AMLO necesita profesores como los de Sarabia, Veracruz

Saludable que el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, jale las orejas de los burros líderes de la CNTE

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En gratitud a mi profesor en Francisco Sarabia, Veracruz, el inolvidable Raúl Hernández Meza

 

Inicia una semana crucial para la Reforma Educativa con la que Andrés Manuel López Obrador intenta sustituir la que califica de “mal llamada” reforma del sexenio pasado.

El Presidente está atrapado entre las desorbitadas demandas de los profesores disidentes y su promesa de destruir, desde los cimientos, la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto, de tal suerte que no quede, ni siquiera, una coma, como se adelantó a presumir el coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado.

La paradoja está en que si el Presidente y las bancadas legislativas morenas no ceden a las demandas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se mantendrá vigente la “punitiva” Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto, como lo hemos advertido aquí y ya lo dijo el presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, al referirse a los constantes bloqueos, por parte de la disidencia magisterial, a la Cámara Baja, con la consecuente interrupción, por varias semanas, del proceso legislativo.

“Que quede claro: Lo que están defendiendo hoy los sindicalistas es la continuidad de las reformas de Peña Nieto”, advirtió quien fue secretario de Educación Pública con José López Portillo y que, gracias a una beca de la SEP, pudo estudiar primaria y secundaria en una escuela privada.

Porfirio no habla con medias verdades porque sólo intenta salvar la crítica posición del Presidente y del gobierno.

En campaña, López Obrador ofreció todo a la CNTE, y lo sigue haciendo en su conferencia de prensa mañanera, mientras exige a su estilo, con movilizaciones y bloqueos, que le cumpla a cabalidad. Sin embargo, el Presidente no puede permitirse el lujo de que la educación en Oaxaca, por ejemplo, vuelva al estado en que la dejó Heladio Ramírez.

Recordemos: A punto de concluir su mandato como gobernador, Heladio entregó a los profesores el control del dinero, plazas y hasta del Instituto de Educación Pública, hasta que Peña Nieto los despojó con la Reforma. Quieren todo de regreso.

Mario Delgado no sabe cómo salir del lío, a grado de que no tiene idea de cuándo será votado el dictamen: “… seguiremos con el diálogo. Esta semana vamos a seguir trabajando con legisladores y maestros en las redacciones finales que generen los votos necesarios para poder echar abajo la mal llamada Reforma Educativa… Seguiremos con el diálogo y (el dictamen) no se subirá al Pleno, a votación, hasta que se acuerde. No va a haber sorpresas”.

Y reconoció la gravedad del caso: “Esperamos comprensión… que la Coordinadora entienda la importancia de poder sesionar por parte de la Cámara de Diputados porque eso abre la posibilidad de mejorar el dictamen y de construir un consenso donde todas las partes se sientan identificadas con la propuesta… Estamos ante una situación inédita que, de continuar, se puede convertir en un problema mayor por el tiempo que estaría sin sesionar la Cámara de Diputados”.

Desde luego, rechazó el uso de la fuerza pública para convencer a los profesores de que permitan a los legisladores hacer su trabajo.

 

EL PROFESOR DE PASO VIEJO

Aprovecho los problemas de la Cuarta Transformación para registrar que en Francisco Sarabia, Veracruz, entre Misantla y Martínez de la Torre, celebran los 90 años de la Escuela Primaria Rural “Soledad Orozco de Ávila Camacho”, en donde concluí,  en 1960, mi educación primaria.

Me entero del acontecimiento por las redes sociales gracias a que Yasmín Aguirre Sampayo compartió una nota de noticierog.com, del 26 de marzo pasado, anunciando que “habitantes y ex alumnos de la congregación de Francisco Sarabia están alistando el festejo número 90 de la Escuela Primaria Rural Soledad Orozco de Ávila Camacho, fundada en el año de 1928”.

El final de la nota me hizo volver 59 años atrás: “Es de destacar que en 1960 egresó la primera generación; algo curioso es que de ahí salió un alumno llamado Juan Bustillos Orozco, actual director general de la revista IMPACTO”.

Debo sacudirme la nostalgia y resistir la tentación de sumergirme en la autobiografía para hablar de los amigos, Nava, Wolf, Venustiano, Martín, Tina Tinoco y todos aquellos con quienes compartí dos años de mi vida habitando la casa que generosamente nos rentaba don Sixto González, padre de Aurora, en “Paso Viejo”, como originalmente se llamaba Sarabia, en donde, por cierto, conocí las acamayas.

Quiso la vida que por razones familiares iniciara en El Grullo, Jalisco, un largo periplo por las escuelas de Xoloco, Teziutlán, Las Margaritas, Tlapacoyan y Libertad, que me llevó a terminar la primaria en Sarabia y encontrar a un profesor que debe ser ejemplo para las dirigencias y bases de la CNTE.

Don Raúl Hernández Meza es mi profesor inolvidable. Ignoro si fue hermano o pariente del fundador de la escuela, Donato Hernández Meza, quien, conforme  a noticierog.com, “solicitó y obtuvo trabajo como profesor rural en la institución escolar desde el año 1928, visto bueno otorgado por la Secretaría de Educación Pública en la Ciudad de México”.

Cuando llegué con doña Clemen, don Seve y Catalina, a Paso Viejo, la escuela sólo tenía hasta quinto grado, pero a falta de profesores y salones, Hernández Meza daba clases a cuarto y quinto de manera simultánea.

Para hacer el sexto, algunos iniciamos el curso viajando todas las mañanas al ingenio Libertad, en donde había una escuela con todos los grados, pero una noche, don Raúl fue de casa en casa proponiendo jugarnos con él un albur: Fundar en la “Soledad Ávila Camacho” el sexto, advirtiendo que tal vez la autoridad educativa no reconocería nuestros estudios.

Nuestros padres aceptaron el reto y así fue como, en 1960, la primera generación obtuvo su certificado de primaria, excepto yo, que dejé plantada a mi madrina Lucha porque, de pleito con doña Clemen, fui con la tesorera del grupo, Tina Tinoco, a pedir los 5 pesotes que había ahorrado durante el año. Me subí a un autobús y me largué a Teziutlán… finalmente, don Seve me encontró en la terminal de Guadalajara vendiendo tortas.

Donato y Raúl construyeron aquella escuela, del primer grado al sexto, sin ayuda del gobierno, pero sí con la de los pobladores de Pueblo Viejo, convertido después en Sarabia, en honor del piloto pionero de la aviación comercial mexicana.

Hernández Meza nos decía que era michoacano y que había participado en el famosísimo coro de los niños cantores de Morelia, pero que si tenía la voz aguardientosa era porque en alguna ocasión tomó hielo de más y quedó ronco.

Lo recuerdo despertando nuestra imaginación con relatos de Emilio Salgari y “Corazón: Diario de un niño”, de Edmundo de Amicis, pero nos sumergía en lo contemporáneo hablandonos de un gigante con barbas que luchaba en la Sierra Maestra de Cuba. Por las noches nos recomendaba mirar al cielo para ver lo que parecía una estrella errante que en realidad era el Sputnik, el satélite con el que los rusos ganaron el inicio de la carrera al espacio a Estados Unidos.

Con él conocí la máquina de escribir. Recuerdo, emocionado, que me permitió escribir mi nombre. No tengo duda; en ese momento me inicié en el oficio.

Me sorprende en la nota de noticierog.com la coincidencia de los apellidos de don Raúl  con los del fundador de la escuela, don Donato, pero aún más que el director actual se llame Raúl Hernández y Rojas. Ya sabré si es coincidencia o se trata de una familia con vocación insuperable, como la de mi hemana Carolina, la profesora recién jubilada que por poco y nace en Sarabia y que dio a la familia a otra profesora, Krisnah, doctora en Pedagogía.

Prometo, un día, abusar de la paciencia de los lectores y relatar mis tiempos en Sarabia, pero, para regresar al momento, sería saludable que el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, buscara por el país a los muchos profesores  Hernández, Raúl o Donato, para que le ayuden a jalar las orejas de los burros líderes de la CNTE.

Maestros como el que me abrió el mundo en Sarabia, capaces de dar clases, en aulas construidas con “tarros”, a dos grupos  de diferentes grados a la vez y crear escuela, con todos sus grados, con nulo apoyo del gobierno, son los que necesita el país.

El resto es demagogia.

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