AMLO, el comandante supremo enemigo del Ejército

Ya veremos si en el 2018, después de conocer su opinión sobre su labor contra el crimen organizado, “las familias de soldados, pilotos y marinos, que deben sentirse orgullosas del trabajo que realizan, porque lo que hacen con el uniforme de la Patria, con el uniforme que portan todos los días, es cuidar a México y velar por México”, lo siguen amando

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Cuando se acercaban las elecciones del 2000, desayuné con el general Enrique Cervantes Aguirre.

Nadie se atrevía a vaticinar lo que ocurriría en las urnas, aunque algunos encuestadores hablaban de empate técnico y otros de ventaja del priísta Francisco Labastida sobre el panista Vicente Fox.

Con la confianza que el secretario de la Defensa me dispensaba, le pregunté qué actitud asumirían las Fuerzas Armadas en caso de derrota priísta o de una igualada.

La respuesta es inolvidable: “El Ejército no es el IFE”.

Forjado en la escuela de lealtad del general Marcelino García Barragán, Cervantes Aguirre hizo honor a sus palabras. El IFE declaró ganador a Fox y el Ejército cumplió el mandato constitucional; igual ocurriría 6 años después cuando por menos de un punto porcentual ganó Felipe Calderón, y en 2012 con el triunfo inobjetable de Enrique Peña Nieto.

Ayer, el Presidente se reunió con altos mandos, soldados, marinos, pilotos y sus familiares.

En su papel de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas fustigó a ese “alguno” que, “por ignorancia o dolo”, se atrevió a decir que la clase castrense se dedica a “ofender, lastimar a los derechos humanos y masacrar”.

Peña Nieto no tuvo que mencionar el nombre de ese “alguno” porque los militares ahí reunidos y sus familiares saben que se trata de Andrés Manuel López Obrador, aspirante con muchas posibilidades de ser el próximo comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

El encuentro en el Campo Marte estuvo lleno de simbolismos, por ejemplo, ¿qué hacía ahí José Antonio Meade?; se entiende la participación de Miguel Osorio Chong por su calidad de jefe del gabinete de seguridad, pero ¿y el secretario de Hacienda?

Quizá el más importante simbolismo del encuentro sea la percepción de la clase militar de que López Obrador es su enemigo; que con él como Comandante Supremo no tendrán un jefe ni un aliado, sino un inquisidor que los someterá a juicio por haber cumplido las órdenes presidenciales de combatir el crimen organizado.

No es algo que el candidato de Morena deba despreciar porque si bien el Presidente Peña Nieto lo condenó con todas sus palabras, el general secretario Salvador Cienfuegos antes le dio respuesta cumplida con otras palabras igualmente severas.

Le han exigido que si tiene pruebas para sostener sus acusaciones las presente ante la autoridad competente y sus respuestas han sido las de siempre: evasivas, chistoretes y hasta lamentos de que la mafia del poder las tergiversa.

De hecho, se ha ufanado de que los soldados lo aman, pues en las casillas en donde votan ha ganado.

Ya veremos si en el 2018, después de conocer su opinión sobre su labor contra el crimen organizado, “las familias de soldados, pilotos y marinos, que deben sentirse orgullosas del trabajo que realizan, porque lo que hacen con el uniforme de la Patria, con el uniforme que portan todos los días, es cuidar a México y velar por México”, lo siguen amando.

Por lo pronto hoy les queda claro que si gana López Obrador, en su próximo Comandante Supremo podrían tener un enemigo.

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