Adiós al Ejército; el ‘cambio de régimen’ va por todo; crisis de la Policía Federal, sólo un incidente

Se desechó toda la experiencia acumulada en seguridad y se puso en marcha un proceso experimental fallido de Guardia Nacional con una visión propia que pone en riesgo al Ejército y a la Marina, y dinamita a la Policía Federal. Se toman decisiones con certeza moral llena de tabús, más que racionalismo

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El General Luis Cresencio Sandoval González podría ser el último Secretario de la Defensa Nacional; de igual forma el Almirante Rafael Ojeda Durán de la Marina.
No es imaginación sociológica; son los deseos del presidente Andrés Manuel López Obrador, claramente expuestos en una entrevista al periódico insignia de la Cuarta Transformación: La Jornada, un mensajero que cualquier destinatario vería con seriedad y formalidad.
Cuando tienes el monopolio de la verdad se nubla la mente. Un síntoma inequívoco es cuando la soberbia guía tus pasos; no la razón; no la reflexión y el análisis profundo.
Una prueba más de esa debilidad en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador es la crisis innecesaria de la Policía Federal, menospreciada en la conformación de una especie de Guardia Nacional con visión propia, totalmente experimental, que pone en riesgo de desarticulación irreversible al Ejército y a la Marina, bajo la intención presidencial de desaparecerlos.
Esas muestras de soberbia henchida por la victoria contundente de la Cuarta Transformación ha sido la peor consejera en la toma de decisiones, provocadora de pobres resultados.
La toma de decisiones abandonó el racionalismo práctico que exige el mundo real y fue sustituida por el dogma y la certeza moral de López Obrador para llevarlo a crisis tras crisis, desde la cancelación del NAIM de Texcoco, la parálisis de Santa Lucía, del Tren Maya, problemas innecesarios en el Sector Salud, los grandes señalamientos en la refinería de Dos Bocas, despidos masivos y el litigio del gasoducto Texas-Tuxpan, pasando por capítulos intermedios terribles.
El aparato de propaganda gubernamental trató de desacreditar e invalidar el movimiento de la Policía Federal, además de crear la insidia de manos externas detrás del movimiento, sin embargo, la prueba contraria está en que el reclamo se divide en una serie de grupos con peticiones equivalentes, pero propias, y, por supuesto, echa abajo la tesis de la mano maestra del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, como lo atribuyeron el presidente y el Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo Montaño.
Todas esas tesis que tratan de justificar la ineptitud contrastan con un hecho real y filmado donde el presidente le dice a La Jornada: “Si por mí fuera desaparecería al Ejército (y a la Marina) y lo convertiría en Guardia Nacional”.
El pretexto es que el presidente declararía a México como un país pacifista ¡cuándo NO lo hemos sido, por favor..! El trasfondo de la confesión revela la verdadera intención de no cejar hasta cumplirla.
López Obrador dice que, por el momento, los obstáculos jurídicos se lo impiden, pero se trata de erosionar ese y otros muros para construir el Poder de los Poderes, un objetivo prioritario para el proyecto de su versión de “cambio de régimen”.
En realidad, la crisis de la Policía Federal es un incidente por la inexperiencia e ineptitud del Gabinete, nada más, aderezados con esa soberbia que llevó a la estúpida declaración del Comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, al ironizar con el calificativo de “fifís’” los reclamos de la PF por las condiciones indignas al decir que querían hospedarse en los Holiday Inn y comer bufés.
Al final del día apostaron a que los federales no se atreverían a una protesta pública; menos a una rebelión con altas repercusiones mediáticas.
Las imágenes del clímax de la molestia las aportó la Comisionada de la PF en la Guardia Nacional, Patricia Rosalinda Trujillo Mariel, galardonada y con una impresionante currícula académica. Fue recibida con empujones, rechiflas y gritos de “¡Traidora, traidora..!” al querer mediar con los levantados en el atrio del Centro de Control.
El pánico por el rechazo y los empujones hicieron que Trujillo colapsara y tuviera que ser retirada bajo protección de guardias, que la escoltaron hasta la salida.
Los nervios se crisparon; el presidente, en la conferencia mañanera, tachó a la Policía Federal como un grupo corrupto que no funciona, que es necesario reconfigurar para integrar la Guardia Nacional. Denunció encomiendas nimias, como la protección de inmuebles no prioritarios para la seguridad y otro tipo de trabajos, menos la protección de los ciudadanos y el combate a la inseguridad, un problema que creció y que prueba la ineficiencia de la PF.
Más tarde, el titular dela SSPC, Alfonso Durazo, iracundo y desbordado, reiteró la mano negra de Calderón: “Felipe Calderón y el grupo que ha participado con él en las tareas de seguridad ha estado instigando francamente a la Policía Federal y demandando una dignificación o medidas que ellos no cumplieran y no atendieron en su momento. No voy a poner nombres; ustedes los conocen muy bien; no es necesario ni quiero hablar”.
En realidad, Calderón ya había ganado la partida al reconocer el trabajo y los sacrificios de la Policía Federal, del Ejército y de la Marina en la terrible lucha contra el crimen organizado y la inseguridad, esa que, dice Durazo, “ya no aguanta más la gente”.
Al parecer, el “cambio de régimen” incluye el adiós al Ejército y a la Marina; ¿usted qué opina..?

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