Sólo para iniciados
Autor: Juan Bustillos
Corderistas almacenan la seguridad de que tarde o temprano sufrirán las consecuencias
La novedad es que Josefina Vázquez Mota tiene un rostro desconocido, “dark”, dirían los muchachos.
Los corderistas, incluido Ernesto, que perdieron el domingo almacenan la seguridad de que tarde o temprano sufrirán las consecuencias.
No lo dicen de hoy, sino a partir que las encuestas empezaron a prevenir la imposibilidad de ganarle y, en vano esfuerzo por vencerla, Cordero escuchó a quienes aconsejaron la guerra sucia verbal que él mismo encabezó.
La verdad, no veo en la candidata presidencial del PAN ese rostro oscuro ni a la mujer capaz de almacenar rencores o perder el tiempo en identificar a quién se la hizo para cobrarle.
Quizás la candidata conoce la leyenda tejida sobre sus supuestos rencores y, por ello, en plena euforia del triunfo encontró tiempo para tranquilizar a quienes ya deben estar pensando en emigrar:
“Les vengo a pedir que tengamos mucha generosidad; a mí ya se me han olvidado los acontecimientos que han sucedido; solamente tengo energía para seguir construyendo. Yo no tengo un solo recuerdo, de lo que hemos vivido, que haya podido lastimar o agraviar", dijo, ayer, a manera de reconciliación, que algunos ni en Los Pinos creyeron.
Quienes la tacharon, públicamente, de mentirosa, irresponsable y traidora a Calderón (y en privado hasta de ser peligro para México) dicen que si llega a la Presidencia se desatará el corredero de gente… por temor.
En realidad, Josefina sufrió descalificaciones desde el mismo inicio de la campaña… ¡de Felipe Calderón! Fue a quien culparon de la necesidad del cambio de timón anunciado por el candidato panista en una entrevista con Joaquín López-Dóriga. Fue sobre sus restos que empezó la carrera pública de Juan Camilo Mouriño.
A partir de ese momento, Josefina tuvo que inventar su propia agenda para no perderse en la campaña calderonista mientras los demás alcanzaban la grandeza. Ya en pleno triunfo, cuando Calderón salió de su casa de campaña a agradecer el apoyo de quienes exigían su presencia para celebrar, Vázquez Mota debió utilizar los codos para colarse y ocupar (por lo menos en la foto) el lugar de jefa de campaña, que ostentaba sólo de manera formal, pues el poder estaba en las manos del joven campechano que terminó conduciendo al gobierno desde la jefatura de la Oficina de la Presidencia.
Ya en la Presidencia electa sufría descontones, como ser invitada a bajar del avión en donde el gran triunfador viajaría al extranjero; de hecho, tenía que apresurarse a hablar con los reporteros para dar su versión del por qué se quedaba a cuidar la casa y no hacer el ridículo.
Para que no le quedase duda del lugar que ocupaba en el nuevo gobierno, la mandaron a lidiar con la profesora Elba Esther Gordillo, aliada clave del Presidente en momentos electorales a la que sólo debía complacer sus múltiples exigencias. ¿Cómo enfrentarla sin causar problemas a Calderón ni sufrir los reclamos de éste?
Sobrevivió, como pudo, a la hasta entonces mayor prueba de su vida política. Luego le entregaron una bancada menguada en la Cámara de Diputados; cada deseo presidencial desató negociaciones extenuantes. Cordero, con pleno desconocimiento del trabajo legislativo, le reclamó, en los debates, su inasistencia a la votación de las leyes cuando el trabajo del coordinador se hace en otros lados.
Sin duda, Josefina fue acumulando agravios, tantos que, con mucha razón, hoy muchos viven preocupados.
Opinión