AMLO necesita, con urgencia, un secretario de Gobernación

Algo está ocurriendo en la Cuarta Transformación que proliferan las voces discordantes entre figuras emblemáticas

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Al Presidente López Obrador le urge un secretario de Gobernación porque algo está ocurriendo en la Cuarta Transformación que proliferan las voces discordantes entre figuras emblemáticas, y lo que parecía monolítico en torno al líder empieza a mostrar fisuras.
Y no se trata sólo del pleitazo que se trae Ricardo Monreal con Yeidckol Polevnsky por el control de Morena.
La más sonora y vistosa de las discordancias ha sido, sin duda, la del ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, que no contento con despedirse de su jefe con una carta reclamadora, a la que no encuentro antecedente, ha vuelto a meter la mano en la herida disfrutando del dolor que le causa al Presidente porque en mucho de lo que señala tiene razón.
Sin mucho escándalo le sigue el secretario de Comunicaciones, Javier Jiménez Espriú, que quizás por razones de edad olvidó que, aduciendo corrupción, el Presidente justificó la cancelación del aeropuerto que se construía en Texcoco, el NAIM.
Ahora resulta, según Jiménez Espriú, que el NAIM fue cancelado por razones técnicas y financieras. “No fue la corrupción por la que paramos… las causas por las que se tomó la decisión fueron de índole técnicas y financieras”, dijo.
Sólo para alivianar el Alzheimer del secretario de Comunicaciones, el Presidente explicó por enésima ocasión, este lunes, el por qué la cancelación del aeropuerto en Texcoco:
“¿Qué no dije que era una obra faraónica y un pozo de corrupción? ¿Dónde está la novedad? ¿Qué no dije que existían estos privilegios?, pero desde hace años. Entonces ¿qué pensaban? ¿Que iba yo a llegar y como lo único que me importaba era el puesto iba yo a adaptarme y a dedicarme a hacer lo mismo?
En esta tesitura, sólo falta que el secretario de Comunicaciones se arme de valor y envíe su carta a López Obrador.
A quien nadie puede cerrar la boca es a Porfirio Muñoz Ledo.
En Tijuana se permitió discordar del discurso oficial con que el gobierno celebró la posposición, por parte de Donald Trump, del incremento de aranceles. Sus palabras sobre la política migratoria fueron ácidas. Este lunes fue más allá; sintetizó su crítica a la política migratoria que el Presidente ha ordenado, ante las exigencias de Donald Trump, con una frase que seguramente pergeñó en una noche de desvelo: “… no se vale pagar aranceles con carne humana, con migrantes…”.
El sábado anterior, en su colaboración en El Universal, Muñoz Ledo ya traía la espada desenvainada. La blandió contra la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, a la que acusó de haber asumido una función persecutoria contra los migrantes.
Magistral en la acuñación de frases, recordó que antes la había llamado “Olga la libertaria”, pero que en su nueva faceta debe ser llamada “Olga la carcelaria” por permitir que el nuevo titular del Instituto Nacional de Migración sea un ex administrador de cárceles.
Urzúa era empleado del Presidente y Jiménez Espriú lo sigue siendo; su suerte laboral depende de él. No es el caso de Muñoz Ledo, que, por su condición de diputado, pertenece a uno de los Poderes de la Federación. Podrá la mayoría de Morena removerlo, al final de agosto, como presidente de la Cámara de Diputados, pero si él lo decide solo dejará de legislar hasta agosto de 2021.
Esta condición le permite ir tan lejos como quiera. Por ejemplo, ya propuso desaparecer los poderes en Baja California porque el Congreso local decidió, de manera “espontánea”, extender el periodo de gobierno del gobernador electo, Jaime Bonilla, de 2 a 5 años.
La teoría constitucional nos dice que todos tenemos derecho a pensar y expresarnos como nos venga en gana, pero en política, al menos en la neopriísta, que es la que ahora conocemos como morenista, disentir del jefe es pecado capital.
Urzúa ya lo sabe; a Jiménez Espriú quizás ya se lo recordaron, pero Muñoz Ledo, que ha navegado en todos los mares, sabe que lo blinda su condición de diputado.
Todo se resolvería si López Obrador tuviera quien supiese tirar línea, una chamba que es propia del ocupante de la Secretaría de Gobernación.
¿Cómo podría esperar el auxilio de doña Olga si cuando le llegó el memorando en el que le ordenaba violar la ley para incumplir la “mal llamada” Reforma Educativa ella, que fue ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se quedó callada?
En definitiva, el Presidente necesita con urgencia un secretario de Gobernación, de lo contrario, el gobierno y Morena se convertirán en un gigantesco Kinder Montessori.

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