Anaya y su brava propuesta que ‘jala’, aunque sea inviable

De eso se trata en la campaña política, de ‘apantallar’ al votante, y el candidato del Frente lo dijo tres veces en el tercer y último debate, y muchas veces más desde semanas anteriores: ‘Si soy Presidente encarcelaré al Presidente Enrique Peña Nieto’

Compartir:

Antes que, ni por asomo, pueda prosperar un fallo judicial para meter a prisión al actual Jefe del Ejecutivo, una celda la podrían pisar, al menos, 50 políticos más, entre ellos candidatos y ex candidatos. Pero ni a ellos les va a ocurrir.

Sin embargo, siempre lo he dicho, más que sacar conejos de la chistera, prometer paraísos, hacer ricos a pobres, el político debe impactar, y eso está haciendo Ricardo Anaya, paralelamente a que él mismo pueda, incluso con más posibilidades, tener que acudir ante un juez por las acusaciones, ciertas o falsas, bien o mal documentadas, en su contra por, principalmente, lavado de dinero.


Vaya, las acusaciones de que pueda ser objeto Peña Nieto no llegan ni a escándalo porque de lo que se le pudiera acusar, al nivel de lo que se le ha reprochado, o de la falta que se pudiera haber cometido, no libera a otros de lo mismo y no hay, a la vista, quien pueda lanzar la primera piedra. Los Presidentes de la República, Jefes de Estado o Primeros Ministros, suelen ser culpados de hasta porque no llueve, o llueve de más.

Adelantémonos: A Andrés Manuel se le acusa de tener su “empresario favorito”, José María Rioboó, desde que fue Jefe de Gobierno del ex DF. A Anaya de triangular recursos con empresas fantasmas, valiéndose de información oficial privilegiada, para destinar fondos a su campaña… ¡Y todavía no son Presidentes de la República!

¿A la cárcel anticipadamente? ¡No, hombre!

Un delito cabalmente fundado no existe en el sexenio de Peña Nieto, ni como administración ni de manera personal.

Dirán que está el caso “casa blanca”, aclarado. Odebrecht, en investigación y con planteamientos y pruebas más débiles que en otros países, en donde la empresa brasileña fue espléndida, aunque si hubiera culpables mexicanos, difícilmente llegarían hasta el Ejecutivo.

¿El caso Ayotzinapa? A los jóvenes los desapareció la Izquierda, y a grandes involucrados, al menos por complicidad política, ni siquiera se les ha tocado y, mucho menos, ellos admitido su culpa al menos por “honestidad histórica”.

¿Desfalcos estatales? ¿Por qué pagaría un Presidente por ellos? Los gobernadores traidores priístas (o panistas o perredistas) que no están en la cárcel son rastreados y pronto pagarán.

¿O a Peña se le acusará de crear empleos, infraestructura, atraer inversión extranjera, mantener sin mayor impacto económico negativo al país pese a la volátil situación financiera internacional por distintos factores?

¿Es delito presentar, con la firma y el apoyo del PAN y PRD, un paquete de Reformas con la aportación mayoritaria de ideas de la oposición? ¿Serán mejores y tendrán más beneficios las posiblemente presentadas por  Anaya, López Obrador o “El Bronco”? Quién sabe, pero eso no es delito.

El arrojo de Anaya tiene su mérito. Y es más muestra de dinamismo el retar la investidura del Presidente de la República actual que negarse (y luego aceptar) a la construcción del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México o decir que se derogará la Reforma Educativa y luego que no, que sólo lo “esencial”, y luego que mejor sí, o que mantener de gorra a “ninis”.

Es más contundente gritar a los cuatro vientos que encarcelará al Presidente de la República, aunque, luego, la opción sea inviable, a decir que a los corruptos se les debe “mochar” la mano.

Aquí, el asunto es cuestión de “semántica política” o “sintagma de campaña”, de confrontar al más alto poder, así se esté en medio de una tormenta con más posibilidades legales que las que se esgrimen para encarcelar al Ejecutivo en un futuro improbable.

Pero da puntos, y muchos. Seguramente, y bien ganados, si Anaya sube en las encuestas. Más aún, creo que eso lo acercará a López Obrador, quien, en el último debate, olvidó hasta sus frases favoritas “mafia del poder” y “amor y paz”.

El candidato de Morena hizo su juego y lo agotó. A Meade y Anaya les faltaba empujar. Si uno promete el cielo y las estrellas, o el puente sobre el río que no existe, ¿por qué los otros no bajar la Luna?

En el contexto político y social hay propuestas posibles, como las hay imposibles; extravagantes, fantasiosas… y hasta viables.

Me he preguntado por qué Meade nunca sacó de la manga algo más que los rechamuscados programas sociales para mujeres, adultos mayores, niños y niñas; más allá de mejorar servicios de salud; de asistencia al campo; de combatir “con mejores programas” la inseguridad. Eso lo dicen todos y todo está dentro de lo improbable o de que resulte a medias o contrario a lo que se espera.

Vamos, no se trata de mentir, pero sí -dijimos- de poner el ojo cuadrado al votante, pues, entonces, si uno dice que va a incrementar el salario mínimo a 100 pesos, hasta llegar, en dos o tres años, a 180 pesos, ¿por qué el otro no duplicarlo? ¿Por qué no prometer un auto por familia..? Pero ya no hay calles; “¡ponemos las calles!”.

El reto es ganar la atención, el reflector, el voto.

El sentido de la inviabilidad de que Anaya meta a la cárcel a Peña, si llegara a ganar la Presidencia, lo digo en el que no hay sustancia jurídica para llevarlo hasta ahí, y la que hubiera quizá alcanzaría para recetarle otras toneladas de críticas o agresiones verbales, como las que abundan en redes sociales, pero no para “meterlo a la cárcel”. Esa es una gran mentira.

Pero decirlo en ruedas de prensa y repetirlo en el debate da puntos. La amenaza es brava. Bravísima.

Lo otro se me hace muy ojón para paloma.

 

[email protected]

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...