Amlito, el sepulturero del PRI

Consumada una de las mayores farsas democráticas del tricolor de que se tenga memoria

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Apenas ocurrió la derrota del PRI en julio de 2018, el Presidente Peña Nieto preguntó al todavía secretario de Salud, José Narro, si quería dirigir al PRI.
Fiel a su estilo, Narro pidió autorización para pensarlo; un segundo después dijo que sí.
Supo que no lo sería casi un año después, el 27 de mayo, cuando los gobernadores priístas se reunieron en Toluca para hablar de educación y salud, pero en realidad para dar su apoyo al mandatario de Campeche, Alejandro Moreno.
La señal fue evidente. Ya nada había que hacer. De poco importaba el apoyo que Narro tenía de priístas prominentes, como el ex líder nacional Manlio Fabio Beltrones y el ex coordinador de la campaña de José Antonio Meade, Aurelio Nuño.
En reacción, Narro renunció no sólo a la candidatura, sino a su militancia priísta y ahora está luchando contra las políticas públicas en materia de salud de la Cuarta Transformación con sus colegas ex secretarios del ramo.
El domingo se consumó la que quizás será la última derrota del PRI: Alejandro Moreno, conocido como “Amlito” por desbancar al meloso Manuel Velasco Suárez del corazón de Andrés Manuel López Obrador, ya es líder nacional. Su misión es enterrar lo que queda del PRI.
En una de las mayores farsas democráticas priístas de que se tenga memoria se consumó la “elección” comprometida con López Obrador del gobernador de Campeche para garantizar que el PRI no sea la oposición que está obligado a ser ni se esfuerce en recuperarse un poco del estado en que lo dejó la elección de julio de 2018.
No obstante, habrá que darle el beneficio de la duda, aunque con el antecedente de que cuando no tenía la seguridad de obtener la candidatura del PRI a gobernador buscó el apoyo panista es de imaginar cómo será su mandato como dirigente del partido que entregó el poder sin siquiera meter las manos.
Su llegada permitirá a Claudia Ruiz Massieu y a Arturo Zamora dejar de soportar la carga que la disciplina partidista les impuso. Ya podrán marcharse y dejar a otro, que para eso se prestó, la penosa tarea de recoger los despojos priístas y darles cristiana sepultura.
Es decir, hacer realidad los deseos de López Obrador.

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