AMLO debe leer bien la carta del general Aponte

Gente cuerda que rodea al Presidente está obligada a registrar lo que ocurre

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Dos eventos, no conectados, pero relacionados con la seguridad del Presidente López Obrador y la estabilidad del país, me hacen ruido: La irrupción de un grupo de manifestantes en el Hotel Valles, supuestamente manipulados, cuando el mandatario se disponía a descansar en su gira por San Luis Potosí, y la carta del general de División Sergio Aponte Polito a soldados y marinos retirados, en la que denuncia la intención de “desaparecer al Heroico Colegio Militar y también las Fuerzas Armadas de México”.
Insisto, aunque desconectados, ambos se cruzan en tiempo y en espacio, y, necesariamente, deberían preocuparnos a todos.
Por primera ocasión, en San Luis Potosí, el Presidente manifestó, de manera airada, su enfado por la intromisión de un grupo de manifestantes en su “intimidad”.
Sin embargo, instalado en otra realidad, insistió en no ligar la violación a su “intimidad” con un elemento fundamental para la seguridad nacional: “Si lo hicieron de buena fe, si fueron manipulados, y no era su intención, deben de tener vergüenza por lo que hicieron porque yo no le hago mal a nadie. El que lucha por la justicia no tiene nada que temer”.
Aún en el mundo ideal de López Obrador, quien lucha por la justicia debe sentir temor, pero en el México en el que vivimos, decir que nada debe temer es pecar de romántico.
Andrés Manuel no termina de entender que es Presidente de México y que, por su estilo de moverse por el país sin mayor seguridad que la que él supone necesaria y la que añaden, quizás sin su consentimiento, colaboradores suyos más razonables y sus anfitriones, que lo último que desearían es que algo le pase en su territorio, pone en riesgo la estabilidad del país.
Nunca nos cansaremos de insistir que de la integridad del Presidente, quien sea y provenga del partido que sea, depende, en el mayor de los porcentajes, la estabilidad nacional.
Más aún en tiempos en los que el PRI, PAN y PRD son casi inexistentes, y Morena no termina de cuajar en partido político y sigue siendo un movimiento social en el que pululan tribus que, sin él a la cabeza, se dispersarían.
En este país sin más líderes que él y con partidos con dirigentes, pero sin militantes, la falta de absoluta del Presidente desataría el caos político.
No dudo que un sector del pueblo lo cuide y que más de uno de sus seguidores esté dispuesto, si fuera necesario, a ofrecer su vida por la suya, pero es una falacia asegurar, como insistió en San Luis Potosí, que al Presidente lo cuida la gente.
Ahí no hubo pueblo que lo cuidara, y si el episodio no llegó a mayores fue por la prudencia de la gente, cuya intención no era agredirlo, sino plantearle sus problemas, mientras él contestaba con provocaciones.
Es necesario leer la crónica relatada por Andrés Manuel: “Ayer que llegué a dormir a (Ciudad) Valles me mandaron un grupo para provocar. Que se meten al hotel y querían hasta meterse en la habitación, provocando… Les dije aquí estoy. Me bajé; no traigo guardaespaldas. No tengo yo por qué protegerme con nadie. Ustedes son unos provocadores; no respetan. O sea, ya vengo a descansar”.
En un evento público posterior explicó que dijo a los provocadores que “no debían de meterse en mi intimidad; yo no voy a meterme a la casa de ustedes. Si alguien llega y se meten a nuestra casa están invadiendo nuestra intimidad, pero eran provocadores de un problema que tienen en Valles, del agua. Están agarrados ahí y alguien montó esa provocación”.
El episodio, en lugar de prender las alarmas en el mandatario, le sirvió para uno más de sus discursos de campaña, y no el de jefe de las Instituciones: No se rodeará de guardaespaldas, explicó, porque “no tendría yo comunicación con la gente. Ya esos 8 mil elementos del Estado Mayor (Presidencial) pasaron a la Secretaría de la Defensa para cuidar al pueblo, a la Guardia Nacional. Al presidente lo cuida la gente”.
Hasta aquí un episodio que sólo interrumpió el descanso de López Obrador y lo obligó a mostrar un rostro bien diferente al que suele mostrar en las conferencias mañaneras, por ejemplo, todo buen humor, pero la carta del general Aponte Polito es como para no conciliar el sueño, al menos el mío.
Aponte no es cualquier general. Por un lado me dicen algunos de sus pares de División que carece de autoridad moral y que su carta no tuvo impacto; por el otro me dicen lo contrario y lo califican como uno de los militares “duros”, lo que esto signifique.
En su carta a soldados y marinos retirados relata que en la campaña electoral de 2018 se agredió a las Fuerzas Armadas: “Las instituciones militares habían sido agraviadas al culpar al Ejército Mexicano -sin pruebas- de haber masacrado a los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, y a la Armada de México la culparon de haber masacrado, en el estado de Nayarit, a jóvenes menores de edad, pero el resultado fue que esos jóvenes no eran menores de edad, sino narcotraficantes, y todos mayores de edad, notándose con esa actitud un resentimiento hacia nuestras Instituciones Militares y un deseo de desprestigiarlas ante el pueblo de México, posiblemente con un fin ya definido”.
El “fin ya definido” se desprende de la misiva: Es la desaparición de las fuerzas Armadas, en beneficio de la Guardia Nacional.
Así lo dice el general Aponte a soldados y marinos: “Los invito a estar unidos y alertas ante los intentos de reformar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para desaparecer a las Fuerzas Armadas de México; esas son las intenciones”.
Aponte no hizo referencia a la declaración que el Presidente hizo al periódico La Jornada en el sentido de que, si por él fuera, “yo desaparecería al Ejército y lo convertiría en Guardia Nacional”, pero tiene la seguridad de que tiró línea al Congreso.
Leámoslo: “A través de los años dedicados a la lectura, y también a la observación de la actuación de muchos políticos, me he dado cuenta que cuando alguno de ellos emite una declaración de importancia lo hace para darse cuenta de los efectos que tendrá esa declaración entre la opinión pública; también lo hace para que algunos de sus colaboradores tomen esa declaración como una orden y la comuniquen a su organización o grupo político para que realicen los trámites correspondientes y, en el momento oportuno, logren la aprobación de la iniciativa o deseo de que se trate”.
Todo lo anterior sólo para concluir que la preocupación en ciertos sectores de las Fuerzas Armadas, en retiro o en activo, por el trato que se les está dando, en beneficio de la Guardia Nacional, se refleja en la carta del general Aponte, que debe ser un alerta para el Comandante Supremo:
López Obrador no puede desdeñar la invitación de Aponte a sus pares:
“Las actitudes anteriores nos deben motivar a militares y marinos retirados a estrechar nuestra unión y a estar en constante comunicación en todo el territorio nacional, a fin de contrarrestar con oportunidad, y de manera pacífica, las acciones de quienes desean desaparecer a las Fuerzas Armadas de México, las cuales son instituciones permanentes, leales, íntegras, abnegadas, sacrificadas y útiles al pueblo de México; si no nos unimos, y nos apoyamos mutuamente, mañana estaremos arrepentidos y lamentándonos de lo que no pudimos defender como soldados y marinos mexicanos.
“Sí no queremos que suceda esto en nuestro país, entonces, tengamos la dignidad y decisión para defender (las)…”.
Quizás sólo esté viendo moros con tranchetes, pero la gente cuerda que rodea al Presidente está obligada a registrar lo que ocurre.

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