AMLO primero creó la percepción de triunfo; ahora de fraude

A Lorenzo Córdova le fue peor que a Jesús en la película de Mel Gibson; ¡anatema! disentir de las encuestas que dicen que el candidato de Morena es inalcanzable

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La estrategia es más que obvia: Con la complicidad de sus competidores, que no lo vieron venir y se dedicaron a pelear entre ellos,  Andrés Manuel López Obrador primero creó la percepción de que ya ganó la Presidencia de la República y ahora está en plena faena de construir la de que será víctima de fraude electoral.

Quizás Lorenzo Córdova no sea muy brillante, pero no está dispuesto a perder la oportunidad, histórica, de arbitrar la final de una copa del mundo en futbol, como lo es la elección presidencial de 2018, cediendo a la influencia de la prosapia del equipo que ya se dice campeón sin haber ingresado a la cancha y que, además, carga, en su historial, una marca de derrotas sólo superada por Cuauhtémoc Cárdenas.

Al presidente del Instituto Nacional Electoral (el árbitro de la final de este campeonato mundial) se le ocurrió decir que la autoridad electoral no “conoce todas las encuestas, pero… no actúa a partir de lo que dicen las encuestas”, razón por la cual está preparado para “cualquier escenario. Si… es… de resultados holgados, estamos listos. Si… es… de resultados cerrados, estamos listos”.

No lo hubiera dicho; peor, no se hubiera atrevido a decir que “el INE, insisto, no improvisa, no está en una lógica de improvisar dependiendo de por dónde sople el viento”, porque cometió blasfemia.

Le fue peor que a Jesús en la película de Mel Gibson; empezó Andrés Manuel López Obrador, que ya levantó la copa antes de la patada inicial, preguntándole si no ha visto que las encuestas lo dan por ganador; le siguió la legión de chairos que manipula, con entusiasmo, a su favor las redes sociales y, ahora, lo llevan al patíbulo sus promotores mediáticos, que apenas lo oyeron se rasgaron las vestiduras y por poco hasta la madre le mientan.

Así de grande fue el agravio, y no sólo para Córdova, sino para la encuestadora que se atrevió a disentir de las que dicen que el candidato de Morena es inalcanzable.

Vaya, hasta le tocó a Liébano Sáenz, líder de Gabinete de Comunicación Estratégica, que en este proceso no está encuestando, pero que en 2012 fue el único en acertar que Enrique Peña Nieto, para el que trabajaba, ganaría sólo con 7 puntos (como lo publicamos en IMPACTO varios días antes de las elecciones) y no con los 20 que decía GEA-ISA, que encuestaba para Milenio.

Liébano, de lo más serio en el negocio de los sondeos, escribió este sábado, en Milenio, que después de los debates de los candidatos en Televisa y Milenio, y en encuentros con organismos civiles, queda claro que la contienda es de tres, y no de uno sin rivales, como establece la percepción que, digo yo, han creado López Obrador y sus expertos.

Sáenz explica que aún hay un recorrido en el que al menos una tercera parte de los ciudadanos puede cambiar su actual intención de voto, que es un escenario posible una baja de 6 puntos del puntero y un incremento equivalente de quienes van en segundo y tercer lugar. Esto cambiaría el perfil de la votación el primer día de julio.

No lo hubiera escrito. ¡Anatema! Peor aún, leña verde en el quemadero de la inquisición para que arda con lentitud porque se atrevió a reconocer la valentía de Córdova al no dejarse intimidar por quienes quisieran que se les reconocieran los triunfos a partir de sondeos “y al prever escenarios distintos a los que establecen las encuestas que, ya se sabe, no son sino fotografías un tanto imprecisas del momento y de entornos que pueden variar”. Si lo sabrá él, que también ha fallado en encuestas.

Como decía al inicio, AMLO primero creó la percepción de su invencibilidad (a pesar de haber sido derrotado en dos ocasiones, la primera en el último segundo del partido) y ahora está de lleno, con sus promotores mediáticos, en la construcción de que la mafia del poder le cometerá fraude.

O como dijo José Antonio Meade en Milenio: Si los triunfos y derrotas se dan a partir de encuestas, ¿para qué gastamos tanto en elecciones?

Digo yo: No todos somos como Marcelo Ebrard, que en el pasado proceso electoral presidencial se dio por muerto ante López Obrador por una encuesta de 5 preguntas a las que ni siquiera le permitieron coadyuvar en la redacción.

 

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