La ciberconciencia mete incertidumbre en los cuartos de guerra de AMLO, Anaya y Meade

En el fondo está el temor a perder los tradicionales controles de manipulación

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Nada para nadie. La incertidumbre es aterradora en los cuartos de guerra de Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Los perfiles que de antaño garantizaban el triunfo con la fuerza de la estructura del poder en turno perdieron el anclaje y, con ese nerviosismo, la guerra sucia raya en lo vulgar, en la maquillada vida personal de cada uno y lo ridículamente agresivo.

Todo sirve. Sirve hasta una presunta intriga de Vladimir Putin para favorecer a López Obrador, y a sí mismo, desde el Kremlin, tesis apoyada por el seguimiento que da el gobierno francés, de Emmanuel Macron, desde diciembre, a la cadena Russia Today, que inició operaciones con entrevistas al soberanista de derecha Nicolas Dupont-Aignan, la ultraconservadora Marine Le Pen y a Oliver Stone, considerado por el sector más conservador de EU como el cineasta enemigo, para lo que el presidente galo prepara una ley anti-injerencia.

Para entender el “nada para nadie”, en el año 2000, las dimensiones del hartazgo NO necesitaron de la cibertecnología para sacar al PRI de Los Pinos. En el 2006, la relativa aceptación del gobierno de Vicente Fox, inclusive con las decepciones de su pueril estilo, dio la oportunidad milimétrica al PAN de continuar con Felipe Calderón Hinojosa con apenas 0.61% de un punto sobre López Obrador.

La ciberconciencia social de ahora cuenta con una red de datos de 70 millones de usuarios en México, lo que se traduce en fotografías, videos, audios y textos, comparados con menos de 20 millones en el 2007 y una baja calidad de transmisión con las redes 3G.

En la comparación del 2012 con el 2018 es necesario agregar el avance tecnológico en los teléfonos móviles (celulares), donde el muy elemental iPhone 4 apenas apareció en México a principios del 2011, las redes de datos poco a poco se extendían por el territorio a costos estratosféricos para el usuario y las Wi-Fi eran privilegio de pocos.

Ahora, aún sin servicios de alguna telefónica, basta con que el usuario se acerque a una zona Wi-Fi con su celular para transmitir texto, audio y video.

En eso se basa la red de ciberconciencia que mete un alto nivel de entropía a las encuestas, a los grupos de enfoque y a consultas de líderes de opinión que muestran datos altamente dispares y alterados por hackers o boots contratados, expresamente, para tales propósitos.

Existe demasiada charlatanería en el análisis del alcance de las redes sociales, pero en realidad se trata de la irrupción de una forma ágil de transmitir la opinión personal, de moldearla con la retroalimentación de los demás y de aprender a defendernos de la información falsa (fake news).

La naturaleza del conflicto del “nada para nadie” y el terror por la incertidumbre es que cada torpeza captada es exhibida; cada historia, positiva o negativa, información sobre corruptela e impunidad, se expone al instante.

Como resultado, nos damos cuenta que lo que constituye la diferencia entre los candidatos es la red de intereses que cada uno representa y la sospecha de pactos de impunidad en unos y proyectos de nación en otros que dan terror. Y esto SÍ puede hacer la diferencia en las urnas.

La indignación es el motor del cambio. Posiblemente este gran sistema de vasos comunicantes de la ciberconciencia ayude a escoger al mejor candidato, o al menos peor, como guste llamarlo, además de pintar en cara a los detractores de la ciberconciencia, que usualmente son opinadores de medios de comunicación acostumbrados al monopolio de la información y al servilismo con una agenda política evidente, más que subyacente, en la mayoría de los casos.

En el fondo está el temor a perder los tradicionales controles de manipulación, y ese temor los lleva a definir la ciberconciencia como  Legión de Idiotas.

 

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