‘AMLO es fantástico’: Trump… ‘el muro no lo podrán escalar’

Compartir:

Voy a graznar feo.

Las entrañas de la Cuarta Transformación tienen incrustado un quiste que si se concreta la reelección de Donald Trump por otros cuatro años, la mitad del sexenio de Andrés Manuel López Obrador padecerá de dolores.

Esa protuberancia se llama vasallaje, uno de los puntos malos de la historia de la humanidad, constituida como práctica de poder desde la Edad Media, cuando se le conoció como feudo.

Tal práctica llegó al extremo cuando el vasallo llegó a besar la mano del patrón o el “rey”.

Ayer, en su estilo burlón, pedante, Trump hizo presencia en Otay Mesa, en San Diego, California, para supervisar el avance de su muro fronterizo.

El rosario de declaraciones estuvo bueno. Todas daban en la imagen del Ejecutivo mexicano, del Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y de los propios mexicanos.

Me recordó el “sketch” aquel en la que “El Botijas” quitaba la boina a “El Chómpiras”, lo peinaba y le daba una cachetada.

Primero se refirió a los migrantes. “No más. No más falso asilo. No más detener y soltar. No más entrada ilegal a Estados Unidos”.

Luego a su joya, el muro. “Este no es un muro que se pueda derribar… He visto a jóvenes escalar el muro con bolsas de drogas. Este muro no es escalable”.

Después al “excelente” trabajo de México. “Tijuana está aquí junto; hay miles de personas que han tratado de entrar; hay una gran cooperación con México; el Presidente de México ha sido fantástico; todo el pueblo de México ha sido fantástico”.

“Si pusiera sólo 5 por ciento de aranceles a México, eso pagaría el muro, pero no quiero hacerlo porque México ha sido fantástico.
“Hubiéramos querido el apoyo del Congreso. Pero lo hicimos de otra manera. Lo hicimos con la ayuda de México; lo hicimos con la ayuda del Pentágono”.
¿Así o más “apergollado”?

Nadie lo habría pensado. Todos estábamos con la otra idea; sólo Enrique Peña Nieto o Felipe Calderón (aunque no le tocara) se habrían dejado llevar por un Presidente bravucón y temerario como Donald Trump.

Vaya, el entonces candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, llegó a decir, allá por abril del 2018, que después de llegar a la Presidencia de la República “México no sería piñata de nadie”.

Aunque, claro, también dijo que “México no apostará nunca a una mala vecindad con Estados Unidos ni utilizará malas palabras para ofender a nadie”. Todo lo ha cumplido al pie de la letra.

Es decir, en camino estaba quien pondría en su lugar (no sabíamos cómo) al niño malo de Estados Unidos.

Tal vez los momentos más incómodos, sobre las declaraciones de Trump, los resistió Peña Nieto. Al grado que, para sacárselo de los zapatos, en 2016 lo invitó, como candidato republicano a la Presidencia de EU, a dialogar con él en Los Pinos, lo que alborotó a los futuros “cuartotransformadores”.

Invitó también a la candidata demócrata, Hillary Clinton, pero rehusó venir.

En los hechos, la visita de Trump palió, de alguna manera, su conducta hacia México, llevándose las palmas Luis Videgaray, entonces Secretario de Hacienda y, se supo, autor intelectual de la idea. A Videgaray se le facilitaba el acercamiento a la Casa Blanca, pues es gran amigo de Jared Kushner, asesor y yerno de Trump. El premio fue hacerlo Secretario de Relaciones Exteriores.

Confieso que en el año previo a las elecciones federales de México, en la que compitieron López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, principalmente, “morboseaba” con estos encuentros (AMLO-Trump), que ya a veces son desencuentros, porque uno lanza dardos y el otro hace como que no los siente. Tienen tanto parecido en su tenacidad para lograr lo que ellos, y sólo ellos, piensan que debe ser. El problema es que uno es Goliat y el otro David con un final diferente al tradicional, por más que lancemos piedras y piedras.

Sí, ayer, Trump dejó claro que tiene a México supeditado a lo que él mande y ordene. Nos restregó lo de los aranceles, lo del muro infranqueable, lo del Pentágono (como cuando dijo, en la era Peña Nieto, que “ante las Fuerzas Armadas de EU, México no querrá jugar más a las guerritas”), lo del obedecimiento a militarizar las fronteras sur y norte, apresurando la conformación de la Guardia Nacional, que hoy funciona con la única diferencia de que cambió el uniforme, nada más.

Y no es que debamos ponernos al tú por tú con el gigante ni jugarle vencidas. Tal vez la estrategia de “amor y paz” de López Obrador es la única que tenemos.

La buena vecindad es recomendable siempre pensando que el vecino no sea amante del “bullying”.

Porque quizá estén bien programas de contención de caravanas de migrantes, pero de eso a cercarlas en Chiapas, cuidar que en Ciudad Juárez no crucen a EU, darles sustento y, por encima, recibir a los cientos o miles de deportados, como que ni graznar nos queda, como que enseñamos el cobre.

O, sí, algo, besar la mano. Y eso cansa.

 

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...