AMLO, otra vez la descalificación y la intolerancia

El ave de las tempestades eterno; Debates presidenciales y control del voto, definición electoral

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El que no está conmigo está contra mí: Lucas 11:23, en uno de los pasajes bíblicos más intolerantes para dejar asentado que todo mundo debe plegarse a sus designios sin discusión alguna.

Después de cientos de años de tan funesta sentencia, Andrés Manuel López Obrador la ha retomado y dado vigencia en su particular estilo de correr en busca del voto ciudadano para este 1 de julio de 2018.

Uno de los más reconocidos pensadores contemporáneos, Jesús Silva Herzog, calificó a Andrés Manuel López Obrador como un personaje inestable política e ideológicamente, bajo severos cuestionamientos que exhiben la verdadera personalidad del hombre de la “honestidad valiente”, aunque René Bejarano apretaba con destreza las ligas del dinero clandestino que le entregaba Carlos Ahumada o Ponce, secretario de Finanzas del Distrito Federal, depredador del erario capitalino en los casinos de Las Vegas.

Silva Herzog es impecable en sus críticas apreciaciones. Lo califica de “irascible, intolerante, grosero”.

A cada cuestionamiento respondía con una descalificación moral (…), se enfrentaba en pleitos absurdos con periodistas que cometían el terrible pecado de hacer su trabajo y hacerle preguntas incómodas.

El tabasqueño rehusaba la respuesta para lanzarse a la descalificación personal de los periodistas.

Quien cuestiona al prócer le hace el caldo gordo a la mafia.

En su certera alocución, Jesús Silva Herzog desentraña otras características del prohombre: “Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo.  Morena ha sido traicionado antes de ganar el poder.  El caudillo lo ha entregado al cálculo de sus ambiciones (…), los mafiosos pueden transformarse en abanderados de la regeneración nacional, los bandidos pueden ser perdonados por la infinita bondad del prócer (…).

“Al caudillo le sirven los foxistas, los calderonistas, los zedillistas, los salinistas. Todos caben, ha dicho la presidenta de Morena”.

Seguramente la alusión a su oportunismo irritó al infalible López Obrador (quien no está conmigo está contra mí) y le dedicó una respuesta airada a Silva Herzog, en vez de desvirtuar los severos calificativos con su actuación como jefe de Gobierno del Distrito Federal o su desempeño como candidato presidencial en dos ocasiones sucesivas.

Lo malo es que AMLO no puede contrarrestar las acusaciones que le dedican. Su intolerancia es evidente y su incapacidad para debatir es mala.

A Silva Herzog no le falta razón. Es oportunista quien hoy recluta como aliados a los que ayer calificaba más como enemigos que como adversarios. Es el pensamiento de utilizar todo lo que sea para ganar es bueno.

Es oportunista el que hoy quiere perdonar a los mafiosos y a los bandidos a cambio de ganar su voto. En la lógica lopezobradorista, votar por Morena y su jefe es purificar el alma de la mafia que se adueñó de México tan acremente criticada por el guía moral y espiritual de la esperanza para México.

En vez del debate serio y profundo, Andrés Manuel optó y regresó a su viejo estilo, hoy disimulado, pero jamás erradicado: el insulto.

En uno de sus tantos incontrolables arrebatos llamó a Silva Herzog “fifi”, vocablo dirigido a una persona ociosa, presuntuosa o insustancial, definición que no cabe en la personalidad académica, polemista de rango superior, de historiador y escritor en el heredero de la intelectualidad de uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Economía.

Perdonar a los bandidos y mafiosos es anticipar la intromisión en la división de Poderes y atentar abiertamente en contra de la democracia. La amnistía que en griego significa olvido o amnesia de cualquier delito, es un acto del Poder Legislativo, no del Ejecutivo, previsto en la fracción XXII del Artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Su intolerancia ha llegado al extremo de designar candidatos bajo criterios personales y no de presencia y arraigo ante la militancia y el electorado.

Así sucedió en la Ciudad de México al pasar por encima del candidato mejor visto y posicionado, Ricardo Monreal, para imponer a la Sheinbaum, con la certeza de que su caudillismo arrasará  en la capital mexicana en beneficio propio y de su candidata.

Así sucedió en Chiapas al imponer sin mayor trámite a Rutilio Escandón Cadena y desestimar deliberadamente a los otros precandidatos.

En su recorrido diría: “No basta con ganar la Presidencia, hay que ganar la gubernatura.  Hoy les dejo a Rutilio para que lo apoyen”.

Otra vez la antidemocracia. Su nombre lo anticipa como sinónimo de triunfo, aunque Rutilio no convenza, carezca de atributos políticos, intelectuales, jurídicos y tenga una historia de frustraciones y repetidas derrotas electorales, discriminación y atentados al género femenino.

Verdad o mentira a López Obrador lo han ligado con la mafia rusa y de esa relación ha reaccionado con sorna para autodenominarse “Andrés Manuelovich”.

Sólo que en la realidad su discurso se acerca más al fascismo italiano que a la ideología de la ex Unión Soviética.

Sin ambages se elogia sin decoro al asegurar que “el honesto es indestructible” en una apología de su propia personalidad.

Desde luego que la lisonja es un autorretrato de su autor para dejar en claro que nada puede detenerlo en su desbocada persecución por la Presidencia de la República.

Ese espíritu indestructible define a López Obrador como el futuro nuevo Duce (el jefe) de las instituciones republicanas en México, inspirado en el pensamiento de Benito Mussolini en la Italia fascista entre 1922 y 1945.

Al respecto diría el Duce, equivalente a Hitler en Alemania y a Franco en España: El fascismo hoy es más fuerte que nunca en su historia y es indestructible.

La semejanza es irrefutable y los resultados impredecibles de llegar esa izquierda al poder.

Sólo que puede haber una sorpresa para mellar el blindaje indestructible pregonado.

Faltan los tres debates presidenciales y la inclinación electoral de los cinco estados con mayor número de votantes.

López Obrador nunca se ha distinguido como un buen tribuno ni tampoco conoce a fondo los problemas nacionales. Por eso rehúye los debates.

En 2012 fue notoriamente superado por al aliancista Gabriel Quadri y el priísta Peña Nieto.  En eso le llevan ventaja José Antonio Meade y Ricardo Anaya.

Meade tiene a su favor el conocimiento de la política internacional desde la Secretaría de Relaciones Exteriores, la política social como titular de la Sedesol, la política energética cuando ocupó la Secretaría de Energía y la política económica en sus dos veces secretario de Hacienda.

El control del voto de los gobernadores en los estados que concentran el 30 por ciento del electorado será también factor determinante según por el candidato que se definan.

El Estado de México con su poderosa estructura electoral priísta es el número uno en votantes.

La Ciudad de México, aunque fue gobernada por López Obrador, es bastión perredista desde 1997 y va con el Frente por México. Veracruz es dominada por el PAN que en 2016 derrotó a Morena. Jalisco se ve imbatible con el Movimiento Ciudadano. Y en Puebla el PAN tiene también el control político de la entidad.

Así pues, el verdadero despegue o estancamiento de cada candidato se verá  después del 30 de marzo. Ampliaremos…

 

EL QUE NO ESTÁ CONMIGO ESTÁ CONTRA MÍ: Lucas 11:23

Uno de los pasajes bíblicos más intolerantes para dejar asentado que todo mundo debe plegarse a sus designios sin discusión alguna.

 

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