‘Aquí mando yo; ahora se joden; me costó 18 años llegar y no me van a sacar’

La certeza moral es un arma infalible propia de predicadores y de quienes tratan de imponer su visión del bien y el mal. La insistencia de López Obrador contra lo que considera estorbos del Estado de Derecho y los organismos autónomos se puede resumir en la frase, hasta ahora apócrifa, que titula esta columna

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La certeza moral es un arma infalible propia de predicadores y de quienes tratan de imponer su visión del bien y del mal.
Bernardo Gui o el Cardenal Cisneros te podían mandar a la hoguera en Toledo en el siglo XV, tal como López Obrador lo hace en las mañaneras al predicar, para sus decenas de millones de seguidores, contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
En este último ataque consideró que la resolución contra la Ley de Salarios a favor de funcionarios del Instituto Federal de Telecomunicaciones -que trata de imponer el salario del presidente como tope de Austeridad Republicana, una variante de la certeza moral- es una invasión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al Poder Legislativo.
El presidente nunca ha demostrado, con pruebas, los salarios estratosféricos de 600 mil pesos mensuales y más de los que habla y con los que pretende quemar en la pira a la “burguesía burocrática”.
Además, para afianzar la puesta en escena, emite un videomensaje escoltado por sus coordinadores parlamentarios, el ex priísta (en realidad lo son casi todos) Ricardo Monreal Ávila y Mario Delgado Carrillo.
En voz de López Obrador: “En este caso último, con todo respeto, el Poder Judicial está queriendo corregir la plana; desde mi particular punto de vista está queriendo legislar y no está respetando lo que establece con claridad la Constitución; están tomando decisiones”.
“Yo creo que los legisladores van a tener que revisar este asunto, pero hay que respetar la Constitución y hay que bajar los sueldos de los de arriba para aumentar los sueldos de los de abajo”.
La estrategia de control total tiene un Plan B; si con las reformas aprobadas para reducir los salarios de funcionarios públicos no es suficiente para dejar claro que no se pueden tener altas percepciones en otros poderes u organismos, el Presidente enviará una nueva iniciativa de reforma constitucional para que reduzcan los salarios.
López Obrador habla de “chicanadas” en la obtención de amparos contra la reforma en un intento de tratar de inhibir el derecho de todos los ciudadanos al juicio de amparo contra actos autoritarios de la autoridad y, en algunos casos, de entes privados.
Dice el discurso evangelizador: “El que gana 600 mil pesos, con todo respeto, es un corrupto. No se necesita presentar pruebas. Si se está en la iniciativa privada se puede ganar hasta 3 millones de pesos, pero el gobierno es para servir no para obtener beneficios personales”.
El objetivo principal es ablandar al Poder Judicial, desacreditarlo hasta volverlo paria en la nueva moralidad, igual que a la Policía Federal, que se niega a someterse al sacrificio en nombre de un proyecto experimental llamado Guardia Nacional.
Esta infalibilidad moral le arroga el derecho a incursionar en caminos de perpetuidad, como lo hace, de avanzada, Jaime Bolilla en Baja California al alargar la gubernatura de dos a cinco años. Aquí el objetivo es el antecedente para echar mano de él cuando llegue el tiempo.
La insistencia de Andrés Manuel contra lo que considera estorbos del Estado de Derecho y los organismos autónomos se puede resumir en la frase, hasta el momento apócrifa: Aquí mando yo; ahora se joden; me costó 18 años llegar y no me van a sacar.

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