75 años de la Ibero

Secular su entroncamiento en la historia educativa de la nación

Compartir:

La Universidad Iberoamericana inició actividades en el año 1943 al abrirse la Facultad de Filosofía incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México con apenas 13 alumnos. Sus antecedentes más remotos están en el Colegio de San Ildefonso fundado en la segunda mitad del siglo XVI precisamente donde se encuentra hoy el museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso en la calle de Justo Sierra en el Centro Histórico de la Ciudad de México, cuya administración y mayor impulso corresponde a la UNAM. En esta monumental sede, ambas instituciones educativas, UNAM e Ibero celebraron el 75 aniversario de esta última y reconocieron su secular entroncamiento en la historia educativa de la nación.

El Antiguo Colegio de San Ildefonso, nacido bajo el auspicio de la Compañía de Jesús, albergó desde 1857 a la Preparatoria Nacional, 100 años después de que había dejado de tener actividades docentes al haber sido expulsados los jesuitas del mismo y de todas sus escuelas, misiones, iglesias y parroquias en todo el Continente Americano por orden de Carlos III, manejado por los poderosos nobles y terratenientes con cédulas reales que rivalizaban con los loyolistas que pretendían la emancipación de los indígenas, mediante su autosuficiencia y superación social.


En 1767 con la expulsión de los jesuitas se interrumpió un proceso civilizatorio. Se salió con la suya el fiscal de Castilla, Campomanes que se propuso reprimir la corriente antimonarquista atribuyéndole a los hijos de San Ignacio, una supuesta conspiración contra el rey. El Papa Clemente XIV cedió a la presión y suprimió la Compañía. Las consecuencias fueron evidentes. En el sur del nuevo continente las reducciones guaraníes en Paraguay, que marcaban la frontera con los dominios de Portugal, que pretendía extender la importación de esclavos negros a todo el subcontinente, cayeron con la salida de las misiones. Por igual en México, se desmantelaban los bastiones de contención a la inmigración norteamericana, a través de las misiones del noroeste (Sonora y California) y las del noreste (Coahuila y la sierra tarahumara en Chihuahua) que más tarde posibilitarían la colonización de los cuáqueros y la correspondiente de esclavos para finalmente apropiarse del territorio septentrional de México.

En el sistema educativo mexicano, si bien la expulsión dejó trunco el avance inmediato que se había consolidado con una escuela para indígenas (ahora Universidad Obrera) y la escuela de ciencias religiosas en la Iglesia de San Pedro y San Pablo (ahora Museo de las Constituciones), la influencia del método jesuístico prosiguió porque los discípulos de éstos, mantuvieron el espíritu de dedicación y compromiso con la educación como pilar de la futura independencia del país. Hidalgo, discípulo del Colegio Jesuita de San Nicolás Valladolid, asumió el concepto profundo de la libertad y responsabilidad humana, con el principio de la soberanía originaria del pueblo, al trasladar su pensamiento a la acción para erradicar el sometimiento tiránico de los naturales mestizos y criollos, por parte de los peninsulares.

Lo interesante y prodigioso en esta importante conmemoración fue la hilvanación que hicieron, tanto el coordinador de Humanidades de la UNAM, Domingo Alberto Vital Díaz, como el rector de la Universidad Iberoamericana, David Fernández Dávalos, de la historia de la educación en México y sus destellos desde su origen para hacer coincidir incluso, en el nacimiento de la Universidad Nacional Autónoma de México, el sustento humanista de las bases de ambas instituciones y la similitud axiológica, pese al tiempo y a las vicisitudes habidas en ambas.

El lema: “Por mi raza hablará el espíritu” de la UNAM, con: “La verdad nos hará libres” de la Ibero, revelan el punto de la continuidad si se aprecia cómo se trasladaron y permanecieron vivos los valores esenciales con todo y la salida, vacíos y regreso de los jesuitas y la invencible voluntad de resurgir por la convicción de que la libertad y dignidad del hombre merecen la plena entrega a su conquista.

Sería imposible reseñar el espléndido acto de esta conmemoración en el fastuoso patio del Antiguo Colegio de San Ildefonso donde se presentó una reflexión del muralismo mexicano que se manifestó a plenitud en todo el Centro Histórico desde la época de Vasconcelos como rector y desde luego con magistralidad en el propio San Ildefonso. Ahora se exhibió en pantalla la videoinstalación con el tema: “Estado Azteca/proeza maleable” y con el subtítulo “La revolución que no salió en televisión”, que Melanie Smith y Rafael Ortega lo prepararon para esta celebración registrándose así, la continuidad en la diversidad.

Todavía más interesante resulta que la Iberoamericana haya creado un Centro de Exploración y Pensamiento Crítico, que dirige Juan Carlos Henríquez Mendoza S. J., y cuya misión será el incursionar en las fuentes históricas, políticas, sociales de todos los tiempos para abrevar en ellas convirtiendo el pasado en presente para poder vislumbrar un mejor futuro. La UNAM a su vez, con su siglo de existencia persiste en no sucumbir en lo trivial disfrazado de progreso, negándose a abandonar los sustentos verdaderos del sentido de ser del hombre, su conciencia y su finalidad en lo personal y en lo social, el monodualismo indisoluble.

El ciclo de conferencias y diálogos preliminares al festejo plenario, dejó valiosos testimonios y no pocos retos a la investigación, cuando se abordaron temas como el humanismo renacentista y la exploración del cosmos; el Colegio Seminario de la Compañía de Jesús; los orígenes y los días; la historia y la piedra de Juárez a nuestro tiempo; los jesuitas y la cultura barroca y el conversatorio como epílogo. Arturo Alfaro, Arturo Reynoso, Luis Eduardo Garzón y Antonio Rubial expusieron en el mismo orden sus espléndidas intervenciones.

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...