Ante la falta de autoridad, cualquiera agrede, roba, mata…

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Apenas por la mañana, en su artículo de El Universal, Héctor de Mauleón narraba lo ocurrido el martes en la colonia Condesa, cuando, al parecer, dos hombres (se había dicho que tres, pero que uno huyó) intentaron robar su auto, pero fueron abatidos por su escolta, un militar retirado, cuando en el transcurso de la mañana muchos más salían a explicar otro hecho violento, muertos y heridos de por medio, ocurrido en Cuernavaca, Morelos.
El periodista no lo reitera en su artículo, pero un día antes admitió que no se había tratado de una acción dirigida contra su persona.
Así como De Mauleón, hoy, las autoridades de Morelos, encabezadas por el Gobernador Cuauhtémoc Blanco, explicaban lamentables hechos de violencia. Uno en la Ciudad de México y otro en Cuernavaca.
Como ellos, casi a diario, lo hacen los gobernadores de Veracruz, Cuitláhuac García, y de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez, aunque no son los únicos territorios que padecen la inseguridad.
Y no menciono a las autoridades capitalinas como encargadas de dar los detalles de lo ocurrido en La Condesa porque para ellos, quizá, es un hecho mínimo, “de los muchos que ocurren en un solo día”. Y tendrían razón; explicarían un montón de sucesos violentos en sólo 24 horas. A los gobernantes capitalinos de cualquier administración, actual o pasada, la plaga de delincuentes los ha vuelto insensibles. Mejor salen a asustar a los automovilistas con “fotos cívicas” que redundarán en trabajo comunitario. Rescato el tramo de siete u ocho años en que, en la Ciudad de México, la delincuencia tuvo una baja considerable, a la vista, después de los planes y estrategias implementadas por Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno. Entonces, aclaro, en la Capital aún no se hablaba de delincuencia organizada. Se redujeron los asaltos en taxis, a transeúntes y otros. Luego llegó la droga.
Además, para De Mauleón era casi una consigna personal escribir sobre el tema. Ha sido amenazado, en diferentes ocasiones, por los temas que aborda, específicamente sobre inseguridad y violencia, motivo mismo de contratar a un escolta.
La alta incidencia de la violencia en México se ha ido incrustando en nuestra actividad diaria de distintas formas, las más grave cuando un ciudadano es víctima, en carne propia, de ella, pero las más de las veces como una dosis de culturización que poco a poco se va dando como parte de la realidad ante el tintineo de las noticias y el alboroto de las redes sociales.
Es decir, no pasamos de la reacción momentánea, dependiendo del caso. Nada del brutal ascenso de la alta violencia en el país desde hace dos décadas, con el “empoderamiento” de los grupos armados por la razón que sea, nos merece un momento de reflexión seria.
El viejo dicho, ante cualquier calamidad, de que “la vida sigue” nos vuelve desatentos o justificadores de un flagelo que cada vez lastima más, y mientras los nuevos esquemas contra la inseguridad no muestren resultados.
No creo que debamos vestir de negro o vivir con el pañuelo en la nariz y los ojos, pero si entre lo ocurrido en La Condesa y en Cuernavaca, y el montón de hechos más antes y después de éstos, la frase del Presidente López Obrador durante su “mañanera” de “te conozco bacalao, aunque vengas disfrazado”, fuera también un signo de repulsión a la alta inseguridad, no sólo contra quienes señalan los puntos frágiles de la economía, habría una esperanza más sólida de que esto va a cambiar.
Y lo he dicho muchas veces; hemos perdido la capacidad de asombro ante nuevas formas diarias de delinquir.
Lo de este miércoles en pleno zócalo de Cuernavaca, frente a Palacio de Gobierno, ante decenas de cámaras de televisión y fotográficas, ver a un tipo con pistola en mano dispararle de frente al empresario Jesús García y al líder sindical Roberto Castrejón, hijo, es espeluznante. Además, rociar de balas a reporteros que cubrían el evento entre autoridades y comerciantes.
No sé si 150 efectivos policializados o militarizados en las calles sean la solución; lo que sí creo es que mientras la autoridad sea endeble y vacilante, cualquiera agrede, roba, asesina.
Ya me cansé…

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