A PRI y PAN no les queda ni rezar

Ya el tiempo dirá si tienen razón sus coordinadores en San Lázaro, pero hasta ellos deben convenir que culpa de lo que ocurrirá con el aeropuerto y con el país, para bien o para mal, será, en todo caso, de sus partidos

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Con el riesgo de aburrir a mis 4 lectores, es irremediable seguir con el asunto de Texcoco y Santa Lucía; no puedo dejar el asunto para después de la toma de posesión y esperar a que, ya como presidente, Andrés Manuel López Obrador cumpla lo ordenado por los 700 mil “sabios” que representaron a todos los mexicanos entre el jueves y el domingo.

Hay mucho y novedoso que decir, pero ayer, el PRIAN ofreció un lamentable espectáculo más en la Cámara de Diputados.


El panista Juan Romero Hicks se fue por el lado de los adjetivos para satanizar a Andrés Manuel; incluso, habló de siquiatría para ofender al presidente electo. Y René Juárez, de toda mi estima, intentó ironizar alegando que sólo nos queda el recurso de rezar.

Ya el tiempo dirá si tienen razón los coordinadores de los diputados del PAN y del PRI, pero hasta ellos deben convenir que culpa de lo que ocurrirá con el aeropuerto y con el país, para bien o para mal, será, en todo caso, de sus partidos, que no supieron leer a tiempo que Morena y su candidato presidencial serían lo que luego se dio en llamar “tsunami”.

No es casual que López Obrador ganara las elecciones, y mucho menos que lo hiciera con los números que todos conocemos; tampoco basta acudir al auge global del populismo para justificar lo que ocurrió en julio; ni siquiera la explicación del Presidente Peña Nieto de que ya en 2006 el PRI estaba herido y que si en esa ocasión ganó fue por él.

Lo cierto es que panistas y priístas (en ese orden, porque es el que ocupan como fuerzas políticas) no supieron leer a tiempo, como muchos otros tampoco lo hicimos, las señales que presagiaban lo que estaba por venir.

Un ex presidente me lo comentó en junio de 2016, una semana antes de que el PRI perdiera las 7 gubernaturas; incluso, habló de “tsunami” y se preguntaba qué hacían para contenerlo. Ya para entonces no había forma, por más que en ese proceso electoral la triunfadora fuera la artificial coalición contra natura de PAN y PRD.

La consulta y el “mandato” del “pueblo sabio” de cancelar la construcción del aeropuerto en Texcoco no son causa, pero sí consecuencia. Habrá muchas más, para cuya explicación no será necesario recurrir a psiquiatras y que nadie podrá contener ni siquiera hincándose a rezar.

La causa, se ha dicho hasta el hartazgo, pero al parecer es necesario machacarlo, son los priístas y panistas que en los últimos 18 años se alejaron del pueblo, dejaron de hablar su lenguaje, prefirieron los números macros a las necesidades mínimas de la sociedad, menospreciaron a su militancia y se enfrascaron en luchas palaciegas por el poder.

La situación llegó a grado tal que el razonamiento se basaba en dos premisas discutibles, pero imperantes aún hoy: a) El PAN falló y, b), el PRI dijo que sabía y fue mentira. En consecuencia, hay que dar oportunidad a López Obrador.

Los electores, en número de 30 millones, se la dieron y, ahora, al PRI y al PAN sólo les queda esperar que empiece a gobernar (aún no lo hace, aunque parezca) y rogar porque lo haga mal para que vuelvan a tener oportunidad.

De hecho, tuvieron oportunidad de determinar el resultado de la consulta, pero la soberbia, la falta de militantes o el temor a una confrontación que los anularía aún más los paralizó en los 4 días de la votación.

En otros tiempos, el PRI habría enviado a su gente a votar para anular a los enviados por Morena o a apoderarse de las casillas, pero, como diría don Pancho Galindo Ochoa, se volvieron “bien portados” y, ahora, ya ni rezar es bueno.

 

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