Aviones y cruceros

Signo de modernidad está sembrando el suicidio planetario

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Ahora que estoy próximo a tomar un vuelo nacional y en pocos días uno internacional, recupero el artículo que hace unos días leía respecto de un ensayo de Andy Newman en el que imagina una conversación de alguien que se entera de que los glaciares se están derritiendo y los arrecifes de coral están desapareciendo. Se dirige a su interlocutor recomendándole que se apresure a ir a verlos antes de que sea imposible.

Esto que parece simpático es verdaderamente trágico. El mismo autor comenta que viajar en avión es la personificación del consumo egoísta. Ir a un lugar lejano es la acción más grande que una persona puede realizar para empeorar el cambio climático.

“Un asiento en un vuelo de Nueva York a Los Ángeles, de hecho, añade a la atmósfera meses de emisiones de carbono generadas por humanos y sin embargo… cada vez volamos más”.

El número de pasajeros de aviones a nivel mundial ha aumentado más del doble desde el 2003 y no hay mucho que se pueda hacer en este momento para que volar sea significativamente más ecológico; los jets eléctricos no se ven a corto ni mediano plazo. Recientemente Aeroméxico, después del tropiezo que tuvo con las naves Boeing, espera adquirir otros 30 aviones en los cercanos tiempos.

Desde luego la industria aeronáutica goza de su más rápido crecimiento y las políticas ambientales de los diversos países a su vez, prefieren ser ciegas ante el efecto que ya es manifiesto en cuanto a la decadencia ecológica del planeta.

Agrega el autor citado: “Cada tonelada adicional de dióxido de carbono o su equivalente en un vuelo sencillo de Nueva York a los Ángeles, reduce la cubierta veraniega de hielo marino en tres metros cuadrados, como lo demuestran los investigadores Dirk Notz y Julienne Strove”.

En el 2005 Walter Sinnott-Armstrong, profesor del Dartmouth College ironizaba “que no era su culpa y no tenía obligación moral alguna de abstenerse de tomar su camioneta de ocho cilindros de gasolina para dar un paseo el domingo por la tarde si no tenía mejor cosa que hacer”.

Agregaba con sorna que “el origen de ninguna tormenta, inundación, sequía u ola de calor puede ser rastreando en relación con mi acto individual de placer como conductor de un vehículo cómodo y atractivo”. En contraste el profesor John Nolt de Tennessee intenta medir el daño por las emisiones de toda la vida de un ciudadano estadounidense promedio.

El carbono se mantiene en la atmósfera durante siglos. La ONU encontró desde 1907 que el cambio climático es probable que afecte adversamente a cientos de millones de personas mediante mayores inundaciones costeras, reducción de los recursos hídricos, suelos empobrecidos y todo ello trasladado a la salud de los habitantes del planeta en los próximos 100 años.

Concluye Nolt: “El estadounidense promedio causa mediante sus emisiones de gases de efecto invernadero el serio sufrimiento y/o muerte de dos personas futuras”. Conducir de paseo el domingo tiene el efecto esperado de arruinar la tarde de alguien.

En resumen y para no dejar de lado las últimas modas de viajes en Crucero sobre litorales y ríos sentencian: “Los barcos de cruceros más eficientes emiten de tres a cuatro veces más dióxido de carbono por pasajero por milla que un jet” los efectos urbanos depredadores donde los turistas invaden los puertos e infestan las aguas cercanas, no están considerados en éste saldo negro.

La tala inmisericorde de bosques antes densos hoy devastados, empezando por la Amazonia, se queda corta ante los siniestros por incendios que arrasan cientos de miles de hectáreas de árboles, matorrales y pastos que por décadas no podrán auto restaurarse por la cada día más evidente ausencia de lluvia por temporadas estacionales.

En el Ártico, incluida gran parte de Siberia, el calentamiento ocurre al doble de velocidad que en el resto del mundo, el “permafrost” (suelo congelado permanentemente) se está derritiendo, las consecuencias en el inmenso territorio de Yakutia se transforman en erial cada momento cayendo las casas y graneros, emigrando los animales y presentándose inundaciones inesperadas. La temperatura que alcanzaba 59 grados bajo cero hoy oscila alrededor de los 46, la elevación promedio alcanza 10 grados en las últimas décadas.

En ocasión de mi última colaboración bajo el título: “Alto riesgo ecológico en Coahuila” me han llovido las llamadas y correos sorprendidos por el insólito deterioro de las condiciones en un estado que parecía estar fuera de la lista de los que más daño registran por la indolencia del gobierno local y federal que deja a la voluntad de los más voraces las decisiones respecto del uso descomunal del carbón para producir electricidad, de la criminal irresponsabilidad de abrir macro basureros de desechos tóxicos en General Cepeda y la incalificable traición al futuro que significa la desecación de las pozas de Cuatro Ciénegas. Los mensajes citan otros irreversibles en diferentes sitios del territorio nacional.

El inventario de estos desastres que están a la vista debería ser una de las obligaciones ineludibles de un gobierno democrático que ofrezca respetar a sus gobernados de hoy y del mañana.

Éste apretado repaso iniciado con la referencia a la transportación aérea y de cruceros que parecerían un signo de modernidad, lamentablemente está sembrando el suicidio planetario sin que incluso, organismos mundiales de la categoría de la ONU, hayan podido hacer algo para resolverlo.

Paradójicamente gobiernos de izquierda formal y de derecha abierta siguen apostando por hacer prevalecer los intereses políticos partidistas por sobre los de la existencia humana en un mínimo de calidad para el futuro próximo.

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