Amlito traiciona a Peña Nieto antes de cantar el gallo

Ahora sí, el PRI y Morena darán vida al PRIMOR

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Amlito no esperó a que el gallo cantara 3 veces para traicionar a Enrique Peña Nieto.
Apenas recibió su constancia de triunfador en la más democrática de las elecciones interna del PRI para afirmar que durante su liderazgo “no… vamos a defender a nadie; todo lo que esté apegado a los principios al derecho de la ley se tiene que respetar y quien haya cometido un delito se le tiene que sancionar”.
Y todo porque “nosotros no somos abogados”.
Los viejos priístas habrían ilustrado la traición con una pregunta: ¿Qué favor me estás pagando?
Alejandro Moreno debe a Peña Nieto, entre otros favores, el obsequio de la gubernatura de Campeche, que ya buscaba en el PAN.
También le debe haber intervenido para que el entonces secretario de Gobernación no lo moliera a golpes en una reunión en la Casa de Gobierno en Toluca después de una agria discusión.
Convertido, ahora, en el líder nacional del PRI por la democrática voluntad de un millón 700 mil priístas, tuvo las mismas palabras para el ex candidato presidencial de su partido a la Presidencia de la República, José Antonio Meade, y para la ex titular de Sedesol y Sedatu, Rosario Robles, retenida en prisión para que no huya del proceso a que está siendo sometida por el desvío de más de 5 mil millones de pesos.
Si se lee correctamente la primera declaración como cuasi presidente del CEN del PRI (lo será hasta el domingo, que tome posesión), Alejandro Moreno determinó que no es cómplice del ex Presidente ni del ex candidato presidencial de su partido, pero tampoco de la ex lideresa nacional del PRD, que terminó siendo instrumento de los priístas.
O, dicho de otra manera, está al lado del Presidente López Obrador, dispuesto a barrer con la corrupción del antiguo régimen, muy en especial la del último gobierno neoliberal, el de Peña Nieto.
Y pensar que para imponerlo en el liderazgo priísta, el ex Presidente tuvo que caminar sobre su decisión original de que el lugar de Claudia Ruiz Massieu lo ocupara José Narro.
Apenas López Obrador derrotó a Meade, Peña Nieto llamó al entonces secretario de Salud para preguntarle si quería dirigir al PRI en el peor momento de su historia. Narro dijo que aceptaba la misión histórica y se dispuso a esperar los tiempos, pero cuando estos llegaron se encontró con que inspirados, seguramente, por el Espíritu Santo, los gobernadores priístas se unieron en torno de su colega, el de Campeche, el mismo que se apresuró a alinearse con López Obrador apenas propinó la derrota que quizás lleve al PRI a su desaparición.
Las primeras palabras de Amlito investido como el héroe que sacará al buey de la barranca o lo sepultará para siempre fueron una declaración de amor a Andrés Manuel López Obrador refrendataria de la que se apresuró a proclamar apenas el moreno se impuso en las urnas al PRI.
Ahora sí, el PRI y Morena darán vida al PRIMOR.

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