AMLO sabe escuchar y cambiar de opinión

Atendiendo las peticiones de quienes se atreven a decir ‘no’, el Presidente reduce, al mínimo, la creciente presión que pudo abortar la aprobación de la Guardia Nacional

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El Presidente Andrés Manuel López Obrador. Su ‘me canso ganso’ no tiene candado

Andrés Manuel López Obrador cerró la boca a quienes pensábamos, y decíamos, que no era capaz de escuchar a sus colaboradores.

No es cualquier logro que Alfonso Durazo y sus aliados en el gobierno consiguieran convencer al Presidente de que la Guardia Nacional esté bajo el mando de un civil, y no de militares.


La sapiencia del Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, fue clave en el cambio de visión para que el Presidente aceptara el mando civil en la Guardia Nacional

La última gran lucha en el seno del gobierno federal se dio el jueves; al final, Andrés Manuel escuchó al secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana y a sus asesores jurídicos, con lo que, amén de que se atienden peticiones de gobernadores y de las organizaciones civiles, se reduce, al mínimo, la creciente presión que pudo abortar la aprobación de la Guardia en el Congreso.

De esta manera sensata, el gobierno reduce el número de frentes que mantiene abiertos, como el provocado por la estrategia de cerrar ductos para combatir el robo de gasolina y la cancelación del NAIM, entre otros, pero sobre todo liquida la sospecha de que la verdadera intención era contar con un ejército propio para cuestiones electorales futuras.

Así, la Guardia Nacional quedará inscrita en el esquema de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, y no en la de la Defensa Nacional, como contemplaba el proyecto original y que fue rechazado por muchas voces, una de ellas la de la diputada Tatiana Clouthier, que llegó a decir que podría decidir el futuro electoral del país imponiendo al próximo Presidente de la República.

La diputada Tatiana Clouthier, una de las voces más fuertes contra la posibilidad del ‘ejército privado’

De hecho, en este espacio mencionaba, el pasado 8 de enero, algo similar a lo de la diputada Clouthier partiendo del análisis de la propuesta de gobernadores en el sentido de que la Guardia tuviera mando militar sólo durante 5 años, y que si fracasaba entraría al quite un civil.

Dije:

“En principio, no es mala idea porque da gusto tanto a los activistas sociales opositores a la militarización del país como al grupo gobernante que en campaña abominó de las Fuerzas Armadas y ahora las ven como la única solución para abatir los altos índices de inseguridad, que, a despecho de la negación oficial, se mantienen.

“Alguien tendrá que ceder en el debate sobre cómo integrar a la Guardia, y la verdad no veo a Andrés Manuel dando su brazo a torcer, ni a la oposición a Morena, que, si se mantiene unida en el Senado, puede sabotear la propuesta que tanto trabajo ha costado al Presidente impulsar.

“Un asterisco: ¿Por qué el plazo de 5 años?

“Siendo mal pensados, quizás algo tenga que ver que, en un lustro, 2024, estaremos en vísperas de que el electorado decida si concede un sexenio más al proyecto de López Obrador o cambia de rumbo.

“Para entonces, mucho incidirá en la vida pública que, más allá de sus resultados, una creatura tipo la de Mary Shelly (construida con soldados y marinos que por arte de magia dejarán de ser militares, pero también con policías federales y jóvenes reclutados entre quienes no obtienen empleo), de la envergadura imaginada por el Presidente y desplegada en todo el territorio nacional, esté comandada por un civil o un militar”.

 

UN EJEMPLO A SEGUIR

Lo importante es que Durazo y sus aliados lograron convencer a López Obrador de la conveniencia política y jurídica de que la Guardia sea comandada por un civil, y no por un militar, más allá de que la capacitación, adiestramiento, disciplina y modos de operación sigan las directrices castrenses.

Mucho ganaría el Presidente si tuviera más colaboradores capaces de arriesgar la chamba planteando sus objeciones a las ideas originales de quien manda y que, además, las operen si consiguen autorización.

Más aún, no debió ser fácil convencer a los altos mandos militares de que la Guardia quede fuera de su influencia. La lucha con ellos debió ser cruenta, para calificarla de alguna manera.

Por eso, este episodio en específico (aún por avalar por el Congreso, lo que seguramente ocurrirá dadas las reacciones en las fracciones legislativas) es ejemplo a seguir.

Ya quedó claro en un asunto fundamental para la vida nacional que si los colaboradores del Presidente se atreven a hablarle con franqueza y la verdad, él es capaz de escucharlos y hasta de cambiar sus decisiones.

Sin embargo, para esto se requiere talento y valor, porque es bien sabido que Andrés Manuel es de ideas fijas y que, como dice, una vez que se convence de algo no hay poder humano que lo haga caminar por otro sendero.

Pues resulta que no; si los grupos civiles no se quedan callados, si la prensa deja de ser obsequiosa y cumple su labor informativa y analítica, y si sus colaboradores responsables del tema en debate se atreven a echarle pantalones, López Obrador es capaz de dejar a un lado el me canso ganso.

 

VICTORIA DE INCONFORMES

No es una victoria nimia ni pírrica de quienes se opusieron al mando castrense de la Guardia Nacional, sobre todo si existía la sospecha, mencionada por la diputada Clouthier, de que esta nueva fuerza armada diseminada por todo el país e integrada por civiles, militares y 50 mil jóvenes reclutados en las filas de sus seguidores, pudiera constituirse en un ejército privado capaz de decidir el futuro político de México.

Constituye un gran triunfo de quienes se atrevieron a disentir y manifestar su inconformidad, pero también lo es de López Obrador, que mostró una cualidad que no le conocíamos: Ser capaz de cambiar de opinión.

Si el Presidente sigue por este camino, la vida nacional será menos agitada que lo que ha sido en mes y medio del sexenio.

El cambio sensato sobre el mando de la Guardia Nacional es la oportunidad que no pueden desaprovechar la mayoría de los colaboradores presidenciales que han navegado de muertito en los primeros 45 días de la nueva administración, pues la peor traición que se puede cometer al jefe es quedarse callado o decir que sí a todo lo que les ordena.

Ya quedó demostrado que si hay quien se atreve a aconsejar una estrategia diferente a la planteada por el Presidente, pero también es capaz de operarla, puede convencerlo de que hay otras maneras de conseguir las mismas metas.

Quizás esto faltó cuando se planteó la cancelación del NAIM y borrar hasta la última coma de la Reforma Educativa.

En la cancelación de las obras aeroportuarias en Texcoco quizá faltó quien se atreviera a aconsejar una estrategia diferente

 

 

 

 

 

 

 

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