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Cultura Religiosa

A la Sombra del Bicentenario

El niño dio muestras de santidad desde temprana edad

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El 6 de mayo de 1962, hace justo 50 años, el Papa Juan XXIII canonizó en Roma a San Martín de Porres, el primer santo negro de América a quien renombró Martín de la Caridad; luego, Pío XII lo declaró Patrono de la Justicia Social.

Razones hay y de sobra para que le concedieran el patronazgo de la Justicia Social, ya que San Martín de Porres padeció en carne propia la discriminación racial, no tan solo de una sociedad dividida en castas, como ocurrió en los virreinatos de Perú y de México, sino del propio clero que por aquellos años poco hacía por luchar en contra la esclavitud de los negros, centrándose más en la defensa de los indios.

“Fray Escoba”, además, tenía otro anatema más. Él nació en Lima, Perú, el 9 de diciembre de 1569 siendo hijo natural de un caballero español: Juan de Porres y de la esclava negra panameña Ana Velázquez, de modo que el futuro santo sería mulato y estaría destinado a abrir camino a las vocaciones religiosas de otras personas de su raza.

Por esta razón, Martín de Porres vivió y fue educado por su madre pues su padre no lo reconoció de manera temprana, si bien, tampoco dejó de suministrarle los recursos económicos para atender sus necesidades.

A pesar de las adversidades, el niño dio muestras de santidad desde temprana edad, y en sí, parecía predestinado ya que fue bautizado en la iglesia de San Sebastián, en la misma pila y por el mismo párroco que bautizó a la dominica Santa Rosa de Lima, la primera santa de América.

Martín de Porres aprendió el oficio de barbero y algo de medicina mediante el trato con un boticario cirujano, quien se casaría con la hija de su tutora. Su entusiasmo por la herbolaria se vio motivado por el deseo de hacer el bien a los demás, y en sí, tuvo acceso al conocimiento de la medicina tradicional de los negros, de los indios y de los remedios de los propios españoles.

En 1594 pidió ser aceptado en la Orden de los Dominicos en la capital del virreinato de Lima, bajo la categoría de “donado”, es decir, como religioso terciario pero como era mulato e hijo ilegítimo, le impusieron un tiempo de espera en el que realizó las labores más humildes en el convento, de allí que se le represente con una escoba.

En 1603 finalmente lo aceptaron en la Orden pero sólo como Hermano Lego en medio de la oposición de algunos clérigos, sin embargo, él perseveró en su vocación y en 1606 se convirtió en fraile profesando con votos de pobreza, castidad y obediencia

Los superiores de San Martín advirtieron sus cualidades y le confiaron, junto a otros oficios, el de enfermero y su habilidad atrajo incluso a religiosos de otras comunidades que llegaban a Lima para atenderse con el futuro santo, y hasta el mismo Virrey Luis Jerónimo Fernández de Cabrera fue su paciente.

San Martín de Porres fue humillado por ser mulato pero no se rebeló contra los insultos. Su abnegación, modestia y la paz que irradiaba impresionaban a todos. En la portería del convento del Rosario (Santo Domingo) atendía con bondad a pobres. Realizó milagros y curaciones en vida, entre los cuales se cuentan, según testimonios bajo juramento, la facultad de bilocación, videncia, levitación y sanación.

San Martín de Porres, Patrono de la Justicia Social, murió de tifo que contrajo auxiliando enfermos el 3 de noviembre de 1639, poco después de que fuera martirizado en Japón el Santo mexicano Felipe de Jesús, en 1597 y beatificado en 1627.

Tal vez inspirado por las misiones de aquellos primeros mártires, el Santo de la Escoba soñaba con ser misionero en tierras lejanas, pero su anhelo solo se hizo realidad hasta la década de los años 60’s, hace medio siglo, cuando San Martín de Porres se convirtió en uno de los santos más populares de la Iglesia en América, principalmente en los países de habla hispana, e incluso, se grabó su vida a manera de telenovela, y se realizaron varias películas biográficas. A la fecha, prácticamente en todas las Iglesias de la ciudad de México está una imagen de Fray Martín de Porres, a quien se le representa con una escoba y con varios animales domésticos a su lado.

Martín de Porres murió con fama de santidad en 1639 y su devoción fue sostenida durante varias décadas por negros, mulatos e indígenas, sin embargo, la sociedad colonial no hizo nada por que fuera elevado a los altares. Fue hasta el siglo XIX cuando el Papa Gregorio XVI lo beatificó, desafiando una cadena de prejuicios racistas y tabús que dominaban en la sociedad.

En el caso de los indígenas santos, sería hasta el siglo XX, con Juan Pablo II, quien elevaría a los altares a los primeros nativos, como fue el caso de San Juan Diego, los Tres Niños Mártires de Tlaxcala, los dos Fiscales indígenas de Cajonos, en Oaxaca o de la santa canadiense Kateri Tekakwitha, la primera santa indígena de América del Norte.

FESTEJOS POR LOS 50 AÑOS

Los 50 años de San Martín de Porres los están celebrando con especial júbilo la comunidad peruana dentro y fuera del país y el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, el cardenal Juan Luis Cipriani, preside los festejos, este domingo, con una misa solemne en la Catedral de Lima. Además, se han programado varias actividades organizadas por la Orden de los Dominicos y la Hermandad de Caballeros de San Martín de Porres y San Juan Macías, quienes analizan el legado de este santo.

Entre las actividades programadas está la peregrinación de las reliquias de “Fray Escoba” por las principales ciudades de Perú, gira se prolongará hasta el mes de noviembre. Por su parte, la familia dominicana ha preparado un extenso programa de actividades culturales y religiosas bajo la tutela de Fr. Bruno Cadoré, OP, Maestro de la Orden.

  • Subdirector de Información del Arzobispado de México

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