Antes que lo diga el Cisen, confieso haber vivido

Ignoro cuál será la práctica o la penitencia en la Cuarta Transformación para ser absuelto por el auténtico hijo laico de Dios, como define el desvanecido Porfirio Muñoz Ledo a titular del Ejecutivo federal

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En principio debo confesar que me preparo a demandar a Pablo Neruda por plagio, y no porque de vez en vez acierte al poner el verbo después del sujeto, sino porque, como escribió el ilustre chileno, “Confieso que he vivido”.

¿Y esto a quién le importa?


A mí y a cualquiera que antes de que la Cuarta Transformación y la Constitución Moral haya hecho de su vida un papalote, incluidos, hay que proclamarlo desde hoy, los más conspicuos colaboradores del Presidente López Obrador, que, dicho sea de paso, también han vivido, por más que ahora sean sumos sacerdotes de la nueva religión.

Y vaya que lo han hecho… como vimos a algunos y como con algunos compartimos su gusto por la vida.

Verdad o mentira, cuenta la leyenda urbana que cuando don Javier García Paniagua se sentó, allá por la calle Morelia, en la ahora superfamosa Colonia Roma, en la silla de director de la Policía Federal de Seguridad (antecedente directo el Cisen), ordenó a don Miguel Nazar Haro mostrarle su expediente.

Don Miguel se negó porque la primera regla del espía es negar que espía. Adujo la existencia del tal expediente, pero ni él tenía manera de no cumplir con una instrucción del hijo del general Marcelino García Barragán; así que se retiró para, minutos después, regresar con un diablito cargando los voluminosos tomos que contenían la historia, actualizada hasta ese día, del ilustre jalisciense que, según Wikipedia, nació en Autlán, muy cerca de El Grullo, Jalisco, pero que… bueno, esa es otra historia.

La novedad es que el Presidente López Obrador anunció que para gozo del pueblo escudriñador se abrirán los expedientes que durante años acumuló el Cisen. Sonriendo y mirando con picardía dejó caer la promesa: “No va a haber reserva; se van a poder consultar todos los expedientes”.

Qué chiste. De él ¿qué podrían decir los expedientes? Eso, en el caso de que el Cisen se hubiese atrevido a espiarlo o que los archivos aún existan.

Sin embargo, que Dios nos agarre confesados porque, otra vez la leyenda urbana, todos, ¡todos! -hasta quienes no tenemos la mínima importancia-, suponemos haber sido espiados por los temibles émulos aztecas de la CIA, la KGB o el Mossad.

La promesa de apertura de los expedientes, acumulada desde Jorge Tello Peón hasta Eugenio Imaz, es, quizás, la amenaza más afectiva para que quienes no ingresamos aún a la Cuarta Transformación pidamos clemencia y llenemos con premura la rigurosa solicitud para que nos sea entregada la Cartilla Moral de Alfonso Reyes en lo que Jesús Ramírez Cuevas y José Agustín Ortiz Pinchetti bajan del Sinaí con la Constitución Moral y, poseídos de la ira divina, destruyen los bueyes y los corderos adorados por este pueblo pecador al que pertenecemos.

Por lo pronto, mientras los fieles observantes de la nueva religión conocida como la Cuarta Transformación se alistan a elaborar los documentos que les permitan presentarse ante el pueblo como víctimas del Big Brother del neoliberalismo, el Presidente ya me puso a hacer memoria para hacer una lista rigurosa de los pecados mortales y veniales cometidos durante la existencia del Cisen.

Según recuerdo vagamente, en la práctica católica basta confesar en privado los pecados, arrepentirse, prometer con no volver a hacerlo y rezar los padres nuestros y las aves marías que ordene el cura, pero ignoro cuál será la práctica o la penitencia en la Cuarta Transformación para ser absuelto por el auténtico hijo laico de Dios, como define el desvanecido Porfirio Muñoz Ledo a Andrés Manuel. Quizás la confesión pública a la usanza de algunas confesiones protestantes para que la comunidad sepa qué tan pecadores hemos sido.

Mientras esto se esclarece, la apertura de los expedientes del Cisen suena a amenaza aún para los más conspicuos representantes de la Cuarta Transformación que, como decía, vivieron al parejo nuestro, y ¡vaya que vivieron!

Esperemos a que, conforme a los evangelistas, que no los evangélicos, avienten la primera hoja de expediente para recurrir a la memoria colectiva y regodearnos todos en el fango al grito del porquerizo: ¡Atáscate ahora que hay lodo!

 

 

 

 

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