A Videgaray se lo llevó la soberbia

A todos -o casi todos- venció, pero no supo hacerlo consigo mismo. La soberbia de saberse más inteligente, más culto, más todo, incluso que su jefe, lo hizo caminar por el sendero de flores que conduce al infierno

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Nadie se retira de la política, solía decir don Jesús Reyes Heroles. “La política te retira”, remataba.

Luis Videgaray anunció en España que apenas entregue a Marcelo Ebrard la Secretaría de Relaciones Exteriores todo habrá acabado para él en materia política; se irá después de 13 años de servicio, en los que coordinó la campaña estatal de Eruviel Ávila y la nacional de Enrique Peña Nieto, fraguó las reformas estructurales, pero también arrebató al Presidente su facultad partidista de destapar al candidato presidencial del PRI.


Nada mal para quien llegó al Estado de México de la mano de Pedro Aspe, como socio-empleado, a negociar la deuda estatal en tiempos de Arturo Montiel y terminó siendo una especie de alter ego del gobierno presidencial de Peña Nieto, el miembro más poderoso de la llamada “Triada” (integrada con Miguel Osorio Chong y Aurelio Nuño) que aislaron hasta la asfixia al Presidente.

Tan poderosa fue aquella “Triada” que José Antonio Meade la bautizó como “La Santísima Trinidad” cuando advirtió que constituía un muro impasable, incluso para él.

Casi la totalidad de los miembros del gabinete acordaban con él y a algunos gobernadores les costó años ir más allá de su oficina en la Secretaría de Hacienda.

Hasta que llegó el “trumpazo”, la invitación a Donald Trump a visitar a Peña Nieto en Los Pinos. El Presidente lo invitó a irse, aun así seguía presente porque se sentía y hacía sentir que era indispensable. Luego regresaría con casi similar fuerza a la que tuvo cuando se marchó porque su candidato ganó las elecciones en Estados Unidos.

Videgaray tenía todo para suceder a Peña Nieto, talento y poder, mucho de ambos. Pero le ocurrió lo que a Luzbel que se creyó con derecho a ser Dios.

Ignoro si alguna ocasión le pasó por la cabeza ser presidente; todo indica que sí, pero él fue su principal obstáculo. Desde la campaña de Peña Nieto entró en conflicto con otras figuras de igual tamaño, como Miguel Osorio Chong, y David López.

A todos -o casi todos- venció, pero no supo hacerlo consigo mismo. La soberbia de saberse más inteligente, más culto, más todo, incluso que su jefe, lo hizo caminar por el sendero de flores que conduce al infierno.

Sin duda aportó mucho a la causa de Enrique Peña Nieto, pero el daño que le infligió fue mayor, como lo sabe el Presidente.

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