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Litoral

Animal político

Peña Nieto llegó al debate para reinventarse, a sí mismo, como el político completo que, además de liderazgo, tiene inteligencia y proyecto

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Los mejores panegiristas de Enrique Peña Nieto fueron López Obrador y Josefina Vázquez Mota: Divulgaron, diariamente, que no sabía debatir, que era más imagen, pose y carisma, hueco. Con esa impresión, causada por el aliancismo, Peña Nieto llegó al debate para reinventarse, a sí mismo, como el político completo que, además de liderazgo, tiene inteligencia y proyecto: Sabía debatir, exponer, golpear, retirarse, sobar, contragolpear, mientras se divertía como dueño del estrado, posando en sus mejores ángulos, como un actor político. Puso en serios aprietos a Josefina, como a Andrés Manuel, cuando los hizo enojarse y, visiblemente, entraron en pánico escénico, temblándoles las mandíbulas y sus manos. Estaban tensos, inclusive quien no tenía nada que perder en el debate y ganar mucho, como el ahijado de Julia Carabias. Las sonrisas de Peña Nieto contrastaban con la seriedad lúgubre de sus adversarios, que intentaban ser diferentes, no querían ser ellos mismos, fieles a sus esencias; tuvo algunos atisbos López Obrador cuando asumió sus compromisos con los que menos tienen y Josefina cuando habló como madre. Peña Nieto llegó a representar el papel de Peña Nieto, Quadri el de un ciudadano al cobijo de La Maestra, Josefina y AMLO se aferraban en darle al mexiquense trato presidencial; llegaron como oposición a cuestionarlo, y no como adversarios. No tiene ideas, no sabe debatir, necesita un teleprompter, es hijo de las televisoras, era lo cotidiano en la campaña y todo, a distancia, señalado como un recurso de gran impacto estratégico, pero, una vez frente a ellos, el mexiquense los achicó porque posiblemente AMLO y Jose habían creído demasiado en sus descalificaciones. Aunado a su juventud y estilo, Peña, como animal político, les olió el miedo que transpiraban y se creció sobre ellos. Fue un gravísimo error de Andrés Manuel y de Josefina colocarse en una situación menor, causada por las encuestas que otorgan a Peña una victoria casi del 60%, quizás, también, presionados por los fantasmas sustitutos de Marcelo Ebrard y de Ernesto Cordero. Con astucia e inteligencia manejó Peña el debate cuando Josefina intentó hacerlo un asunto de dos; el mexiquense se dirigió a López Obrador y lo sumó a la polémica; cuando el tabasqueño excluía a Josefina, el mexiquense la jalaba y metía de nuevo en la discusión. Apegado a su estilo, Peña Nieto concluyó, sin soberbia, el debate; se fue a despedir de cada uno de los contendientes, les deseó suerte y, al salir ante los medios, se mostró humilde: no dijo haber ganado; dejó a los electores esa decisión. Simplemente, mostró oficio de esa larga escuela mexiquense que pulieron Isidro Fabela y López Mateos, pero en un nuevo formato generacional.

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