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El Peso del Dinero

El peso del dinero

Los festejos de los ciento cincuenta años de la Batalla de Puebla tienen un carácter escénico; no son expresión de sentimientos patrióticos, sino ocasión de lucimiento político, de teatralidad

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HACE 150 AÑOS

En unos días más, el 5 de mayo, se conmemorará el triunfo de las fuerzas militares mexicanas en 1862, encabezadas por el general Zaragoza, sobre el poderoso ejército invasor compuesto principalmente por reclutas de la entonces recién inaugurada Legión Extranjera que combatían bajo la bandera francesa.

Era un ejército poderoso, integrado por 6 mil efectivos, conducido bajo las órdenes de Charles Ferdinand Latrille, Conde de Lorencez, acompañado del traidor Juan Nepomuceno Almonte, hijo de Morelos.

En las goteras de la Ciudad de Puebla, el ejército francés fue derrotado y obligado a replegarse al Valle de Orizaba, donde esperó refuerzos para reanudar un año después, la invasión que habría de culminar con la entronización de Maximiliano de Habsburgo como emperador, su efímero gobierno y su fusilamiento en el Cerro de las Campanas en Querétaro.

EL PRETEXTO DE LA INVASIÓN

Al vencer en los llanos de San Miguel Calpulalpan al ejército financiado con los caudales de los mineros, de los grandes comerciantes y sobre todo con los fondos de la Iglesia -todos ellos opositores a la Constitución de 1857-, el gobierno encabezado por el presidente Benito Juárez estaba financieramente exhausto y, por ende, imposibilitado para cumplir oportunamente con los compromisos adquiridos con los bancos extranjeros.

Esa fue la excusa de los gobiernos de Francia, Inglaterra y España para enviar a sus ejércitos a invadir México como “fórmula para persuadir al gobierno moroso de cumplir con sus compromisos”.

Tras el desembarco en el puerto de Veracruz de las fuerzas invasoras, la misión negociadora mexicana encabezada por Manuel Doblado celebró varias reuniones con los mandos invasores las que culminaron con la firma de los Tratados de La Soledad que estipulaban: (a) El reconocimiento del gobierno de Juárez; (b) El compromiso de las fuerzas invasoras de respetar la integridad, la independencia y la soberanía nacional; (c) Todas negociaciones conducentes al pago de la deuda externa se realizarían en Orizaba; (d) Las fuerzas de ocupación establecerían sus cuarteles en las ciudades de Córdoba, Orizaba y Tehuacán; e) En caso de rompimiento de las negociaciones, invasores volverían a los puntos que inicialmente ocupaban en la costa de Veracruz.

Bajo la influencia de la jerarquía eclesiástica, el ejército francés se negó a honrar su compromiso y anunció su decisión de avanzar sobre territorio mexicano con el fin de instalar un nuevo gobierno encabezado por algún príncipe europeo.

Con la fuerza moral del general Juan Prim al mando del ejército español, las fuerzas inglesas y españolas se negaron a respaldar las pretensiones francesas y sus tropas retornaron a sus países.

Los sucesos posteriores son ampliamente conocidos: un año después de sus derrota en Puebla, el ejército francés reorganizado avanzó hasta ocupar la capital mexicana y las principales ciudades e instaló un gobierno imperial encabezado por Maximiliano.

UNA SOCIEDAD PARTIDA

Desde la consumación de la Independencia hasta nuestros días, la sociedad mexicana ha estado dividida en dos grandes segmentos, división en la que los purpurados de la Iglesia Católica han jugado -y prosiguen jugando- un papel protagónico.

En la guerra de independencia la Virgen de Guadalupe era enfrentada a la Virgen de Los Remedios, estandartes usadas como banderas de la confrontación. Ese absurdo conflicto entre religión y gobierno prosigue anidado al interior del alma mexicana hasta nuestros días., conflicto que resucita en este siglo bajo los postulados de “la reivindicación de la fe”.

Los festejos de los ciento cincuenta años de la Batalla de Puebla tienen un carácter escénico; no son expresión de sentimientos patrióticos sino ocasión de lucimiento político, de teatralidad.

No podía ser de otra forma: Fieles a la estirpe de quienes veían con simpatía la instauración de la monarquía, muchos de los funcionarios civiles del actual gobierno evocan con nostalgia los anhelos de sus bisabuelos, afanosos de hablar francés.

Al igual que los del Bicentenario, los festejos de Puebla no están movidos por sentimientos patrióticos sino por fines propagandísticos.

maguilerag@prodigy.net.mx

  • Ex regente del DDF y ex director general del ISSSTE

maguilerag@prodigy.net.mx

Ex regente del DDF y ex director general del ISSSTE

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