Amén

El Presidente López Obrador quitó unos minutos a su descanso para hacer referencia, por días santos, a un pasaje bíblico. Solo faltó que el jueves besara los pies a los miembros del Gabinete.

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No se subió a la cruz porque el sacrilegio iba a ser mucho. Sin embargo, y dado a no sólo querer mostrarse como un líder social de la tendencia que sea, claro, menos “neoliberal”, ni “fifí”, el Presidente Andrés Manuel López Obrador aprovechó los días santos para hacer referencia a un mensaje bíblico.

Quien quita y alguien se lo imaginara con una corona de espinas sobre la cabeza; eso sí, nunca “latigueado”.
Al fin que en la “bella utopía” todo cabe, incluso predicar desde redes sociales.

De hecho, fallaron quienes pregonaron que, al menos por cuatro días, nos olvidaríamos de la Cuarta Transformación; bueno, de la “mañanera” sí.

Solo tomó un minuto, o quizá unos segundos, para que el Presidente hiciera a un lado el relax al que también tiene derecho y, además, es recomendado por aquello de la buena salud, para que, quizá y hasta pegando un susto a quienes estuvieran cerca, pensara o gritara “¡sí, la tengo!”.

Tomó su celular o se acercó a su computadora y recordando Mateo 5:4, el Sermón de la Montaña, escribió para todos los mexicanos:

“Dicen que no es de su autoría, que ni siquiera es sermón, que si acaso es la suma -inconexa y heterogénea- de sentencias orales expuestas a lo largo de la historia cívica y religiosa. Alegan que fue estructurado por sus seguidores para aleccionar y conseguir feligreses.

“Pero qué bello es parafrasearlo: ‘Bienaventurados los pobres, los humildes, los que lloran, los que padecen de persecución, los que tienen hambre y sed de justicia, y los de buen corazón’”.

No sé si alguien en la Iglesia Católica habrá sentido celos o algún calambre porque su chamba de Semana Santa se vio como usurpada.

Para el Arzobispo Primado de México, Carlos Aguiar Reyes, la mención de López Obrador debe ser motivo de regocijo, pues no siempre un Presidente de la República de México, sobre todo de Juárez para acá, tenía incumbencia en uno de los dos lapsos del año más importantes para el catolicismo.

Cierto, el Mandatario federal está en sus días francos, y en su vida privada puede ejercer lo que le plazca, aunque el mensaje tiene como la intención de haberlo hecho como Presidente de los mexicanos.

Como en otros asuntos, pero más reciente el de su “memorando” a los Secretarios de Educación, Gobernación y Hacienda, instruyéndolos para que “manden al diablo” la Reforma Educativa vigente, es decir, la Constitución, López Obrador recibió una buena tanda de reproches por mezclar su investidura con la religión.

Me da la impresión de que esta vez lanzó una bola ensalivada y sabía que desataría la rabia de quienes llama sus oponentes, los “conservadores”. Le funcionó, hasta el ex Presidente Felipe Calderón cayó en la trampa y entró al “rosario” de críticas.

Más allá de sus ganas de expresar una espiritualidad que solo tiene en casos muy precisos, digamos no cuando de estancias infantiles se habla, no cuando de apaciguar a rijosos se trata, de reconvenir a los malhablados o poner en su lugar las altanerías de su homólogo vecino, porque en esas ocasiones no hay tal corazón, el guía desaparece y su lugar lo toma el “me canso, ganso”, la frase escogida de Mateo es sugerente y sugestiva.

Con que el Presidente nos conminara a la tranquilidad, el bien estar, la recapacitación y hasta a la oración, habría bastado.

Pero ya el “Bienaventurados los pobres, los humildes, los que lloran, los que padecen de persecución, los que tienen hambre y sed de justicia, y los de buen corazón”, es como que de plano sí se la cree.

¿O a qué viene tan monumental golpe de pecho? No me late que para solucionar el asunto de la Re-contra-retro-reforma Educativa.

Como quiera, por aquello de no te entumas, no está demás, “benedictus qui venit in nomine Domini”…

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@RobertoCZga

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