganará la Presidencia de la República en el 2018.

La Secretaria General, Claudia Ruiz Massieu, enfatizó que el PRI es un partido dispuesto a renovarse, refrendar sus aciertos, pero también a aprender de sus errores.

El partido, dijo, tiene hoja de ruta y es audazmente revolucionario.

En su calidad de consejero, el Gobernador del Estado de México señaló que la asamblea marca el inicio de un gran triunfo para bien de México.

Con la algarabía de los asistentes, y en el marco de la aprobación de las reformas a sus documentos básicos, incluyendo algunos artículos de los estatutos, Peña Nieto hizo un claro llamado al priísmo:

“Cerrar filas por México”.

 

LOS TIEMPOS SON SAGRADOS

Desde mitad de semana, Ochoa Reza dio detalles, con santo y seña, de la nueva era del tricolor.

Un partido moderno, dijo, debe establecer mecanismos abiertos y flexibles para la participación de la ciudadanía, tanto aquellos que han decidido ser militantes de nuestro instituto como aquellos que simpatizan con él.

Con ello reconocería, y casi presagiaba, que el requisito de años de antigüedad debía ser olvidado. Lo fue.

En su momento habló de la necesidad del partido de estar conectado con la sociedad.

Entonces se soltaron las apuestas. Vieron a uno o dos ganadores de la rifa del tigre. Con la nueva redacción del Artículo 181, antes 166, el “score”, según los “gamers”, lo encabezaban José Antonio Meade y Aurelio Nuño.

Cabizbajos, decían, quedaban, entonces, Miguel Osorio, José Narro, Manlio Fabio Beltrones, Eruviel Ávila, Enrique de la Madrid.

Luis Videgaray, ni triunfalista, ni cabizbajo, satisfecho. Sus cartas punteaban.

Las mesas de debate (“Visión de Futuro”, “Rendición de Cuentas y Ética”, “Declaración de Principios”, “Programa de Acción” y “Estatutos”) sólo fueron un repaso de lo previsto desde hace semanas.

Ayer sábado, el Presidente Enrique Peña Nieto, encabezando la 22 Asamblea Nacional del PRI, dio un cerrojazo más al proceso que para fines prácticos, y sin premura, por si alguien, o alguno, ya siente que tiene el cetro en sus manos, debe concluir para octubre o noviembre.

Es decir, no hay razón para decir que el arroz está cocido.

En 2005, pero más nítidamente en 2011, la definición del candidato se dio hasta finales del año, previo a los comicios; la inscripción fue abierta, con miembros y simpatizantes del partido.

En la elección en la que Roberto Madrazo llevó al PRI hasta el tercer lugar nacional, la revuelta no fue mínima. El tabasqueño debió enfrentar al llamado “Tucom” (Todos Unidos contra Madrazo) y a otros grupos, como en esta ocasión le aparecieron a Ochoa Reza, como el de Unidad Democrática, en el que uno de los líderes fuertes era el ex gobernador de Veracruz Miguel Alemán Velasco.

Otra de las propuestas que se ha dado como opción en el PRI, para la designación de candidato presidencial, ha sido la de convención de delegados. En cualquiera, siendo PRI gobierno, el Presidente de la República tiene, como bien lo dijo Ochoa, “opinión central”, que en términos sencillos significa que lleva mano.

A diferencia de la oposición, los tiempos en el PRI siempre son sagrados.

En el 2011 todo se resolvió en noviembre. A entregar la documentación como candidato sólo se presentó Peña Nieto. Su principal contendiente, Beltrones, había decidido no continuar en la pelea, formalizando su retiro por medio de una carta, pero el del 2017 no parece ser el mismo caso al de aquel entonces, al menos en cuanto a aspirantes. Hace seis años sólo había dos, pero de primer nivel; hoy, el círculo no termina de cerrarse con los de la lista que existe desde hace dos o tres años.

Sin embargo, dos meses y medio pueden ser la justa medida para encontrarlo; apuntados hay.

A diferencia de hace algunas semanas, el PRI ya hace ruido. Enfurece a algunos y da esperanza a otros.

La de ayer fue algo muy parecido a una fiesta, de esas en las que no a todos se les da gusto.

El tiempo despejará dudas.

 

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