‘AMLITO’ se está quedando solo

¿Qué liderazgo ejercerá? El apoyo dentro del priísmo es mínimo: Gobernadores, sobrevivientes del viejo régimen y los pocos que tienen presencia propia, pero, además, en la campaña de 2018, a Moreno se le pasó la mano con López Obrador

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La versión generalizada es que Andrés Manuel López Obrador apoyó a Alejandro Moreno para terminar de sepultar al PRI o convertirlo en un apéndice de Morena y dar paso a lo que llaman PRIMOR.
Es probable, pero para entablar esta alianza insana, el Presidente tendría que tragarse la temeraria afirmación del Gobernador con licencia de Campeche en el sentido de que siendo un chamaco mató a su hermano José Ramón, de 9 años, con una pistola calibre 22.
Nunca he cruzado palabra con López Obrador, pero a pesar de su discurso plagado de alegorías bíblicas, consejos de catequista y moral de cartilla de Alfonso Reyes, no puedo imaginarlo perdonado la alusión, en la campaña presidencial de 2018, del nuevo líder nacional del PRI de que en el pueblo del Presidente “todo el mundo dice” que es fratricida.
Si Andrés Manuel perdonara o hiciera como que no se acuerda de aquella afirmación temeraria de Moreno cuando creía que Morena no derrotaría al PRI, no merecería el respeto de nadie.
Los políticos, dice el axioma, están obligados a tragar cuantos sapos les quepan en la panza sin vomitar, pero en la campaña de 2018, a Moreno se le pasó la mano con López Obrador.
Si pudiera, el dirigente del PRI movería al mundo para borrar de YouTube sus constantes alusiones al entonces candidato de Morena cuando quería quedar bien con el Presidente Peña Nieto y con el candidato priísta, José Antonio Meade.

Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade, las apuestas iniciales de ‘Alito’. Ahora, bastante ‘campechano’ con el Presidente de la República

Bravucón como es, aunque él se autodefine como “echado pa´ delante”, Moreno se llenaba la boca proclamando que en Campeche, Andrés Manuel “va a encontrar la horma de su zapato, y si no lo educaron en su casa, aquí lo vamos a educar… Aquí, públicamente, yo lo digo; con mucho gusto lo recibo en mi oficina y le enseñamos; le falta mucho por aprender”.
Dijo más: El candidato de Morena “es un parásito; es un holgazán”.
Y más todavía: “Verdaderamente representa todo lo que el pueblo no quiere… es una vergüenza para este país”, pero, contra sus cálculos, el PRI perdió y a él le ocurrió lo que al changuito, que se la pasaba presumiendo a la changada lo que haría con un león si se presentara por ahí, pero un día, el rey de la selva se le apareció.
– ¿Qué haces, pinche Chango?, preguntó el felino.
Pálido del susto, el changuito contestó: “Nada leoncito; aquí nada más de hocicón”.
Eso, y no otra cosa, es el líder del PRI.
Una vez que Morena ganó las elecciones se le olvidó lo echado pa´ delante y su disposición a enseñar a López Obrador lo que no aprendió en su casa y se apresuró a congraciarse con el triunfador:
“Muy especialmente le brindamos nuestro reconocimiento al triunfo presidencial del licenciado Andrés Manuel López Obrador”, dijo en el video que hizo publicar.
Añadió con descaro: “Desde Campeche le brindamos la mano respetuosa y amable”.
La política y la vida habían cambiado, así que “Alito”, como se le conoce en la entidad, cambió también y continuó su campaña para congraciarse con el nuevo rey de la selva: “Campeche es su casa. ¡Bienvenido señor Presidente!”, le dijo antes de fundirse, feliz de la vida, en un abrazo con el sucesor de Peña Nieto en su primera gira por aquella entidad.
Fue evidente que si el Presidente López Obrador hizo como que había olvidado los insultos y las temerarias acusaciones de Moreno, este tenía y tiene en su mente que el entonces candidato de Morena dijo de él que “es un gran corrupto, reverendo ladrón; se dedica a comprar votos… es corrupto; vive, aquí, en una gran mansión”, y que el gobernador respondió diciendo que el ahora Presidente es “el único ladrón y bandido; es un corrupto; está documentado…”.

¿EL PROYECTO DE AMLO EN EL PRI?
El oficio me permitió conocer a algunos presidentes, o pretendientes a serlo, y estoy convencido de que ninguno habría olvidado los insultos y acusaciones de Alejandro Moreno, y que en cualquier momento se lo habrían cobrado o, por lo menos, lo convencerían de tragarse todas y cada una de sus palabras.
No he cruzado palabra con López Obrador y sería irresponsable adelantar algún vaticinio. A partir de lo que repite en sus conferencias mañaneras, y en sus discursos en la plaza pública, supongo que está convencido de que la solución a nuestros problemas está en portarnos bien, todos, pero dudo que perdone a Alejandro Moreno haber utilizado en campaña la muerte su hermano.
A partir de esto me resisto a aceptar que “Alito” sea su proyecto personal en el PRI.
Conforme a las evidencias, Moreno sí lo fue del ex Presidente Peña Nieto, que si las noticias le llegan a la atalaya desde donde observa lo que ocurre en el país, debió arrepentirse de incumplir a José Narro el compromiso de confiarle la reconstrucción del partido que Morena hizo añicos en julio de 2018.
La primera acción de “Alito”, a quien sus correligionarios llaman ahora “Amlito” por su proclividad a servir de alfombra a Andrés Manuel a partir de que se convirtió en el nuevo rey de la selva, fue, sin pronunciar nombres, deslindar al partido que ahora encabeza de las posibles implicaciones penales del ex Presidente en los casos que persigue la Fiscalía General de la República, el más reciente el de Rosario Robles y, con seguridad, el de Emilio Lozoya.
En justicia a Moreno, no hubo quien se sorprendiera de su primera reacción, dada su capacidad, esta sí documentada en videos, a actuar conforme sopla el viento.
¿Qué liderazgo ejercerá?
Salvo el apoyo de los gobernadores priístas que poco o nada significan en el medio político, no cuenta con el de los sobrevivientes del antiguo régimen que encontraron cobijo temporal en el Congreso, pero tampoco de los pocos que tienen presencia propia.
El casi millón 700 mil votos que obtuvo para encabezar el PRI es artificial; a la vieja usanza, los consiguió en su entidad y gracias al apoyo del ex gobernador de Coahuila Rubén Moreira y del mandatario de Oaxaca, Alejandro Murat.
El PRI se quedó sin militantes y sin dinero, y los pocos operadores que quedan están decepcionados y disgustados con la forma que perdió el poder y la manera como llegó “Alito” al liderazgo.
A partir del supuesto de que realmente quisiera sacar al buey de la barranca salta a la vista que no llena los zapatos de dirigentes icónicos, como su paisano Carlos Sansores Pérez.
Para la buena salud de la democracia, lo deseable sería que encontrara la cuadratura al círculo, que todos nos equivocáramos, que fuese otro, y no el que se ha exhibido a lo largo de su exitosa carrera política, pero nada hay que permita suponer que estará a la altura de la circunstancia histórica, en que las decisiones cupulares aún sobrevivientes en el PRI lo colocaran en posición de hacer historia.
Por lo pronto, dos de sus competidores, José Narro e Ivonne Ortega, ya se fueron del PRI. La ex gobernadora de Yucatán ahora es aliada de Elba Esther Gordillo. Es decir, por su causa renunció a su militancia el 50 por ciento de los aspirantes a suceder a Claudia Ruiz Massieu. Sólo falta Ulises Ruiz.

José Narro e Ivonne Ortega dejaron recientemente el PRI. ¿Seguirá Ulises Ruiz?

En definitiva, Amlito se está quedando solo.

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