‘Alito’, ¿o la Conago?, al rescate de la Guardia

Esperemos a la conferencia mañanera para saber si López Obrador demuestra ser capaz de ceder ante una alternativa que parece sensata o se mantiene en el 'me canso ganso'

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Tal vez la Guardia Nacional deje de ser tumor en las posaderas del gobierno, y la causa del insomnio de Alfonso Durazo, gracias, en mucho, al presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores, Alejandro Moreno, mejor conocido como “Alito”.

La novedad es que Moreno, no sabemos si a título personal o representando a la Conago y otros mandatarios locales, dio un regalo inesperado al Presidente: Aceptan la creación de la Guardia Nacional, pero con mando civil los primeros cinco años de su existencia, a condición de que tenga éxito y del bla bla bla sobre capacitación de policías estatales y municipales; si fracasa, entonces, quedaría bajo la tutela de la Secretaría de la Defensa Nacional, como lo quiere Andrés Manuel López Obrador desde su origen.


En principio no es mala idea porque da gusto tanto a los activistas sociales opositores a la militarización del país como al grupo gobernante que en campaña abominó de las Fuerzas Armadas y ahora las ve como la única solución para abatir los altos índices de inseguridad, que, a despecho de la negación oficial, se mantienen.

Alguien tendrá que ceder en el debate sobre cómo integrar a la Guardia y, la verdad, no veo a Andrés Manuel dando su brazo a torcer, ni a la oposición a Morena, que, si se mantiene unida en el Senado, puede sabotear la propuesta que tanto trabajo ha costado al Presidente impulsar.

Un asterisco: ¿Por qué el plazo de 5 años?

Siendo mal pensados, quizás algo tenga que ver que en un lustro, 2024, estaremos en vísperas de que el electorado decida si concede un sexenio más al proyecto de López Obrador o cambia de rumbo.

Para entonces mucho incidirá en la vida pública que más allá de sus resultados, una creatura tipo la de Mary Shelly (construida con soldados y marinos que por arte de magia dejarán de ser militares, pero también con policías federales y jóvenes reclutados entre quienes no obtienen empleo), de la envergadura imaginada por el Presidente y desplegada en todo el territorio nacional, esté comandada por un civil o un militar.

Desechemos los malos pensamientos y aceptemos, de antemano, que la Guardia no es parte de proyecto político alguno, sino del deseo genuino de que los mexicanos vivamos con cierta tranquilidad, y concedamos también que la irrupción de gobernadores con su propuesta mediadora entre la del Presidente y los organismos sociales podría ayudar a deshacer el nudo.

A partir de esta propuesta esperemos a la conferencia mañanera para saber si López Obrador demuestra ser capaz de ceder ante una alternativa que parece sensata o se mantiene en el “me canso ganso”.

Tampoco desechemos la posibilidad de que esta salida salvadora, en apariencia producto de una sensata reflexión de los gobernadores, sea, en realidad, una idea sembrada por López Obrador a través de “Alito”, a quien después de despotricar en su contra cuando no creía que podría ganar las elecciones le entró un amor superior al que entonces decía sentir por Enrique Peña Nieto.

Aunque también es posible que Manuel Velasco ya esté en plena operación.

 

 

 

 

 

 

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