18 años de gobiernos neoliberales

…Y el inicio de la cuarta transformación de México

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Vicente Fox ¿paso a ‘la diversidad política’, al pluripartidismo?

Una de las características que dejó la alternancia política en el año 2000, con el triunfo de Vicente Fox, según expertos académicos y analistas políticos, fue la confirmación de que si bien se mantenía el modelo de gobierno dividido, la figura de partido hegemónico desaparecía para siempre; afirmaban los estudiosos que ya nunca más un partido político tendría mayoría absoluta tanto en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores. Es decir, desaparecía, por completo, el sistema de partido hegemónico para dar paso a “la diversidad política”, al pluripartidismo.

Sin embargo, 18 años después, una fuerza política, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), ganaba y alcanzaba la mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión, rompiendo aquél dogma del año 2000. Es decir, la figura de partido hegemónico se instaló, de nuevo, en nuestro sistema de partidos y, con ello, se inició lo que el Presidente ahora en funciones, Andrés Manuel López Obrador, llama la Cuarta Transformación de México.


Se podría decir que este es uno de los aspectos importantes de los comicios celebrados el pasado 1 de julio. Obviamente, el más trascendental es el triunfo de López Obrador para alcanzar el poder presidencial. En pocas palabras, se logra una mayoría legislativa y un gobierno unificado. Y, a nivel local, Morena se llevó 5 de 9 gubernaturas disputadas.

La estridente derrota que recibieron los partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD, ahora en la oposición, fue inédita, una derrota que reflejó, por una parte, la crisis de la partidocracia y, por la otra, el claro distanciamiento que desde hace tiempo mantenían con la ciudadanía. Una elección atípica donde los ciudadanos, hartos de la soberbia y la prepotencia de funcionarios, dirigentes partidistas, en contra de acuerdos cupulares que sólo respondían a compromisos e intereses muy particulares, respondieron con su voto de castigo para un cambio trascendental: Más de 30 millones de votos recibió Andrés Manuel López Obrador para respaldar el cambio que tanto demanda la ciudadanía. Sin duda, hay un nuevo estilo de gobernar en la ruta hacia lo que López Obrador ha reiterado: La Cuarta Transformación de México.

Sin embargo, hagamos una rápida visión retrospectiva de lo que pasó el 1 de julio, el inicio de las campañas políticas, en el mes de abril, para la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena, PT y Partido Encuentro Social), con su candidato; Andrés Manuel López Obrador arrancaba con signos muy alentadores; no sólo marcaba la agenda de la contienda electoral, sino que se mantenía como puntero en las preferencias electorales, confirmado por las casas encuestadoras. Por su parte, el candidato Ricardo Anaya, de la coalición “Por México al Frente” (PAN, PRD y Movimiento Ciudadano), si bien se mantenía en segundo lugar, perdía fuerza e intentaba dejar atrás el conflicto legal con la Procuraduría General de la República (PGR) sobre sus dudosos negocios inmobiliarios y un presunto lavado de dinero. A ello se sumó una franja de panistas que manifestaba su desacuerdo por la alianza que había concretado Anaya con el Partido de la Revolución Democrática.

Mientras, el candidato priísta, José Antonio Meade, no terminaba de cuajar en el ánimo de una militancia que de manera soterrada, lejos de su dirigencia, manifestaba su molestia con el llamado candidato ciudadano que apostaba por la continuidad de un gobierno con números desfavorables. Un gobierno peñista protector de sus fieles (léase ex gobernadores señalados por actos de corrupción); que cargaba con el descrédito del caso Odebrecht, la Estafa Maestra y el carpetazo de la Procuraduría General de la República al caso de César Duarte. Esta negligencia gubernamental no ayudaba al candidato priísta; por el contrario, alimentaba más la irritación social. En ese sentido, la corrupción dominaba, como tema central, el horizonte político de las campañas, sin soslayar otros asuntos, como la violencia que se incrementaba en algunas zonas y ciudades del país.

La declinación de Margarita Zavala como candidata independiente, de lo más destacado en el mes de mayo, así como el segundo debate, que se desarrolló entre descalificaciones, señalamientos y escasas propuestas, mantuvo como puntero, en la intención del voto, al candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, frente a un José Antonio Meade del que sus seguidores esperaban un relanzamiento de su campaña, a partir de ese segundo debate, con liderazgo y presencia que tímidamente lo colocó, según algunas encuestas, en un empate técnico, en segundo lugar, con el candidato Ricardo Anaya, de la coalición “Por México al Frente”.

El cierre de campañas y un tercer debate nos dejó el mes junio. López Obrador seguía apareciendo en primer lugar, según tendencias electorales. La violencia criminal, en este mes, se intensificó: El 8 de junio fue asesinado Fernando Purón J., ex alcalde de Piedras Negras y candidato del PRI a diputado federal por el distrito 1 de Coahuila; con su muerte sumaron 47 personas, entre aspirantes y candidatos a puestos de elección popular, ultimadas durante el proceso electoral.

El 1 de julio, con el contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador, quedaron atrás 18 años de gobiernos ineficientes, neoliberales, con programas y políticas insuficientes para combatir lastres como la desigualdad social y la pobreza, así como la violencia y la corrupción. Vicente Fox dilapidó su capital político y no logró el cambio de régimen que de él esperaba la ciudadanía: La ocurrencia de los 15 minutos para lograr la paz en Chiapas; en fin, la primera transición política con un tono desangelado.

Una decisión errónea que acompañó al gobierno de Felipe Calderón fue el combate al narcotráfico y la violencia. Sin duda, fallida estrategia de seguridad, no compartida por la mayoría de los ciudadanos, para acotar al crimen organizado, lo que ocasionó daños colaterales que enlutaron a muchas familias mexicanas. El presidente del empleo, como él se definió en su campaña, dejó saldos negativos, particularmente en la generación de fuentes de trabajo para los jóvenes. Un punto favorable del gobierno calderonista fue la aprobación de las candidaturas ciudadanas, que entraron en vigor en 2015. En síntesis,  “áreas de oportunidad” truncas, como dicen los especialistas; estrategias y esfuerzos fallidos de los gobiernos panistas que no lograron el impulso para modernizar el México del siglo XXI.

Las llamadas “reformas estructurales” fueron el acierto en el primer tercio del gobierno de Enrique Peña Nieto, con una pésima implementación en los años siguientes. En materia social, la Cruzada contra el Hambre, según expertos, fue un fracaso. Por otra parte, la violación de los derechos humanos en los casos de Iguala, Tanhuato, Apatzingán, Tlatlaya y Nochixtlán, son saldos negativos en materia de seguridad, así como la fallida estrategia para combatir al crimen organizado. A ello se sumó un priísmo fracturado y un candidato ciudadano que no logró la empatía con un electorado ajeno a los postulados obradoristas. Una administración peñista que cerró el sexenio con tan sólo un 24% de aprobación ciudadana.

 

TRANSICIÓN CON ORDEN Y TRANSPARENCIA

A escasos tres días de la elección se reunieron Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador para acordar una transición con orden y transparencia. El presidente electo empieza a tomar las primeras decisiones y a anunciar a las personas que formarán parte de su gabinete, como Alfonso Durazo, propuesto como secretario de Seguridad Publica.

En ese sentido, la élite burocrática y Peña Nieto redujeron, prácticamente, a su mínima expresión toda actividad pública, a fin de no coincidir con la agenda del presidente electo, así como no confrontarse con las expresiones de Andrés Manuel López Obrador respecto a la posible cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, así como su intervención y participación en el grupo técnico que encabezaba las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En el Congreso, la LXIV Legislatura inició los trabajos con mayoría morenista y empezaron a fluir las primeras reformas de la era lopezobradorista; fue aprobada la nueva Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, la que tiene como premisa fundamental que ningún funcionario pude ganar más que el Presidente de la República; en la misma se establece la eliminación de las pensiones de los ex presidentes; asimismo, fue aprobada la creación de la nueva Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana mediante reformas a la ley orgánica de la Administración Pública Federal. Es decir, Morena no apabullando, pero sí mostrando su rostro de partido hegemónico, imponiendo su agenda y aprobando sus prioridades en el primer periodo de sesiones.

Llegó la tercera alternancia y hay pendientes que urge atender: Violencia, inseguridad, pobreza, empleo y corrupción. Y, en este sentido, el Presidente López Obrador tiene el respaldo legislativo para avanzar, con firmeza, en esta Cuarta Transformación. Si bien hay temas polémicos, los altos sueldos, la Guardia Nacional, los superdelegados, etcétera, también hay liderazgo, hay agenda, pero, sobre todo, hay “voluntad política” para hacer las cosas de manera diferente, para lograr el cambio, pues. Esto apenas empieza… veremos.

 

* Licenciado en Derecho con posgrado en Derecho Parlamentario y Procesos Electorales

 

 

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