Aunque nos parecemos, no somos los mismos

A la palestra nacionalismos y la idea de un cambio en el régimen establecido

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Alrededor del mundo nuevamente han comenzado a surgir los nacionalismos y la idea de un cambio en el régimen establecido, atender la casa primero sin la ayuda de otros es primordial, tenemos casos como Reino Unido con el Brexit, los EUA “Make America Great Again” con Donald Trump y a partir del 1 de julio en nuestro país con la victoria en las urnas del Presidente López Obrador como “la esperanza de México” y la ya tan conocida 4T (cuarta transformación).
Es aquí donde haremos nuestro punto de reflexión, los casos de Estados Unidos y México, que se antoja a manera de análisis hacer un punto comparativo entre ambos países, la similitud de políticas públicas enfocadas hacia el interior del país, el cumplimiento de promesas de campaña, la inflexión con los medios de comunicación en las conferencias de prensa, el T-MEC, las caravanas migrantes, la idea de la reelección temprana, la austeridad gubernamental, la percepción ciudadana y las redes sociales, son únicamente algunos puntos que los unen y a la vez los separan.
El presidente Donald Trump, salido de la derecha conservadora de los republicanos y el Presidente Andrés Manuel López Obrador, salido de la nueva “izquierda”, son personajes surgidos de una necesidad de ambos países por la búsqueda radical de un cambio, uno bajo el slogan de “Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo”, convirtió el discurso en forma de ser, ya que, desde el inicio y hasta el día de hoy el Presidente Trump, busca que sus duros y clasistas discursos sobre la inmigración ilegal, el muro fronterizo, la renegociación del Tratado de Libre Comercio con nuestro país y Canadá, entre otros temas lo hicieran popular, resurgiendo viejos sentimientos que parecían superados por los estadounidenses y sin duda consiguió el voto de los republicanos conservadores para convertirse en presidente de los EUA. ¿Y qué decir del Presidente López Obrador?, fue ese mismo discurso radical que ofrecía un cambio a la ciudadanía, bajo el lema “la esperanza de México”, ofreció el combate a la corrupción en todos los niveles de gobierno, una austeridad republicana para evitar el derroche de recursos, la reducción de sueldos a funcionarios, entre otros. Fue la misma fórmula que el vecino del norte, se demostró que tener afinidad a los sentimientos de la nación es lo que se necesitaba escuchar de la mano de los políticos para convencer al electorado de entregar su voto y esperar resultados inmediatos.
La ironía radica en que el presidente Donald Trump, llegó al poder con una de las aprobaciones menos populares pero gracias al Colegio electoral que finalmente decide en el sistema democrático estadounidense. En cambio en nuestro país el tsunami del Partido Morena se vio gracias al voto directo de los ciudadanos.
Otra de las complejidades que nos asemejan y a la vez nos separan son los discursos populares y nacionalistas, arrojar en la basura todo lo anterior ya que “estaba mal”, los gobiernos anteriores dejaron a un país en quiebra o con programas ineficientes y succionadores de presupuesto como el Obama Care o ProMéxico, programas que a todas luces son diferentes, pero la esencia permanece, debemos eliminar todo lo del pasado.
Para ser ambos nacionalistas y con discursos clasistas, en la práctica vemos que ambos se dejan llevar por las pasiones del poder, más que por las verdaderas acciones y resultados concretos. Mientras que el Presidente Donald Trump ha tratado de frenar la migración ilegal a su país y colocar un muro fronterizo entre ambas naciones, en México se le ha permitido la internación y consecuente dispersión de varias caravanas de migrantes, ofreciendo incluso empleos. Los dos presidentes ofrecen respuesta, ninguna es en la práctica viable.
La política exterior es otro importante tema a debatir, mientras que en los EUA, el discurso de hacer a América grande nuevo, se ha reflejado en un franco deterioro de las relaciones del país del norte con casi todo el mundo comenzando con Canadá y México por la búsqueda de la renegociación del TLCAN y ahora llamada T-MEC, que se negoció con prisa y como punto de partida (a la fecha no ha entrado en vigor) las negociaciones fueron complejas en las que en ocasiones incluso se excluían a las partes como fue el caso de Canadá.
La relación con los demás “vecinos”, tampoco ha sido sencilla. En los EUA, las tensiones en países como China con la guerra comercial o la falta de habilidad negociadora con Corea del Norte sobre la desnuclearización de la península ponen en evidencia la falta de pericia del presidente estadounidense. El tema de Venezuela que nos une, se han tomado posiciones totalmente radicales, mientras que en EUA se decidió el apoyo al Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó y se aboga por un intervencionismo norteamericano en aquel país, nuestra posición ya tradicionalista de moderadores y negociadores expertos se envió como propuesta sin soporte y nos resguardamos bajo los principios de política exterior, lo que nos deposita en una especie de neutralidad y pasividad frente a uno de los problemas que más desestabiliza dentro del Continente.
En materia de austeridad ambos presidentes han sido extremosos en sus declaraciones, de acuerdo a un artículo de la revista Foreign Affairs Latinoamérica “durante la campaña electoral de 2016, Trump se aprovechó de los errores de las políticas de Obama para criticar y posteriormente obtener los votos necesarios para ganar la presidencia. El discurso de Trump estaba dirigido a exagerar el tema de la deuda estadounidense, al argumentar que el gobierno de Obama había sido prácticamente el peor de toda la historia estadounidense, por lo que una de sus propuestas principales de campaña era disminuir la deuda durante los siguientes 8 años”, una increíble similitud se vio en nuestro país cuando el presidente López Obrador, hizo la aclaración: “Sostengo que hay crisis en México y que hay mucha pobreza, mucho abandono, mucha inseguridad, mucha violencia y que ha resultado un fracaso la política económica neoliberal y que la vamos a cambiar”.
Ambos (AMLO y Trump), utilizaron los mismos argumentos y al día de hoy las calificadoras como Standard & Poors han bajado las perspectivas para México por cuestiones como Pemex y CFE. En tanto en EUA, el endeudamiento se ha incrementado 15% más que la administración pasada y todo es derivado de la idea de buscar financiar el muro (que ya existe) para dividir a México de los Estados Unidos.
Dentro del nuevo estilo de gobernar de ambos mandatarios una característica que al parecer sí se asemeja es el cómo se manejan con los medios de comunicación, recordemos que el presidente Trump constantemente ataca a los medios de comunicación cuando le hacen preguntas (o afirmaciones) incómodas en su manera de gobernar, tal fue el caso de un periodista de CNN al que llamó “persona terrible”, de acuerdo con un artículo de CNN en español: “El presidente, y especialmente la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, deben entender que sus palabras son importantes. Hasta el momento, no han demostrado comprensión de eso”. Del presidente López Obrador, como si parecieran competencias tampoco se ha quedado atrás, con sus ya clásicos calificativos de prensa “fifí” o cuando se lanzó contra el periódico Reforma “(…) los entiendo, así actúa el conservadurismo, pero no es cierto lo que dice”.
La percepción de ambos mandatarios es de un nuevo cambio de régimen, tirar a la basura las “viejas” prácticas y generar un nuevo tipo de gobierno, en mi opinión son mucho más abiertos, más sinceros, porque se permiten perder la compostura, reaccionan a comentarios y dejan atrás la investidura de presidente que al parecer era intocable.
La popularidad de Trump va en descenso y sin embargo, probablemente termine reelecto para el siguiente periodo debido a su sistema político. En tanto, la popularidad del presidente López Obrador se mantiene en índices aproximados de 67%, muy parecida a la que tuvo Vicente Fox cuando entró a la presidencia, ahora dependerá del presidente mantener estos números porque la “luna de miel” con la ciudadanía no puede basarse únicamente en el discurso.
PARA REFLEXIONAR: El cambio de estrategia en ambos presidentes hasta el momento ha sido efectiva, sin embargo, el discurso que separa, eventualmente repercute principalmente en las propuestas que ambos presidentes tienen que cumplir para satisfacer a la ciudadanía y en eso sí nos parecemos.

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