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Sólo para Iniciados

Tres sexenios después de la promesa de la reforma del poder

A 18 años de la ejecución del candidato presidencial, el clima de la disputa política es más ominoso que el de 1994

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El sonorense impulsaba una nueva cultura de convivencia y relación entre el ciudadano y el Estado y un nuevo federalismo; veía una excesiva concentración del poder

Su asesinato trajo como consecuencia la alternancia en el poder. Tres años después el PRI perdió la capital de la República, y posteriormente echado de Los Pinos. No obstante, todo cambió para seguir igual

A Higinio y Chichancatello, los duendes que me empujaron a ser reportero en la Gran Ciudad

Doña Clemen irrumpió en llanto y sólo acertó a decir: “M’ijo, ese muchacho nos dejó huérfanos”. Después colgó el teléfono. Era el 23 de marzo de 1994, hace 18 años; tres sexenios para ser exactos.

Fue la última de nuestras pláticas de esa noche. No se había despegado del televisor desde que la noticia del atentado contra Luis Donaldo Colosio estremeció al país.

Luego, al escuchar al secretario de Información y Propaganda del PRI pedir a los mexicanos una oración por el candidato del PRI a la Presidencia de la Republica, no soltó las cuentas del Rosario. Más tarde, después de escuchar a Talina Fernández anunciar el deceso y a Liébano Sáenz confirmarlo, apagó el aparato e intentó conciliar el sueño; no pudo. A ella, ya anciana, el mundo se le había derrumbado.

En IMPACTO nos acantonamos en la Redacción y mi compadre Rafa Reséndiz intentando explicarnos por qué. No lo conseguimos entonces y al día de hoy nadie ha logrado dar respuesta.

En un barrio polvoriento de Tijuana, Lomas Taurinas, un asesino solitario, según la apresurada impresión del procurador Diego Valadés, convertida luego en verdad jurídica que muchos seguimos rechazando, cambió la historia de México.

Aquella sabia mujer nacida en El Grullo, Jalisco, que de política nada entendía, guardó sus propias razones para llorar la orfandad; el tiempo le daría la razón porque esa noche todo cambió para ella y para todos. Sólo porque Luis Donaldo nunca entendió que debía cuidarse.

Seis meses después, el 18 de septiembre de 1994, Liébano Sáenz, uno de los colaboradores más cercanos de Colosio, ponía punto final a la redacción de sus recuerdos de aquel día en que cambió el rumbo de México. Es un detallado informe casi minuto a minuto de cómo vivió él la tragedia. A pesar de la prudencia, de su imposibilidad entonces y ahora de exteriorizar su verdadero pensamiento, es un documento de indudable valor marcado por un intenso dolor. Lo imprimió hasta marzo de 1995 cuando ya despachaba en Los Pinos al lado de Ernesto Zedillo y el país se sumía en las crisis económica y política, una causada por el llamado "error de diciembre" y la otra por la marcha al exilio del ex Presidente Carlos Salinas a pocos días de la aprehensión de su hermano Raúl. Con el título de “Colosio: un año, ayer…” llegaría por otros caminos a la misma conclusión que doña Clemen.

LA TRUNCADA REFORMA DEL PODER

“Aquella mañana del 24 de marzo (en el homenaje que los priístas rindieron a los restos de su candidato en la sede del partido) quedaba en el aire la promesa de reformar el poder hecha por Luis Donaldo. Con ella el candidato había manifestado su intención de impulsar una nueva cultura de convivencia y relación entre el ciudadano y el Estado, para acabar con la costumbre de minimizar el papel y los intereses del individuo haciendo prevalecer sobre ellos, de manera invariable, los del poder. Colosio pretendía rescatar la dignidad del ciudadano en todas y cada una de las relaciones con la autoridad gubernamental. Para el candidato muchos de los problemas que subsistían en diferentes planos de la realidad social del país encontraban su origen en la excesiva concentración del poder. Por eso hablaba de impulsar también un nuevo federalismo, que permitiera una verdadera descentralización en la toma de las decisiones, para que éstas respondieran a los intereses de las comunidades y no sólo a los de las autoridades.

“Para Luis Donaldo, reformar el poder implicaba sujetar el presidencialismo a las atribuciones específicas que se encuentran en la Ley suprema de la Nación, lo que por sí mismo representaba el respeto a la autonomía de los Legislativo y Judicial respecto del Ejecutivo que él aspiraba a encabezar. Reformar el poder -decía Colosio- tiene como uno de sus objetivos fundamentales el aniquilamiento del autoritarismo que siempre deriva en los excesos y abusos que tan gravemente atentan contra la dignidad del ciudadano”.

Quizá por andar por los caminos de México profiriendo esas ideas fue ejecutado por un asesino “solitario”.

SU CONCIENCIA

Pocos días antes de caer en Lomas Taurinas, con un premonitorio “¡éstos matan!”, Donaldo había alertado a uno de sus mejores amigos, famoso por lo claridoso, razonable y apasionado de sus juicios. “Rafael es el único que se atreve a decirme lo que otros se guardan por miedo; es mi conciencia”, me dijo la noche que en su recién estrenada casa de San Ángel me enseñaba el camino al hielo para servirnos los primeros whiskies de la noche”. Pero no identificó a mi compadre Reséndiz a los “éstos” de los que le recomendaba cuidarse; tal vez los mismos que a él le tendieron la celada en Lomas Taurinas.

Tampoco mostraba temor. Al contrario, le gustaba jugar bromas al general Domiro García Reyes. Se le escapaba con frecuencia, en ocasiones sólo para comer unos tacos sin la molesta compañía de la escolta.

La hermandad con Rafael sobrevivió a la muerte. El hermano sobre el que descansaba el hombro para llorar las muchas amarguras de aquellos tiempos guarda para sí una cantidad infinita de confidencias, como los comentarios sobre el personaje del priísmo al que había que cultivar porque es un “buen ve y dile” o al que no era conveniente ofrecer la espalda.

En la sala de su casa se escribían en la libreta amarilla los muchos gabinetes que ensayó desde el inicio de su campaña; se tachaban y repetían nombres, pero sólo el de Pedro Aspe Armella permanecía.

LA EXTORSIÓN

Fui yo quien vendió a Rafa la imagen de un chihuahuense que trabajaba en Aduanas que a su vez llegó a mí por conducto de Manlio Fabio Beltrones. Es brillante y a toda madre, lo ponderé. Una mañana lo llevé a desayunar a su casa. Con el tiempo le heredaría la Oficialía Mayor de Sedesol y la Secretaría de Información del PRI. Ambos estuvieron en El Grullo a cumplir el pago de Luis Donaldo por no publicar una cena en su casa de todo el salinismo, incluido el Presidente, con la excepción de Manuel Camacho.

-Eres el candidato, le dije. Me preguntó por qué lo sabía. Le conté lo de la cena y lo de su pronta publicación. Me pidió esperar a Liébano y volvimos a hablar.

--No lo publiques, pidió. Te va a costar caro, reviré. Guardó un prolongado silencio como acostumbraba al enfadarse. ¿Cuánto? Lo que cueste la pavimentación del pueblo. Regresé el teléfono a Liébano y aprobó la obra. ¿Extorsión? Sí, pero el pueblo de Doña Clemen salió del marasmo de un siglo, si bien sus calles empedradas eran más hermosas.

LAS AFINIDADES

Soy uno de los 100 afortunados poseedores de un ejemplar del doloroso testimonio de Liébano de aquel 23 de marzo. De vez en vez lo releo. Tal vez porque me gusta encontrar en letra impresa que, según el autor, “la amistad de Juan y Luis Donaldo era sólida, de esas amistades que por sus afinidades, parecen de años”.

Lo conocí de manera insólita, vestido a la usanza romana, cubierto con una sábana y reponiéndose de los estragos de la noche anterior echado sobre un sillón en el viejo vapor de los Colín en la colonia Santa María del Distrito Federal. Era un lugar frecuentado por el inolvidable Javier García Paniagua, don Jorge Rojo Lugo, el admirado “Güero” Gil del trío Los Panchos, el actor Fernando Casanova y, mientras se mantuvo abierto el Frontón México, por los pelotaris.

En el vicio del vapor lo inició Orlando Arvizu que por entonces manejaba relaciones públicas y aprendía de la sabiduría política de José Francisco Ruiz Massieu, a quien también ejecutarían antes de concluir 1994.

Por el mundo caminan muchos presumiendo la gran amistad que los unió a Colosio. En lo personal conozco muy pocas. Me constan las de Rafa y Liébano, por ejemplo. Siempre me he preguntado qué tan amigo me consideraba Luis Donaldo. Después de alguna relectura del texto de Liébano le pregunté. Contestó vía correo electrónico que me parecía más a él que muchos de quienes lo rodeaban. Iluso de mí pensé que por las muchas de sus virtudes que lo destinaban a ser un gran estadista.

No, fue por otras características, más terrenas, digamos; algunas como las que le chismeó a los obispos quien fuera su secretario particular, Javier García Ávila. Eso sí, Liébano me dijo que cuando el columnismo carroñero lo abandonó en la llamada contracampaña de Manuel Camacho porque creyeron que Carlos Salinas había cambiado de candidato, Colosio reconocía que sólo yo (y algunos más, pocos, para ser justos) permaneció a su lado. Y eso me llena de orgullo.

El bendito oficio que descubrí muy joven en Teziutlán, Puebla, me ha permitido ver, a partir de Javier García Paniagua y Miguel de la Madrid, media docena de sucesiones presidenciales desde dentro y no en la periferia como ocurre a la mayoría de los analistas y reporteros de política. En las más he terminado comprometido.

GAMBOA, EL EXPERTO

No por dotes de clarividente supe que Colosio sería candidato presidencial cuatro años y medio antes de su destape; experto en sucesiones y en la construcción de candidaturas, Emilio Gamboa me previno a tiempo: “no lo pierdas de vista; pégatele. Cuando Salinas habla de él se le cae la baba; admira su concepto de lealtad”. Así lo hice y terminé involucrado en su causa. Vaya combates cruentos con Manuel Camacho. Terminé siendo sospechoso de ensuciar con Liébano la sucesión. No fue así.

Gamboa, a través del mal amansado tamaulipeco Homero Cárdenas, me guió hacia el destape de Carlos Salinas con quien entablé una amistad tempranera en los tiempos que aún usaba corbatas de nudo muy delgado y lentes de alta graduación.

No había forma de perderse en aquel laberinto. En la víspera del destape de Carlos abandoné la Secretaría Particular de Miguel de la Madrid muy entrada la noche, de tal suerte que en la madrugada fui el único en no caer en la confusión creada por Alfredo del Mazo, Alejandro Carrillo Castro y Heriberto Galindo.

En marzo del 94, en Los Pinos me reclamaron con un “¡no te dejes envenenar por Gamboa y Beltrones!” por publicar en el periódico La Prensa que cualquiera podía ocupar la candidatura vacante de Colosio, menos Ernesto Zedillo. Y esto exactamente el día en que Fernando Ortiz Arana fue convencido de no querer y el ex coordinador de la campaña de Luis Donaldo aceptaba su postulación.

Pero no se trata de mis recuerdos.

EL RECHAZO A LA SEGURIDAD

Liébano narra las molestias de Colosio porque en las entrevistas banqueteras los reporteros llegaban incluso a golpear al candidato en la boca. Le propuso aprovechar el aprecio de la “fuente” para implementar un cordón de seguridad. “Entreverar unos cuantos elementos de seguridad también con grabadoras, para que se conduzcan como reporteros y delimiten un anillo de protección…”.

Donaldo reaccionó como quien era:

-“¡No! ¡Más seguridad ya no! Qué, ¿tienes miedo, Liébano?.. Además hay que estar cerca del pueblo”.

Luego remató con una palabra que siempre acompañaba a su discurso:

-“¡Ánimo!”.

Liébano rememora: “Después de su muerte me pregunté durante varios días si aquella simple medida podía haber evitado lo que ocurrió en Lomas Taurinas. No lo sé. Aún ahora, tampoco estoy convencido de que ese escaso equipo de seguridad con que Colosio solía desplazarse, en realidad le haya permitido estar más cerca del pueblo como él deseaba”.

Se han cumplido tres sexenios, 18 años de su ejecución, y el clima en que se disputa el poder es más ominoso que el de 1994, no sólo por las condiciones económicas de la mayoría de la población que no corresponden al éxito en la macroeconomía.

Al desempleo y a la falta de oportunidades se suman las consecuencias de una guerra que ya contabiliza más de 50 mil muertos, muchos de ellos calificados como “daños colaterales”, y la amenaza latente del uso de la presencia casi imbatible del crimen organizado en todas las esferas de la vida nacional como pretexto para aniquilar al contrario, en el mejor de los casos, o, en el peor, para posponer o anular el proceso electoral.

LA ÚLTIMA LLAMADA

La ejecución de Luis Donaldo en un clima enrarecido por la guerra en Chiapas trajo como consecuencia directa la alternancia en el poder. Tres años después el PRI perdió la capital de la República y otros tantos más tarde fue echado de Los Pinos. No obstante, todo cambió para seguir igual.

Con la excepción de Rosario Robles, que no fue electa, el Distrito Federal ha sido gobernado por puro ex priísta, y en el colmo de las frustraciones, el ex líder nacional del PAN, Felipe Calderón, encabeza un gobierno sin mayor diferencia a cualquiera del viejo PRI. La izquierda dejó de existir. Hoy la dominan Camacho y Marcelo Ebrard, rivales de Colosio, y Cárdenas y Manuel Bartlett que lo son de Salinas.

El PRI parece enfilado a recuperar la Presidencia. Todo lo presagia. A días de iniciar la campaña que durará tres meses, su candidato, Enrique Peña Nieto, aventaja sobradamente a sus contrincantes. Sólo una tragedia como la de 1994 que con comodidad podría adjudicarse al clima de violencia que domina al país, un error garrafal no previsto o la no descartable reedición del autoritarismo antidemocrático en el grupo que está en el poder, podría impedir lo que parece inevitable.

Si algunas de estas variables ocurriera, el PRI podría despedirse para siempre de la Presidencia. Peña Nieto es un garbanzo de a libra que la suerte puso en su camino. No hay en la nómina del priísmo otro con sus cualidades; para no entrar a fondo, digamos que ni siquiera Luis Donaldo poseía su carisma. Pero no hay otro. No lo hubo ni siquiera en 2006 cuando Roberto Madrazo tuvo la oportunidad que absurdamente le fue negada en 2000.

Una tercera derrota sería definitiva para el PRI; de nada le serviría cogobernar desde el Congreso con Gamboa y Beltrones como lo ha hecho con Calderón, al que incluso ayudó a tomar posesión.

La oportunidad se les fue a Manlio y a Gamboa y lo que hay en las entidades federativas y en el resto de estructuras priístas está para llorar. Si Enrique llega a la Presidencia, una de sus principales tareas será poner en marcha la construcción de los nuevos cuadros, algo que ni Salinas ni Calderón entendieron, pues muertos Donaldo y Juan Camilo Mouriño tuvieron que optar por lo que había.

Liébano concluyó sus recuerdos en septiembre de 2004 con la convicción de que la “sangre (de Luis Donaldo) será fértil abono para la historia futura del país” sin saber que en 2012 el candidato priísta rescataría a Colosio y a su deseo de reformar el poder.

Ojalá y su optimismo tenga fundamento y la reforma del poder no quede, como hasta hoy, en sólo reformas electorales para el mantenimiento de grupos al mando del país o en la mera construcción de prestigios personales.

Sería el gran homenaje al amigo que tantos perdimos aquella tarde noche en Lomas Taurinas a manos de un asesino “solitario”.

Hay 6 comentarios. Los comentarios están cerrados

Emilio dice:

Saludos

Escrito el 25/03/12 | 01:45 pm
Roxxy dice:

Creo que en estas elecciones, es importante retomar dicha iniciativas; las reformas deben ser parte importante de la discusión entre los candidatos. Beltrones fue el que inició su discusión, ahora es tiempo, de su concreción.

Escrito el 26/03/12 | 03:51 pm
Elecciones 2012 dice:

El PRI es que mantiene el espíritu reformador de Colosio, ningún otro partido ha querido generar reformas, al respecto; la participación del ciudadano en las decisiones del gobierno ha sido nula. Con la promoción de las reformas del Senador Beltrones hemos visto una nueva perspectiva para (re) hacer política.

Escrito el 26/03/12 | 03:54 pm
Fátima Gallardo dice:

Tanto Peña Nieto como el senador Beltrones entendieron que deben privilegiar la unidad del partido, no solamente para obtener el poder sino también para lograr la gobernabilidad, que tanta falta le hace al país. Ellos representan, hoy por hoy, las posibilidades de llevar a cabo el proyecto de reformar el poder que impulsó Colosio.

Escrito el 26/03/12 | 05:12 pm
rico dice:

ya dejenlo descansar en paz,pobre hombre,y dejen de hagarrarlo de bandera,mejor hagarren al al asesino intelectual.

Escrito el 26/03/12 | 10:46 pm
Ruth Saenz Ortiz dice:

interesante recuento de eventos, comparto sus deseos y espero que el candidato que eliga el pueblo de Mexico sea el que mas beneficios nos de a los mexicanos.

Escrito el 01/04/12 | 03:53 pm