AMLO rehuye al debate, excluye a independientes… y convoca al ‘burka’

Para él, dos Ejércitos: Uno el de la Constitución de 1917; otro, el de la “Constitución Moral” que portará “chipotes chillones” en lugar de armas

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Por si las dudas, y porque no vaya a ser la de malas, que Dios me perdone, pero oootra vez voy a hablar de Andrés Manuel López Obrador.

Por acá me dicen que lo traigo de encargo. La verdad es que es el único que habla para romper el “status quo”. Que lo que diga sea controvertible es otra cosa.

¿De qué hablar sobre José Antonio Meade, de qué de Ricardo Anaya… Margarita Zavala, Jaime Rodríguez, Armando Ríos Piter?

Bueno, sí hay, pero a partir -ya ven- de lo que dice Andrés Manuel.

Y es que la verdad, cualquier “picateclas” podría elaborar hasta dos o tres notas diarias sobre su gran imaginación que no mide alcances.

Las de ayer son dos perlas que no pueden desperdiciarse.

La primera, la vuelta a su discurso del amor, pero con bastante carga espiritual que si no se pone al tiro el nuevo Arzobispo Primado de México, Carlos Aguiar Retes, por ahí y en un descuido el candidato de Morena lo rebasa por cualquier lado, porque ya no es ni de izquierda, ni de derecha, ni del centro, sino todo lo contrario.

Entre otras cosas lanzó la “red” a todos “los hombres de buena voluntad” para, primero, ir a un diálogo ecuménico y, posteriormente, crear la “Constitución Moral” que hará de México un Estado más santo que el Vaticano.

Quisiera conocer sólo los primeros 10 preceptos que contendría un documento de esas características que no lo contengan ya las cientos de leyes o normas religiosas (que también asume).

¿Será que las mujeres volverán al velo y en un descuido al uso del “burka”? Porque no tirar papeles en la calle, no robar, no ser corrupto, honrar al padre y a la madre, no escupir pa’rriba, no conducir ebrio, ya está claro en las normas que nos rigen.

Como en la literatura, dicen, todo está escrito. O para que entiendan los que no entienden, la misma gata, pero revolcada.

Aunque quizá nos haga falta incluir (o asumir) el perjurio (“lo comete quien ha prestado juramento ante un tribunal competente, funcionario, o persona; y que testifique, declare, deponga, o certifique que es verdad, o que suscriba cualquier testimonio por escrito, declaración, deposición o certificación afirmando que es cierta, y contrario a dicho juramento, intencionalmente declare o suscriba cualquier material que sepa que no es la verdad”).

O lo que es lo mismo en la tabla de Moisés: “No mentirás, ni levantarás falsos testimonio”.

Bien, ayer nos alertó con que el 1 de julio, si gana, convocará a una “asamblea constituyente”. ¿Ha escuchado usted algo así con respecto a algún otro Presidente?

Durante la toma de protesta como candidato presidencial del Partido Encuentro Social mencionó el Antiguo Testamento y a Jesucristo.

Delimitó sus palabras y su futura obra: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. ¿Y a Manuelovsky?

Pero no nos extendamos. La perla dos es que su inclusión, su llamado a la pluralidad, quedó en exclusión.

Bueno, primero quedó como “zacatón” porque dijo que durante la “intercampaña”, en lo que estamos y hasta el 30 de marzo, debe haber debates… pero entre Anaya y Meade por el segundo lugar.

Es decir, zacatito pa’l conejo. Él no, porque, pues no. ¿Por qué él?

Pero, además, a los independientes (Margarita, Jaime y Armando) que los escupa un sapo. ¿Y dónde quedó “el hombre de buena voluntad”?

Vaya que se excluya él porque (así han de pensar todos aquellos comunistas que ahora veneran su imagen) ya superó todas las etapas del pensamiento histórico, no significa que desprecie a quienes tienen el derecho de ser tomados en cuenta, y menos cuando predica el acercamiento con medio mundo.

Digamos que ese fue el Andrés Manuel de ayer. Hoy será otro. Agregará algo más. Dará para escribir. Porque Meade y Anaya…

 

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