‘AMLO en aguas profundas’

En esta coyuntura compleja, pero promisoria, el acendrado nacionalismo del presidente electo habrá de verse complementado con el certero pragmatismo de un eficaz Jefe de Estado para transformar sin demora nuestros recursos de aguas profundas en riqueza tangible que permita poner fin sin demora al flagelo social de la pobreza masiva

Compartir:

El virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha planteado la necesidad de construir durante su sexenio varias refinerías que eviten a México la necesidad de importar gasolinas y otros combustibles.

Pero eso implica la disponibilidad de una producción suficiente de crudo.


Y en esta coyuntura parece inevitable la participación de empresas extranjeras que dispongan de la tecnología y los fondos necesarios para emprender la aventura de encontrar y extraer petróleo y gas natural en los ricos yacimientos que se encuentran en aguas profundas del Golfo de México.

Recapitulemos: el petróleo siempre fue nuestro. Las capacidades y medios necesarios para encontrarlo, extraerlo y procesarlo, no.

Las reservas petroleras, al igual que todos los recursos minerales del subsuelo, los heredamos de la Corona Española al nacer como Nación Soberana.

En México, al igual que en la mayoría de los países del mundo, los recursos del subsuelo pertenecen al  soberano, que en México no es el Estado, sino la Nación.

Esta es la regla general. La notoria excepción son los Estados Unidos de América, donde el propietario del suelo lo es también de las riquezas del subsuelo.

Así pues, en México el petróleo siempre fue de la Nación. Es decir, del conjunto de personas que disfrutamos de la nacionalidad mexicana.

Lo que, en cambio, no fue nuestro siempre es el complejo conjunto de capacidades operativas, técnicas, empresariales, comerciales y financieras necesarias para transformar el recurso natural, presente en el subsuelo, en riqueza efectivamente aprovechable para mejorar el bienestar de la Nación Mexicana y fortalecer su soberanía.

Esas capacidades, sin las cuales nuestro derecho soberano era sólo letra muerta, las adquirimos originalmente mediante la patriótica e histórica decisión adoptada por el Presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas del Rio, la noche del 18 de marzo de 1938, al nacionalizar, con el apoyo de la Nación entera, los activos de las empresas extranjeras a las que, hasta entonces, se había concesionado la explotación del patrimonio petrolero de México.

A partir de ahí, los mexicanos hemos sido capaces de construir una formidable industria petrolera nacional.

Esa industria no se limita a Pemex, cuya sola existencia y el desarrollo que ha alcanzado como empresa petrolera totalmente integrada, cuyas capacidades van desde la exploración hasta la petroquímica, es una de las grandes hazañas históricas de la Nación Mexicana.

Sin embargo, ahora el reto de encontrar y extraer petróleo y gas natural en las aguas profundas del Golfo de México exige que las capacidades de Pemex sean complementadas con la participación de grandes empresas petroleras multinacionales como Exxon, Chevron y Royal Dutch Shell, las que ya están entre las petroleras precalificadas para participar en las rondas de yacimientos de aguas profundas, en donde se contemplan yacimientos en el Cinturón Plegado de Perdido y la Cuenca Salina.

A través de alianzas, en las que siempre debe cuidarse que prevalezca el interés nacional, las grandes petroleras podrían participar en proyectos de aguas profundas.

Al menos 14 petroleras han sido precalificadas para participar en las rondas de yacimientos de aguas profundas, entre las que destacan, además de Pemex, ExxonMobil Exploración y Producción México, Statoil E&P México y Chevron Energía de México.

Los expertos han destacado en diversos foros y ocasiones que en el área de aguas profundas, Pemex puede encontrar entre sus aliados a las multinacionales Royal Dutch Shell, Exxon y Chevron.

Para los yacimientos en aguas someras, que requieren tecnología más eficiente, podrían estar las mexicanas Alfa y Grupo México.

En esta coyuntura compleja, pero promisoria, el acendrado nacionalismo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, habrá de verse complementado con el certero pragmatismo de un eficaz Jefe de Estado para transformar sin demora nuestros recursos de aguas profundas en riqueza tangible que permita poner fin sin demora al flagelo social de la pobreza masiva.

 

[email protected]

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...