El próximo viernes se cumplirán los cien años del nacimiento del compositor mexicano Pablo Moncayo, una de las figuras musicales más destacadas de nuestro país, cuya obra musical es ampliamente reconocida en el extranjero y forma parte del repertorio frecuente de las grandes salas de concierto.
José Pablo Moncayo García nació en Guadalajara, Jalisco, en 1912, en tiempos de la Revolución Mexicana, siendo sus padres Francisco Moncayo Casillas y Juana García López.
Se sabe que inició sus conocimientos musicales con el pianista Eduardo Hernández Moncada y que en 1929 estudió armonía en el Conservatorio Nacional de Música con el Maestro Carlos Chávez, y composición con el zacatecano Candelario Huízar (1883-1970), al tiempo que trabajaba como pianista en cafés y en la naciente radio que transmitía programas musicales en vivo. En 1931 obtuvo una plaza como percusionista de la Orquesta Sinfónica Nacional, a la que dirigió en cinco ocasiones entre 1936 a 1947.
En 1935 formó el “Grupo de los Cuatro”, una agrupación de corta existencia pero que dejó huella al promover el nacionalismo musical con obra nueva. Este grupo estuvo integrado por el jalisciense Blas Galindo Dimas, el guanajuatense Salvador Contreras Sánchez y el yucateco Felipe de Jesús Daniel Ayala Pérez, quienes a través de conciertos difundían sus obras en las que pretendían reflejar el espíritu nacionalista de México.
En 1942, Moncayo contrajo matrimonio con Clara Elena Rodríguez del Campo, con quien tuvo dos hijas: Claudia y Clara Elena y ese mismo año obtuvo una beca del Instituto Berkshire de Massachusetts que le permitió realizar estudios con Aaron Copland, compositor y director de orquesta norteamericano, pero gran conocedor del sentir musical de nuestro país como se comprueba en su obra “Salón México”.
Pablo Moncayo fue su subdirector y director artístico de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México entre 1945 a 1947. En enero de 1950 dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional donde permaneció hasta 1954.
EL HUAPANGO
Siguiendo el estilo musical de su maestro Carlos Chávez, fundador de la Orquesta Sinfónica Nacional, quien aconsejaba aprovechar las ricas obras folklóricas de México, Pablo Moncayo escribió un abanico musical que abarcó varios géneros, pero todas sus obras quedaron eclipsadas por su ‘Huapango’, de 1941, que desde el principio se convirtió en la favorita del público y de la cual se dice que bien pudiera ser una especie de segundo himno nacional mexicano. La vasta producción de Moncayo fue desplazada a segundos términos por la grandeza de su propia obra.
‘El Huapango’ es una pieza sinfónica que integra de manera repetitiva pero con variaciones tres sones veracruzanos: “El Siquisiri”, “El Balajú” y “El Gavilancito”. La obra, escrita bajo una fórmula sonora creciente, incluye espontáneos sonidos típicos de nuestro folklore, como los que producen el güiro, las claves y la maraca. Las partes melodiosas gozan de un profundo romanticismo con grandes tintes de melancolía y floreciente frescura y belleza.
Durante muchos años, ‘Huapango’ fue el tema musical oficial de la Hora Nacional, que se difundía en cadena nacional, por la radio. En toda la programación oficial por los medios de comunicación, ‘Huapango’ siempre ha sido el tema predilecto.
Pero el ‘Huapango’ no es la única obra de Moncayo; entre sus piezas destacan ‘Pequeño Nocturno’ (1936), ‘Amatzinac’ (1937), ‘Sonata para Violín’ (1937), ‘Sinfonía No. 1’ (1944), ‘Sinfonietta’ (1945), ‘Tres piezas para orquesta: feria, canción y danza’ (1947), ‘Homenaje a Cervantes’ (1947), ‘Sonata para violín y cerillo’; ‘Tres piezas para piano’, ‘Sonatina para piano’, ‘Tierra de tempestad’, ‘Penatori’, ‘Canciones de mar’, ‘Fantasía Intocable’, ‘Danza de los maíces’, ‘Romanza de las flores de calabaza’, ‘Cuento de la potranca’, ‘Homenaje a Carlos Chávez’ y ‘Tierra’ (ballet).
Su ópera “La mulata de Córdoba” (1948) con un libreto de Xavier Villaurrutia; “Muros Verdes” para piano (dedicado a su esposa) (1951); sus piezas orquestales “Amatzinac” (1935), “Sinfonía” (1944), “Cumbres” (1953) y “Bosques” (1954), y el ballet “Tierra de Temporal” (1949) son otras de sus obras.
Pablo Moncayo murió en la Ciudad de México el 16 de junio de 1958 y fue enterrado en el Panteón Español. Su tumba, marcada con el número 725 del Cuartel XIV, está cubierta por yerba, en total olvido.
Para el viernes 29 de junio y el domingo 1 de julio, están programados dos concierto en el Palacio de Bellas Artes con la Orquesta Sinfónica Nacional, que incluye el Concierto número 3 de Rachmaninoff con la pianista rusa Lilya Zilberstein; ‘El Pájaro de Fuego’ de Igor Stravinsky y el ‘Huapango’ de Pablo Moncayo, en solitario, bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto.
Un pobre homenaje a este compositor mexicano que, además, se verá opacado por el proceso electoral que se verificará en todo el país. Se pierde una oportunidad para dar a conocer a los públicos la diversidad musical de Moncayo por no hablar de la ausencia museográfica en torno a la vida del autor y el nacionalismo musical mexicano.
Para las Compañías Nacionales de Danza y Ópera, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, la fecha pasó inadvertida, al igual que para la UNAM, y para los responsables de cultura del Gobierno de la Ciudad de México que están más atentos en la popularidad del canadiense Justin Drew Bieber, en los ex Beatles o en apoyar paseos ciclistas al desnudo.
