Balance y equilibrio

La más elemental lógica recomienda no buscar subterfugios y salidas falsas para reemplazar la confianza en la autoridad política verdadera

Compartir:
Nuevo periodo presidencial rompe un largo ciclo de dominio de un partido oficial con un intervalo ficticio del PAN

Se inicia un periodo presidencial singular porque rompe un largo ciclo de dominio de un partido oficial con un intervalo ficticio del PAN que previamente fue inseminado con el salinismo para hacer una simulación de alternancia por dos sexenios, y volver a la prevalencia del partido nacido desde el poder (PRI), para perpetuarse con un eficaz método pragmático de reparto de prebendas. Estaba preparado para dar, prestar o perseguir, según se requiriera en cada momento y circunstancia. Fue por ello que el último triunfo de Morena sin contratiempos, se atribuía originalmente a un posible oscuro acuerdo, por lo inédito del comportamiento no tradicional del sistema.

Lo cierto es que la transferencia de poderes ha sido por demás tersa y sin precedente. El caso también único de que un candidato en tres intentos lo logró, sin haber sufrido desgaste por sobreexposición. El 1 de diciembre, después de un largo periodo de transición se consumó el traslado de poderes con la particularidad de que, como en los buenos tiempos del partido hegemónico, se hizo con evidente mayoría en el Congreso y en los estados sujetos al mismo periodo electoral. Su comienzo ratifica un liderazgo personalizado de Andrés Manuel muy por encima del partido y su corta trayectoria, con sospechosas adhesiones de los eternos vividores de la política.


Es en este balance donde se puede perder el equilibrio. Quién puede dudar de las dotes de AMLO para atinar a las aspiraciones y demandas populares y generar una fuerte empatía y sinergia para llevar la voluntad popular hacia donde su instinto, percepción y conocimiento le sugieren coincidir con  el interés general de la nación y el de los grupos o sectores populares a los que se dirige. Tal asertividad, sin embargo, requiere de un amplio número de circunstancias favorables para poder materializarse. Aquí es donde, bien se dice que se plantea el “qué” pero se omite el “cómo”.

En este escenario la satisfacción ciudadana puede dilatarse en llegar, al grado de poderse producir una frustración de diversas intensidades  e inciertas respuestas. El peso de las expectativas contra los resultados puede desbalancearse y surgir la tentación de recurrir a los medios de trasladar ese sentimiento negativo a la fabricación de obstáculos o resistencias, que impiden el logro del beneficio ofrecido, por lo que no es remoto incluso, que se produzca un autoengaño del líder para creer que en la realidad existen esos enemigos del progreso atribuyéndoselos a personas o circunstancias que traman la resistencia generando así una animosidad y hasta un “maniqueísmo” que puede dar por resultado un cuadro violento y tensionado.

Partiendo del presupuesto de que existe una recta intención del liderazgo y la clara definición de los propósitos políticos de bien general, la fórmula para no caer en un egocentrismo extremado como recurso del subconsciente  para eludir la realidad, no puede ser otro que, si bien, deben irse tomando las decisiones posibles con la mayor rapidez y efecto, como la reducción de salarios altos, la apertura de Los Pinos, la austeridad constatada, etcétera, etcétera, que confirman la congruencia pero, a la vez, cuando se trata de cuestiones de más alcance, verbigracia la cancelación del aeropuerto de Texcoco, construcción del tren de la ruta maya, tres refinerías y su ubicación, etcétera; el único racional camino es el de que sean objeto de una cuidadosa y precisa información cabal con sustento sin que quepa la menor duda de que éstas no son sólo ocurrencias o venganzas.

Es más positivo, democrático y disuasivo de una confrontación por una mala decisión, el rectificarla a tiempo con el peso del liderazgo, informando con serenidad y humilde reconocimiento de una natural limitación, cuya revisión necesaria condujo a la modificación o rectificación de la misma. Esta actitud contribuiría a madurar una aceptación del liderazgo en el ejercicio del poder, con un proceso de maduración ciudadana para un periodo fructífero que vaya superando el paternalismo o infantilismo según el sujeto de apreciación, para arribar a un clima de entendimiento ciudadano y de gobierno mutuo y estable reconocimiento.

De igual manera resulta del todo obligado, el fijar prioridades al cumplimiento de las más sentidas demandas populares para disipar toda duda y reforzar la jerarquía decisoria, procede el apuntar todos los instrumentos legales a su pleno cumplimiento, para acabar con la impunidad que está incluida en el punto seis de los 50 lineamientos para el combate a la corrupción. Si se actúa diligentemente, abierta y públicamente en este rubro, se podrá explicar al pueblo que la acumulación de problemas nacionales por décadas, tiene su origen en la causalidad de usar los recursos públicos para beneficios privados, sin correr riesgo de ser sancionados. Por lo que la atención a esta exigencia debe traducirse en la reintegración completa de los capitales sustraídos.

La más elemental lógica recomienda no buscar subterfugios y salidas falsas para reemplazar la confianza en la autoridad política verdadera, por el uso excesivo de la verbalización, sin resultados tangibles. Es evidente que no se debe demeritar el liderazgo y generar una indeseada  deserción ciudadana. Jamás debe recurrirse a la puerta falsa de anatematizar a los que piensan distinto o discuten en los medios y/o en organismos no gubernamentales creando con ellos una rivalidad que puede transitoriamente permitir excitación populista para paliar el cumplimiento, pero que al fin de cuentas, el saldo es el desequilibrio y la contribución a la ruina del país.

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...