AMLO y el crecimiento que no llega

No hay suficientes evidencias aún para pensar en que es factible romper mal crónico

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El crecimiento de la economía mexicana  será de 0.5% este año: indica una encuesta de Citibanamex. Analistas consultados por Citibanamex redujeron de forma marginal su expectativa de crecimiento económico para este año. Pasó de 0.6 a 0.5 por ciento. Esto, en línea con el recorte realizado hace unos días en la encuesta de especialistas económicos elaborada por el Banco de México (Banxico) de forma mensual, a la previsión de crecimiento, que pasó de 0.79 a 0.5 por ciento. Al presentar la Encuesta Citibanamex de Expectativas, realizada de forma quincenal, la institución informó que los expertos también bajaron su estimado de crecimiento para el PIB de 2020, y pasó de 1.4 a 1.3 por ciento. De acuerdo con la institución, los 24 expertos consultados estiman que el Banxico haga un recorte de 25 puntos base a la tasa de referencia interbancaria, que actualmente se encuentra en un nivel de 8 por ciento. En este sentido, 22 de los 24 analistas afirmaron que el recorte a la tasa de referencia en un cuarto de punto porcentual lo hará este mes la Junta de Gobierno del banco central en su reunión de política monetaria, mientras que los dos restantes estiman que el ajuste será en noviembre. Además, prevén que la tasa interbancaria finalice el año en un nivel de 7.50 por ciento. Ello implicaría dos recortes más por parte del banco central en medio punto porcentual, mientras que para 2020, consideran que se ubicará en 7 por ciento.

En lo referente al tipo de cambio, es decir, el del peso con respecto al dólar, los analistas consultados por Citibanamex estiman que cerrará el año en un nivel de 19.93 unidades, y para 2020, sería de 20.31 unidades. En lo que respecta a la inflación para el cierre de año, los expertos económicos consideran que se ubicará en 3.30 por ciento, y a fin del siguiente año en 3.54 por ciento. La proyección para 2019 es la más baja desde que esta pregunta se incluyó en la encuesta, en enero de 2018. Entre las instituciones financieras consultadas quincenalmente por Citibanamex están BBVA, Banorte, Santander, el banco de inversión inglés Barclays, el banco de inversión estadunidense Bank of America y el banco de inversión suizo UBS.

El fantasma de la recesión sigue rondando. En su columna de El Financiero Enrique Quintana escribe: ” Hay palabras que asustan, y en el lenguaje económico, recesión es una de ellas. Se asocia con una época de vacas flacas, con pérdidas de empleo, con empresas quebradas, con incapacidad para hacer frente a los créditos y, en general, con un deterioro de los niveles de vida de la mayoría de las personas. Por esa razón, cuando en las últimas semanas se habla con más y más frecuencia de recesión, crece el miedo. La última vez que vivimos una recesión en México y en el mundo fue entre los últimos meses de 2008 y la primera mitad de 2009. Ya tiene una década completa que no pasamos por ese trance. Hemos vivido el periodo de expansión económica más largo que se haya presentado en Estados Unidos. Con la particularidad de que el crecimiento fue más bajo que en expansiones anteriores. ¿Hay posibilidad real de que tengamos una recesión mundial en los siguientes meses o este temor es solamente de un fantasma que se va a extinguir pronto? En las recesiones es más sencillo hablar del pasado que del futuro. Empecemos por allí y luego regresamos a considerar las perspectivas. En Estados Unidos, desde hace muchos años se definió que una asociación, The National Bureau of Economic Research, (ubicado en Cambridge, Massachusetts) sería la encargada de caracterizar las fases del ciclo económico. La primera recesión (o contracción económica) registrada empezó en junio de 1857 y duró 18 meses. Hasta ahora, se han documentado 33 recesiones en la economía norteamericana. Sin embargo, si solo consideramos un periodo más reciente, es decir, a partir de 1970, hay seis recesiones. La primera estuvo asociada a la crisis del petróleo en 1973; una de las más breves de las que se tenga registro, con solo seis meses de duración, ocurrió en 1980, al final del mandato del presidente Jimmy Carter; apenas un año después y con los niveles de tasas de interés más elevados de la historia, en julio de 1981, estalló una nueva crisis tras unos cuantos meses de que el presidente Ronald Reagan hubiera llegado a la Casa Blanca. La siguiente recesión se presentó hasta 1991, durante el mandato de George Bush padre. Fue precisamente esa recesión la que motivó a los asesores de Bill Clinton, quien le ganó la presidencia pocos años después, a decir: “¡Es la economía, estúpidos!”. El colapso de las empresas “dot com” y el reventón de su burbuja trajo consigo la siguiente recesión en 2001. Y, finalmente, en diciembre de 2007, se ha fechado el comienzo de la gran crisis que sacudió al sistema financiero mundial. En México no existe una institución que se encargue de calificar los ciclos económicos y sus fases. Apenas el INEGI convocó a un grupo de expertos para trabajar sobre el tema. Además, no tiene muchos años que se estima el PIB trimestral, así que el cálculo puede hacerse solo a partir de 1980. Detectamos la primera recesión (usando el concepto de ‘recesión técnica’, con retroceso secuencial del PIB en dos trimestres al menos) a partir del primer trimestre de 1983, cuando arrancó el sexenio de Miguel de la Madrid en medio de la severa crisis que se gestó al final del periodo de López Portillo. La siguiente caída se presentó en el mismo sexenio, en 1986, cuando se desató la hiperinflación. Tras el llamado “error de diciembre” se desató la siguiente recesión, en el primer semestre de 1995, al comenzar el sexenio de Ernesto Zedillo. El siguiente retroceso de al menos dos trimestres consecutivos vino en el último cuarto de 2001, en la secuela de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, que sacudieron al mundo. La última ocasión que se pudo caracterizar una recesión en México fue a partir del cuarto trimestre de 2008, cuando estalló la crisis financiera mundial. El deseo de pronosticar las recesiones ha sido una de las obsesiones de los economistas. Sin embargo, se ha mostrado que, en términos generales, su anticipo ha sido fallido. Por lo pronto, no hay suficientes evidencias aún para pensar en que es factible romper el mal crónico que este comportamiento representa. Ojalá que en el futuro se presenten evidencias de que la historia pueda ser otra.

 

 

 

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