Apuntes para un discurso en el Congreso de EU

Hoy que existe la posibilidad, sólo la posibilidad, de que el Presidente Peña Nieto pudiera hablar ante el Congreso de Estados Unidos para decir su verdad, nuestra verdad, saqué del archivero la copia del discurso que López Portillo pronunció el 17 de febrero ante el Congreso norteamericano

Compartir:

A los Presidentes se les recuerda por muchas cosas. A Enrique Peña Nieto le bastaría con la recuperación de la Presidencia para el PRI para tener un lugar en la historia política, pero las reformas estructurales, en especial la educativa, la de telecomunicaciones y la energética le asegurarán el espacio que merece en los textos, apenas pasen los tiempos electorales y los expertos de las redes sociales busquen otro blanco.

Le ocurrió, por ejemplo, a José López Portillo. Quizá la mayor aportación de su mandato fue la Reforma Política y la consecuente amnistía que sacó a la izquierda violenta de la clandestinidad y le abrió las puertas de la vida pública, si bien Jesús Reyes Heroles, sin duda el autor de la idea, consiguió que la historia otorgue el mérito sólo a él y olvide al Presidente.

A López Portillo le gustaba escuchar que le dijeran que fue el último Presidente de la Revolución, pero las opiniones sobre él son diversas: por su familia, la defensa perruna y fallida del peso; el incumplido “no nos volverán a saquear” los banqueros; la estatización bancaria, el estado de desastre en que dejó la economía y la campaña mediática emprendida en su contra por los antiguos dueños de la banca con la complacencia de Miguel de la Madrid; por la “Colina del Perro”, y la venganza de algunos de sus familiares a causa de su gusto por las mujeres.

Hay muchas más cosas por qué recordarlo, pero baste decir que, a sabiendas de que el hubiera no existe, si el precio del petróleo no hubiese caído como ocurrió, en cada ciudad y pueblo habría una estatua de él montando a caballo, como la no tolerada por los regiomontanos.

Ha sido el Presidente de las mejores frases, incluida la dedicada al orgullo de su nepotismo, su hijo José Ramón que en pago a tanto amor un día brincó la barda en la Colina para arrebatarle sus amados libros.

Inauguró el sexenio con aquel inolvidable “A los desposeídos y marginados si algo pudiera pedirles sería perdón por no haber acertado todavía a sacarlos de su postración”.

Las frases célebres se suceden una a otra con inusitada actualidad: “soy responsable del timón, pero no de la tormenta”… “la solución somos todos”… “No vengo aquí a vender paraísos perdidos ni a buscar indulgencias históricas, decir la verdad, la mía, es mi obligación, pero también mi derecho”.

Tenía frases para todo, y hoy que existe la posibilidad, sólo la posibilidad, de que el Presidente Peña Nieto pudiera hablar ante el Congreso de Estados Unidos para decir su verdad, nuestra verdad, saqué del archivero la copia del discurso que López Portillo pronunció el 17 de febrero ante el Congreso norteamericano.

Vivieron contextos diferentes; con Don Pepe acusaban a México de liderar países que salían del huacal norteamericano; hoy, Donald Trump quiere que paguemos su muro, amenaza a nuestros migrantes y las empresas norteamericanas empiezan a huir de territorio mexicano atemorizadas por su gobierno.

Transcribo párrafos sueltos de López Portillo ante el Congreso estadounidense:

“Busco entendimiento, equilibrio y respeto. Ofrezco nuestra buena voluntad, que sabemos es buena porque, en nuestra circunstancia, estamos dispuestos a tratar como quisiéramos ser tratados aun en el cambio de circunstancias. Yo sé que es regla de oro que vale entre los hombres y las naciones. Respetándola, podremos ser mejores y superar la otra ley, la que pretende que el que tiene el oro hace la regla. Sobre esta última se ha construido el mundo de los arbitrarios. Sobre la primera el mundo de la democracia que es el de los justos”.

“… Significamos dos experiencias históricas distintas en la concepción de lo que en su tiempo fue un nuevo mundo. Ustedes constituyen una poderosa unidad política. Y es difícil ser fuerte. Nosotros distamos mucho de ser poderosos. También es difícil ser vecino de alguien tan fuerte. Hay dos riesgos graves: uno, la arrogancia, fácil pero estéril; otro, la sumisión, fácil pero abyecta.

“Hemos escogido el camino difícil de la dignidad, fundada en la libertad, que queremos mantener, y en la responsabilidad, que deseamos asumir. Ese camino me ha traído ante ustedes”.

Don Pepe se refirió a la geometría política nacional; explicó a senadores y congresistas norteamericanos, que para unos estaba ahí “a recibir las instrucciones del imperio”, mientras que para otros “a allanar el camino de los negocios fáciles y desnacionalizados”.

Después de habar de la Revolución mexicana, de Abraham Lincoln y de Jimmy Carter (el Presidente en funciones por aquel entonces), casi profetizó nuestro presente: “… no queremos que la coyuntura actual nos haga perder rumbo y estructura y nos empuje como a otros pueblos a extremos….”

“Vivimos una común realidad. Hagamos de sus contradicciones, expresión consciente, franca y racional de problemas. Así avanzaremos en una solución que a ambos (países) convenga. Los tenemos en la relación de personas y en el intercambio de bienes y servicios. Unos lícitos y otros que no lo son.

“Somos vecinos y lo seguiremos siendo mientras la Tierra orbite el Sol.

“… Todo un conjunto de elementos ha transformado la antigua relación de México con Estados Unidos…. Todos estos problemas son derivados de un desarrollo distinto en una amplia línea fronteriza que es la más transitada del mundo. Ustedes son nuestro primer cliente y nosotros el cuarto de ustedes en importancia.

“…A México le corresponde resolver sus problemas y a ustedes examinar aquellas decisiones que pueden afectar o menguar nuestros esfuerzos de desarrollo, y sobre todo, el ideal político que anima la convivencia internacional.

“En esta, en la convivencia internacional, México no ha sido ni es líder de un grupo de países o de un continente. Históricamente aprendimos duras lecciones en nuestros mayores conflictos, luchamos solos y solos conseguimos nuestra independencia y nuestras libertades.

“…nosotros, al igual que ustedes, queremos un mundo mejor para nuestros hijos; queremos ser más libres y respetados; queremos la paz y la justicia”.

Es conveniente que el jefe de la Oficina de la Presidencia, Frank Guzmán, desempolve este añejo discurso.

Compartir: