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Realidad Urbana

Realidad urbana

México, después de los terremotos de 1957 y de 1985, está muy fogueado

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(Primera de dos partes)

Es evidente que todos los países del mundo, de una manera u otra, son vulnerables a las fuerzas naturales que no se anticipan como son los terremotos, ninguno se escapa al desastre y al rigor del planeta, ni aun las naciones más avanzadas las pueden evitar. Nadie ni aún con tecnologías de punta ni con los enormes recursos económicos de que disponen países como Estados Unidos, Japón, China, India, Brasil, Italia, Rusia o México, los pueden evitar. Los sismos en la corteza terrestre no pueden anticiparse. Si acaso apenas si se puede calcular la intensidad en sismógrafos en grados Richter o Mercalli, los epicentros a muchos kilómetros de su origen y para calcular la distancia, la velocidad de su propagación y alcance inmediato.

Unos países los padecen de una manera otros en circunstancias diferentes, pero todos sufren el rigor de las fuerzas de la naturaleza. Los ejemplos de los tsunamis en los países del Océano Pacífico, los terremotos en Rusia y China o los tornados y los huracanes en Estados Unidos etcétera, etcétera. Todos ellos tan graves como lo que le acontece a México con los terremotos y movimientos telúricos de diversas intensidades, los huracanes, las inundaciones o las sequías, pero todos al fin son desastres naturales, que originan necesidades inmediatas y el concurso responsable del gobierno del Distrito Federal y de la propia sociedad en su conjunto.

México después de los terremotos de 1957 y de 1985 está muy fogueado. Lo vimos en los movimientos de menor intensidad que se han padecido en los sismos de los últimos días, con las consecuentes réplicas inmediatas que se han suscitado sin alterarse por el contrario, vive y realiza todas sus actividades urbanas, sin el trauma telúrico que se ha padecido, pero y esto es muy importante, previendo y preparándose para adquirir y fortalecer una cultura de alertas para proteger la vida y los bienes de los habitantes.

Esto es el resultado de contar con una infraestructura urbana con el gobierno capitalino a la cabeza, para proteger a la gente en su integridad física y proporcionar los servicios básicos de las necesidades inmediatas ineludibles, para mantener el orden y el rescate, si fuera el caso, de quienes resulten damnificados por cualquier movimiento que nos afecte.

Aunque sin solución de continuidad, le falta mucho por hacer al gobierno de la ciudad o de los países del primer mundo porque siempre habrá peligros imprevistos o insuperables, por lo que suele existir un intrincado debate social sobre el tema, que puede servir nomás para posicionarse políticamente los grupos de interés, sin decirse aquí de ninguna manera en forma demagógica, que no esté el gobierno haciendo nada o que se hagan interpretaciones malintencionadas, por las consecuencias imprevisibles como son la intensidad del temblor, las características sismológicas, la densidad demográfica y las estructuras de la construcción y servicios que se presten en las zonas afectadas en el lugar del sismo.

El último movimiento telúrico encontró a una sociedad civil alerta y a los tres órganos de gobierno al frente de ella. Esperamos que así sea.

Como ha ocurrido en muchos de los temas más importantes del desarrollo nacional, el gobierno de la capital de la República ha impulsado y va a la vanguardia en las previsiones contra los sismos, por parte de Elías Moreno Brizuela subsecretario de Protección Civil en el gobierno de Marcelo Ebrard. Se ha logrado la federalización de las tareas de protección civil habiéndose creado la Subsecretaría de Protección Civil dependiente de la Secretaría de Gobernación y de esa manera extender las experiencias que se han aprovechado de los sismos en el Distrito Federal. Continuará.

sergiomarioromero@yahoo.com.mx

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