Última actualización: hace 9 minutos
Sólo para Iniciados

Bailando con la más fea en el DF

El PRI abandonó la capital de la República por el protagonismo de María de los Ángeles Moreno

por el

imagen1

A Beatriz Paredes tocó bailar con la más fea. Pudo, por su condición de ex lideresa nacional del PRI, ex gobernadora, etcétera, gozar del confort de una candidatura plurinominal a senadora o esperar la fatalidad de los tiempos para regresar al gabinete y ocupar Relaciones Exteriores u otra posición de alto nivel conforme a su estatura política, sin embargo, prefirió ir al peor frente de batalla, en el que cualquiera, panista o priísta, parece destinado al fracaso.

Disputar el gobierno del Distrito Federal a las izquierdas parece causa perdida. Desde que Ernesto Zedillo dio inicio a su especial manera de entender la alternancia (propiciando la derrota de su partido), la capital de la República es gobernada por el PRD.

Es, con el gobierno del Estado de México, la plaza electoral más importante del país. No es causal que los dos únicos candidatos presidenciales perredistas, primero, fueran jefes de Gobierno del DF; no lo es tampoco que desde ahí lo intentara Marcelo Ebrard y, en su momento, cuando aún era regencia, Manuel Camacho. Otra característica tienen en común: Todos son ex priístas.

Es evidente el abandono priísta del Distrito Federal. Alfredo del Mazo fue un candidato desangelado que no se atrevió a pronunciar el discurso que habría liquidado a Cuauhtémoc Cárdenas. Se lo prepararon con esmero, contenía mil y un detalles sensacionalistas, pero pudo más la amistad forjada en su condición de juniors que el compromiso partidista.

Jesús Silva Herzog ni siquiera supo de lo que se trató. Prefería el campo… de golf a ensuciarse los zapatos en los mítines en las zonas depauperadas de la gran ciudad. Se apoltronó y así le fue.

En su primera incursión, Beatriz no pudo o no quiso superar su pleito personal con Roberto Madrazo por la presidencia del PRI. Se negó a hipotecar su prestigio personal al institucional de su partido, así que hizo una campaña silenciosa borrando, incluso, de su propaganda el logotipo de su partido. Consiguió pocos votos, pero suficientes como para aceptar una segunda oportunidad.

Mientras tanto, el PRI desapareció en el DF. Para no entrar en debate, concedamos que simplemente no existe. Hasta Rosario Guerra, que cuidaba los dineros cuando Humberto Roque Villanueva era líder nacional, aceptó la postulación del Partido Nueva Alianza.

Beatriz enfrenta la más difícil de sus batallas. Parece predestinada a perder en una estrategia cuya finalidad única es conseguir la mayor cantidad de votos posibles para Enrique Peña Nieto, y una o dos delegaciones.

La situación no sería tan desfavorable si ella misma, desde su anterior posición de lideresa nacional, hubiese puesto un poco más de atención a la estructura capitalina, pero se lo impidió el protagonismo de María de los Angeles Moreno y quienes mantuvieron la ilusión de que el priísmo chilango seguía existiendo.

Beatriz y Enrique empiezan desde cero en una plaza que Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador mantienen bien aceitada desde las arcas del gobierno.

Marcelo sabe que Andrés Manuel puede perder la Presidencia, pero él no puede darse ese lujo con Miguel Mancera. Una derrota en la capital lo alejaría, para siempre, de la candidatura presidencial; equivaldría a regresar a cuando él y Manuel Camacho fueron candidatos de su propio partido, uno cuyas siglas han sido borradas por el tiempo y que no tuvo militantes ni votos; eso sí, candidatos que declinaron, como él.

Pero desde donde se vea, Beatriz tendrá que bregar mucho para hacer mella a las izquierdas. El factor Peña ayudará, pero pudiera no ser suficiente.

No hay comentarios. Los comentarios están cerrados