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Sociedad y Justicia

Los secretos de las transiciones

El actual Presidente se compromete a un juego limpio y el futuro se obliga a un borrón complaciente

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(Segunda de dos partes)

Es de allí donde la imaginación sospecha que ello no se debe al azar ni al error, sino a una complicidad de la corrupción, a una connivencia de la depravación, a un complot de la inmoralidad o a una confabulación de los intereses.

Quizá por eso, desde hace tiempo, surgieron muchos mitos que permitieran justificar lo que se ponía en ruta de colisión con una lógica si no de los valores, por lo menos de la eficiencia.

No está por demás aclarar que muchos políticos niegan su existencia y fingen que todo se aprende por generación espontánea. Es imposible creer que un sistema ha funcionado con alta eficiencia, durante casi un siglo, a través de miles o millones de individuos que hicieran o pensaran lo que les viniera en gana.

También debe quedar en claro que muchos políticos mexicanos no las conocen a plenitud. Independientemente de su jerarquía, quizá sólo una décima parte de los políticos mexicanos es la que conoce y practica el manual completo. Ellos son la alta clase política, la aristocracia política mexicana. Sin duda, la más importante y reconocida escuela política de todo un siglo latinoamericano.

Es esa la clase política que creó los partidos gobernantes y los partidos opositores más sólidos y vigorosos del subcontinente. La que evitó revoluciones sin usar la fuerza armada. La que transformó sus estructuras vitales sin sobresaltos y sin retrocesos.

En ese linaje político ha sido notable la aparente facilidad con la que hacen sus realizaciones. Se creería que nada les cuesta trabajo. Saben para lo que es el poder y cómo debe llevarse. Y lo llevan muy bien. Se mueven con él como si fuera un traje a la medida o, mas aún, como se lleva la piel. Hacia donde se mueve, el poder va con ellos. Estos hombres pueden ser comparados con aquellos patinadores, bailarines o acróbatas que realizan sus rutinas como si fuera muy sencillo. Provocan el deseo de imitarlos suponiendo que cualquiera podrá hacerlo igual.

En algunas ocasiones, esos artistas, de magistral destreza, hacen necesario que el público ingenuo quede advertido de no intentar ninguna emulación, porque podría resultar en una fatalidad. Quizá la política debiera disponer de cautelas similares. Explicar a todos los tarugos que quieren meterse a gobernar, suponiendo que ello es muy fácil, que en el intento pueden llegar al desastre o pueden llevar a sus pueblos a los terrenos de la catástrofe.

Abogado y político

w989298@prodigy.net.mx

  • Siete veces ex subprocurador en las procuradurías General de la República y del Distrito Federal

Abogado y político

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Twitter: @jeromeroapis

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