Me sorprendió escuchar a Andrés Manuel López Obrador anunciando que Cuauhtémoc Cárdenas será director de Pemex.
Releo “1988: El año que calló el sistema” de Martha Anaya y me encuentro las referencias de tres personajes sobre las ambiciones del hijo del general Cárdenas antes de fundar lo que con el tiempo se convirtió en PRD y terminó siendo refugio e instrumento de quienes no pudieron alcanzar, con la siglas del PRI, la Presidencia de la República, gubernaturas, senadurías, diputaciones y alcaldías.
El libro de Martha (editado por DEBATE, de Random House Mondadori, en 2008) es un reportaje excepcional de consulta obligada basado en entrevistas a la mayoría de los actores de aquel momento histórico, así como las vivencias de la autora como reportera de Excélsior.
Para efectos del tema Cuauhtémoc, sólo extraeré párrafos de las entrevistas a Porfirio Muñoz Ledo y Jorge de la Vega Domínguez.
De la Vega, que fue presidente del PRI, es incapaz de hablar mal de nadie, por eso, sus escasas palabras sobre Cuauhtémoc son fulminantes: “El ingeniero Cárdenas había terminado una función pública importante (gobernador de Michoacán) y no le habían ofrecido ninguna otra tarea relevante en la administración pública”.
Muñoz Ledo es todo lo contrario, pero, para aquilatar sus conceptos sobre Cárdenas, debemos recordar que en 2008 ya se habían distanciado porque Cuauhtémoc no lo dejó ser candidato a presidente ni a jefe de Gobierno del DF. Como sea, es lapidario.
“Una cosa es que no llamen al retoño del general para dirigir Pemex, como se lo habían ofrecido, como esperaba, y otra cosa es que lo ataque y lo amenace con perder el feudo michoacano (a manos de Luis Martínez Villicaña). Y orillaron a Cuauhtémoc a la ruptura”.
De la Madrid, sin embargo, dijo a Martha que nada ofreció a Cuauhtémoc.
Conforme a Muñoz Ledo, que acompañó a Cuauhtémoc en la ruptura,
debemos aceptar que, 24 años después, “el retoño del general” por fin cumplirá su sueño de dirigir la empresa que nació gracias a la expropiación petrolera decretada por su padre, el general Cárdenas.
Un día después de la revelación de López Obrador no se ha producido desmentido alguno de Cuauhtémoc, lo que permite concluir que está de acuerdo.
En realidad, no estoy muy seguro de que el ingeniero acepte la chamba anunciada por el candidato presidencial de las izquierdas.
Cuando la campaña mediática en su contra, en su primera incursión como candidato, se decía que, en realidad, sufría la fijación de dos obsesiones: Caminar en los jardines de la casa adquirida por el general en donde jugó de niño, Los Pinos, pero sobre todo igualar a su padre; no hay muchos que tengan un padre llamado Lázaro Cárdenas. Por eso habría insistido dos veces más en ser presidente y, si no se hubiese atravesado López Obrador, habría impuesto el récord de intentarlo otras dos.
El ofrecimiento de Andrés Manuel, en realidad, tiene la intención de causar una andanada mediática que destruya la autoridad moral de Cuauhtémoc, el único personaje con credibilidad en la izquierda.
Nada causaría mayor felicidad a López Obrador, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard (y entre ellos Porfirio) que deshacerse de él exhibiéndolo como chambista.
Ya le arrebataron el PRD; ahora le despojarían de la autoridad moral.
Con la repetición de sus candidaturas presidenciales, Cuauhtémoc cometió dos errores que retrasaron (y quizás destruyeron para siempre) la construcción de un gran partido de izquierda que sirviera de contrapeso al PAN y al PRI; en su lugar existe una federación de tribus dispuesta a destruirse con el menor pretexto.
Es improbable que López Obrador sea presidente, pero si lo consiguiera en su segundo intento, Cárdenas cometería un error mayúsculo si se deja seducir por el canto de la sirena.
