Anaya, y no López Obrador, es Maduro

Sólo nos queda rendirnos ante quien, con un tema que no es de los diputados, paralizó la Cámara Baja. El genio de la política del Siglo XXI, pues

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Ricardo Anaya es un avanzado discípulo de Maquiavelo que con chantajes ha logrado paralizar al Congreso utilizando asuntos que no son competencia de la Cámara de Diputados, por lo que debemos reconocerle ser poseedor de las dotes que requiere para ser Presidente de México en 2018.

O quizá, la verdad vulgar sea que los senadores de la República son una sarta de holgazanes que desde hace meses tienen en sus manos, sin siquiera leer, una iniciativa de ley del Presidente Peña Nieto para evitar el pase automático del procurador a fiscal de la República.

Y es que, aunque el fondo de la parálisis legislativa sea la lucha por la Presidencia de la República, el pretexto aparente es que al menos la oposición y algunos grupos sociales se oponen a que el procurador general de la República, Raúl Cervantes, se convierta de facto en el fiscal general de la Nación, algo que con mucha anticipación, al menos nueve o 10 meses, el Presidente propuso desechar formalmente a la Cámara Alta.

Cualquiera que haya escuchado anoche al coordinador de los diputados priístas, César Camacho, quedó convencido de que los senadores no han hecho su trabajo; por holgazanes, porque están saturados de trabajo o por razones políticas, que es lo más creíble.

Lo cierto es que les valió madre que el Presidente Peña Nieto les enviara desde finales del año pasado una iniciativa de ley para evitar el pase automático de procurador a fiscal; a la fecha nada han resuelto, pese a ser su facultad exclusiva.

El joven maravilla del PAN, Anaya, que ya consiguió la creación del gobierno de coalición que en 2018 podrían integrar el PAN, el PRD  y Movimiento Ciudadano, a condición que derroten al PRI y a Morena, pudo ayer evitar la instalación de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados con el pretexto del Fiscal “Carnal”, lo que terminará siendo una anécdota, pero que por lo pronto es un problema constitucional a resolverse mañana por necesidad.

La claridad del coordinador de los diputados priístas en la conferencia de ayer en la noche es meridiana:

a). Peña Nieto envió al Senado desde finales del año pasado la iniciativa para que el pase de procurador a fiscal no sea automático.

b). Por razones inexplicables, los senadores no le han metido mano.

c). Los diputados nada tienen que ver en el tema.

d). Ricardo Anaya lo usó para paralizar los trabajos de la Cámara Baja poniendo en riesgo los asuntos que son de su exclusividad.

e). Sólo le falta convocar a una Asamblea Constituyente que supla al Congreso de la Unión, como Nicolás Maduro en Venezuela.

En otras palabras, debemos rendirnos ante el joven maravilla que ha resultado el discípulo más aventajado de Maquiavelo.

Un resumen apretado: consiguió sorprendernos a todos con su gran trabajo como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; ganó la confianza de Gustavo Madero; luego lo traicionó; después lo trajo de regreso a Chihuahua a apoyarlo; construyó la creación de lo que podría ser el primer gobierno de coalición; obligó a Margarita Zavala y a Rafael Moreno Valle a colgarse de los faldones de su saco, y hoy mantiene paralizado al Congreso.

Sólo nos queda rendirnos ante quien, con un tema que no es de los diputados, paralizó la Cámara Baja.

Anaya, y no Andrés Manuel López Obrador, es Nicolás Maduro.

El genio de la política del Siglo XXI, pues.

Aunque, por otra parte, podríamos reclamar a los senadores no hacer su trabajo.

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