AMLO, ni tonto ni loco

Quizás sea necesario que alguien se dé a la tarea de cuidar al Presidente, a fin de que sus acciones buenas no se conviertan en espectáculo bochornoso

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Insisto: A partir de lo que escucho decir, cotidianamente, al Presidente López Obrador no lo puedo imaginar atrás de la burda venganza en contra de Rosario Robles entablada a partir de su incuestionable participación en la llamada “estafa maestra”, consistente en, conforme quien haga las cuentas, el desvío de 5 o 7 mil millones de pesos cuando estuvo al frente de Sedesol y Sedatu.
Ya un juez ajeno a la familia Bejarano Padierna determinará su grado de responsabilidad y si merece prisión en su domicilio, en el territorio nacional o en un penal; en caso de ser condenada deberá cumplir y cargar, de por vida, la fama pública de ser delincuente.
Por lo pronto, quizás sea necesario que alguien se dé a la tarea de cuidar al Presidente, a fin de que sus acciones buenas no se conviertan en el espectáculo bochornoso que a él mismo debieron avergonzar a partir del jueves.
Sería mala noticia para el país y la Cuarta Transformación (4T) que López Obrador estuviera atrás de la asignación “aleatoria” del juez Felipe de Jesús Delgadillo para dar a su tía Dolores el placer de que Rosario permanezca en prisión aún y cuando la ley consigne que, por la acusación de la Fiscalía General de la República, debe estar en libertad en tanto otro juzgador determina si es culpable o no de omisión, y de todos los posibles delitos que le acumulen en las semanas venideras.
Ayer, en Miahuatlán, Oaxaca, el Presidente López Obrador insistió, una vez más, en que el poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos. Supongo que no está en ninguno de los dos casos, pero la mayoría de los mexicanos tampoco somos tontos ni nos chupamos el dedo.
¿Cómo tragarnos la coincidencia de que el juez Delgadillo Padierna sea sobrino de Dolores, la esposa de Bejarano, al que Carlos Ahumada, ex pareja sentimental de Rosario, grabó cuando el tío del juzgador se llevaba a los bolsillos el dinero corruptor, con todo y ligas?
Y ¿cómo digerir la coincidencia de que, por arte de magia, horas después de la retención de Rosario en prisión detuvieran a Ahumada en Argentina y que la Fiscalía General de la República anunciara que de inmediato solicitaría su extradición a nuestro país para liquidar una deuda con el fisco mexicano que, ahora sabemos, ya había pagado?
Por fortuna, a tiempo la justicia argentina dijo zafo y se desvinculó del espectáculo mexicano liberando a Ahumada.
Insisto: No imagino a Andrés Manuel maquinando estas burdas conspiraciones de primero de plastilina en la universidad de los zafios que sólo obran en contra de la 4T porque, para el país, la venganza indudable de la familia Bejarano Padierna no es de Dolores y René, sino del Presidente.
Para reafirmar la suposición generalizada volvamos a uno de los ideólogos de la 4T, Epigmenio Ibarra.
Escribió en Milenio: “Todo comenzó en la casa de Carlos Salinas de Gortari, cuando éste, según cuenta Carlos Ahumada, otro impresentable, abrió una de las vitrinas de su biblioteca y sacó de ella una de las bandas presidenciales que había usado durante su mandato, se la dio a Rosario Robles y le pidió que se la probara”.
Epigmenio no cuenta lo que otros, que Salinas le habría dicho que la banda le quedaba bien, insinuando que debería pensar en ser candidata presidencial, pero sí dice que al colocársela en el pecho, “una de las más importantes dirigentes de la izquierda mexicana… se comprometía a trabajar contra la causa por la que había luchado y a cerrarle el paso a su compañero de partido, Andrés Manuel López Obrador”.
Está bien que la izquierda perredista transmutada hoy en morenista crucifique a Rosario Robles por cometer traición al pensar que pudo ser Presidenta en 2006 y que por ello la exhibición del video de Bejarano, billetes y ligas, pero López Obrador y su gente más sensata no deben permitir que lo conviertan a él en una especie de vengador que da rienda suelta a sus deseos más reprimidos usando los recursos que el Estado mexicano pone a su disposición, que no son pocos.
Para usar la figura que reiteradamente evoca López Obrador no acepto que el inmenso poder que le da la Presidencia lo haya atontado o enloquecido.

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