5 de mayo, de la Batalla de Puebla al Día del Avión

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Tremendo, ¿no? Cómo cambiar la Historia de un día para otro. Una sonrisa, una carcajada, una ¿ocurrencia?

Sólo graznar. Sí, graznar y graznar, con un poco de gracia, de intención, para sensibilizar al “pueblo sabio”.

Así parece transcurrir, de la vacilada a la sorna y a la seriedad, el asunto de la rifa del ex avión presidencial comprado por Felipe Calderón, heredado a Enrique Peña Nieto y repudiado (“nunca me subiré a él”) por Andrés Manuel López Obrador.

El Presidente de la República, desesperado porque nadie accede a su ganga de llevarse el Boeing 787-8 (“que no tiene ni Obama”), súper equipado, y que se compró “pensando como faraones”, ahora, en una lógica de “si no me queda de otra para deshacerme de él”, y ante las burlas (memes) por su propuesta de hace semana y media, ratifica su idea y hasta presenta el diseño del “cachito” de la Lotería con que se promoverá el sorteo.

En el apresuramiento o emoción, el Presidente escogió para el sorteo una fecha casi sagrada, el 5 de Mayo, en agravio (si se le empalma el sorteo) de la memoria del General Ignacio Zaragoza, pues ese día se celebra su victoria, y la de los mexicanos, sobre un ejército invasor, como lo fue el francés.

Cierto que no tiene por qué olvidarse aquel hecho histórico ocurrido en 1862 por el (¿simple?) sorteo de un avión.

El problema es que en los años consecutivos el día se reconocerá como el Día del Avión, o el Día en que se vendió el avión, o el Día en que se venció a los Faraones.

Y ese día, entonces, la Lotería Nacional o Pronósticos para la Asistencia Pública imprimirá un billete con el logotipo del avión que no ha encontrado nuevo dueño, y no de la esfinge del General Zaragoza.

Claro que, quizá, más agravio habría sido hacer el sorteo el 10 de Mayo. No. Ni pensar en meterse con las madrecitas de nadie.

¿El 15 de mayo? Sí, pero sólo mediodía. El que corresponde al sindicato, al SNTE, no con el otro, el de la CNTE, la Coordinadora.

En fin, que este nuevo 5 de Mayo, de concretarse, será otro día nacional. Porque ni modo de no fijarse como un día especial si es una propuesta de la Cuarta Transformación. Una genialidad para continuar regresando al pueblo lo robado, aunque, en esta ocasión, el pueblo se haga un autopago, pues la aportación (costo del billete de lotería para participar en la rifa, 500 pesos) la haría él mismo.

Pero, además, un acto en el que rápido se pusieron a trabajar sus colaboradores más fieles.

Mario Delgado, líder de los diputados de Morena, por ejemplo, ya comprometió a su bancada a que cada miembro compre una serie.

Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, buscará que el sorteo no tenga problemas legales. Se cumplirá con la normatividad, dijo.

La Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ya prometió que si el premio se lo saca un capitalino, ella abogará porque no se le cobre el 6 por ciento de impuestos que marca el Código Fiscal sobre loterías, rifas, sorteos y juegos con apuestas y concursos.

Bueno, hasta el Secretario de Comunicaciones, Javier Jiménez Espriú, que en principio tomó como vacilada lo de la rifa, porque no sabía que era propuesta presidencial, tres días después prometió que él compraría dos boletos.

No sé por qué toda esta alharaca y bullicio me recuerda el cuento, de Gabriel García Márquez, “El ahogado más hermoso del mundo”, que cuando fue descubierto por los habitantes de un pueblo, todos se pusieron a trabajar o ayudar en algo.

Pues con esta rifa, el Presidente piensa reunir 3 mil millones de pesos, y cubrir los 130 millones de dólares (unos 2 mil 500 millones de pesos) que cuesta el “palacio de los aires”.

Ya con la ganancia en las manos, comprar medicinas y equipo para abastecer hospitales, y cubrir otras necesidades.

Igual que López Obrador, desde nuestra palmípeda visión, pensamos que quien se saque la maldita ave de acero, no de blancas plumas como yo, podría volverse loco; bueno, podría “desgraciarse” porque el dinero, mucho dinero (como lo que vale el avión en cuestión), “es una tentación; es la mamá y el papá del diablo”.

De cualquier forma, ¿quién no puede aportar 500 pesos o más para una noble causa?, y quien quita y nos la pasemos volando.

Creo que compraré un billete, un “cachito”. Pero esperaré, con ansias, otra oportunidad más ad hoc a mi “modus vivendi”, digamos, cuando rifen el Lago de Chapultepec o Xochimilco.

Por lo pronto, graznando, seguiré creyendo que el 5 de Mayo pertenece a la Batalla de Puebla y al General Zaragoza. Así me zumben los oídos a causa de algún vecino que no se cansa de presumir que en la Lotería Nacional se sacó un avión.

Pero, además, ya me cansé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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