Este martes partió Carlos Fuentes, uno de los hombres más emblemáticos de la literatura mexicana y, sin duda, uno de los escritores más influyentes del siglo XX; escribió más de 60 obras, de diversos géneros, desde la novela hasta un libreto de ópera. Fue galardonado con premios como el Rómulo Gallegos, Cervantes, Príncipe de Asturias de las Letras, sin embargo, no son los premios, sino su obra e intelecto, las que hablan de este prolífero escritor.
Entre sus obras más representativas están “Aura”, “El espejo enterrado”, “La muerte de Artemio Cruz”, “La región más transparente”, “La silla del águila”, “Cantar de ciegos” y “La frontera de cristal”; sus libros han sido traducidos a 24 idiomas, por lo que no deja de sorprender y entusiasmar el enorme reconocimiento que le han dado a nivel internacional por su trabajo literario y trayectoria.
Fue un hombre bienvenido en innumerables países, y en diversos espacios, lo cual le convirtió en un embajador de la cultura y lo mejor de nuestro país. En donde estuvo siempre puso en alto el nombre de México, pero también el de Latinoamérica. Se caracterizó por ser una persona crítica, preocupado por su tiempo y los problemas contemporáneos, siempre reflexivo sobre la realidad nacional e internacional, tal como se aprecia en el artículo de su autoría publicado por el periódico Reforma el día de su muerte, el cual dedica a la democracia francesa.
Carlos Fuentes era un escritor incansable, y el tiempo no le fue suficiente para realizar todos sus proyectos. A pesar de su crítica a los problemas de nuestro país, siempre tuvo la esperanza de un país mejor. Bien lo dijo Federico Reyes Heroles: Era un hombre generoso que siempre buscó un México mejor, más justo, próspero, para que siempre estuviera a la altura del mundo.
El mismo Fuentes, en uno de sus artículos, escribió: “El gran desafío no sólo para México, para toda la América Latina, es el de proponerse un desarrollo que no dañe a nadie, pero que mejore a todos. Que no se contente con lo logrado, sino que se preocupe por lo que falta hacer. Que extienda el concepto de ciudadanía, de la política a la economía, a la educación, a la salud, al trabajo. Pienso en un nuevo contrato social mexicano que desarrolle, con la máxima velocidad, el inmenso potencial de México para ser, a partir de lo que ha sido y de lo que es, lo que México puede ser”.
Perteneció al llamado Boom Latinoamericano, movimiento literario que surgió entre los años 60 y 70 y del cual también formaban parte Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y José Donoso. Este círculo marcó la literatura de habla hispana porque en sus contenidos retrataron el contexto político de la época y tuvieron gran alcance en Europa.
El adiós y homenaje que le dieron a Fuentes en el Palacio de Bellas Artes, y al cual se unieron diversas personalidades e instituciones tanto a nivel nacional como internacional, es, apenas, una pequeña muestra del reconocimiento que logró a lo largo de su trayectoria. Las palabras que inspiró durante estos actos, tanto de sus amigos como de sus seguidores, reflejan la admiración, respeto y el talento único de Carlos Fuentes.
A México debería entusiasmarle tener escritores de la talla de Carlos Fuentes, Octavio Paz, Rubén Darío y Juan Rulfo, entre muchos otros. Somos afortunados de contar con personajes de tanto talento que han dejado un gran legado cultural no sólo a nuestra sociedad, sino a todo el mundo.
Sin duda, el mejor tributo a su memoria será leer la obra de este gran ícono de la literatura mexicana para defender nuestra cultura y deleitarnos con su trabajo. Sólo cuando los mexicanos nos interesemos en leer a nuestros autores comprenderemos, con mayor profundidad, a nuestra sociedad y su historia, y aprenderemos a valorarlos tanto como lo hacen en otras partes del mundo.
