AMLO puede desairar debate… y seguir subiendo en encuestas

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A estas alturas, Ricardo Anaya y José Antonio Meade ya ni siquiera deben mencionar, y mucho menos intentar desacreditar, lo que Andrés Manuel López Obrador haga o deje de hacer.

De cualquier forma, el candidato de Morena, PES y PT suma puntos.


Si calla o si habla. Si se pelea con los empresarios; si rechaza un día el aeropuerto de la CDMX y otro se arrepiente; si sus colaboradores amenazan con expropiar empresas; si apoyan a Venezuela; si ven a Nicaragua y no rezan; si suma a su equipo a otro más buscado o señalado por la Ley; si afirma que eliminará las reformas Educativa y Energética; si chifla, si tartamudea, si ofende… Él suma puntos.

Hoy es el tercer y último debate, y Andrés Manuel puede hacer lo que le venga en gana. Carcajearse, mofarse, mantenerse callado, decir “amor y paz”, miembros de la “mafia de poder”,
“serénense”, “ya pactaron”, lo que guste, y sube en las encuestas.

Al menos eso ha ocurrido en los dos debates anteriores y, días después, las encuestadoras reportan un nuevo ascenso del tabasqueño.

Y eso ocurre porque tanto Anaya como Meade han ido a los debates a pasearse. Ni debaten ni proponen cosas nuevas; ni conmueven ni asombran, ni llaman la atención.

Y no es que López Obrador sea la prueba del ácido, porque ni a prueba llega. En 15 años, lo más novedoso que ha propuesto es que dará “amnistía” a miembros del crimen organizado, lo cual es una barbaridad no por arriesgada, sino porque por más que dé mil “amnistías”, el narcotráfico no se acabará. Su presencia o desaparición no dependen de un Presidente. Dependen de un “pacto”… que involucra a muchos, y mucho.

El resto es el mismo discurso sin sustancia. Ninguna novedad; ninguna propuesta creíble, sustentada.

Un candidato que apantalla a la gente que está harta de que lleguen a Los Pinos fórmulas y fórmulas que terminan en nada; que permiten a un puñado de vivales servirse con la cuchara grande; que equivoquen o les dé miedo aplicar la única vía para que el crimen organizado se haga a la orilla y deje en paz a la sociedad. Un candidato que confía en su filosofía de la nada, arrastrando sus palabras…

Porqueee…

Esteee…

Eheee…

Siii…

Yooo…

No, no, no; qué difícil ha sido para los mejores hombres del PAN, PRD, MC, PRI, Verde, Panal, dar con las palabras mágicas.

Cierto que no se trata de mentir o de crear fantasías. Vaya, si un candidato lo hace no es conveniente que todos lo hagan, pero cuando menos que arriesguen un poco más. ¿Por qué no hacer un anuncio “bomba”, creíble; echar la casa por la ventana, cuya veracidad se note desde un día después del debate?

El único instrumento, hasta ahora, para conocer la popularidad o el rechazo de un candidato son las encuestas; algunas creíbles; otras no; algunas personales, privadas; otras “patito”, profesionales, con las peores o mejores metodologías.

Y ahí están sus números. A menos que, de repente, los consultados den la señal de que en los meses anteriores sólo estaban bromeando o midiéndole el agua a los camotes, Andrés Manuel puede, hoy, levantarse tarde, ir al cine, lanzar algún pescadito a un río, una tortuga al mar, regresar y volverse a tirar en la hamaca.

Hay dos hombres que hacen su trabajo por él y ni siquiera son de su equipo. Son mejores.

 

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