La teoría del caos
Autor: Hugo Páez
La señora de la casa resistió, como resisten millones de señoras en los hogares mexicanos ante la adversidad, ante la discriminación de género y la supuesta desventaja física, a la que sacan partido y convierten en pilar de las familias
“Va a ganar Ernesto Cordero, aunque tu sigas escribiendo que va a perder con Josefina”, me dijo, por última vez, Max Cortázar una semana antes del 5 de julio, en un evento donde coincidimos, el sábado 28 de enero.
El tono siempre cordial y tranquilo contrastaba con su lenguaje corporal: Tenso y preocupado. De nuevo me explicaba esa línea de razonamiento cuasi mágica donde los militantes ocultan a las encuestas su verdadera intención de voto, o estas no atinan a dirigirse al universo real de electores que darían la victoria a Ernesto, aun cuando el padrón de Acción Nacional estuviera disponible en un porcentaje aceptable.
Al final ganó el PAN y perdió Felipe Calderón. Contra los pronósticos, por la turbulencia de los últimos días, la militancia redefinió al partido dentro de los parámetros de su propia naturaleza, tal como lo hicieron en el 2006 contra el oficialismo de Vicente Fox, que, comparado con los esfuerzos de Calderón por sacar adelante a Cordero, fue totalmente tibio.
La señora de la casa resistió, como resisten millones de señoras en los hogares mexicanos ante la adversidad, ante la discriminación de género y la supuesta desventaja física, a la que sacan partido y convierten en pilar de las familias.
Las últimas semanas, quizá, más preciso, los últimos días, liberaron las pocas ataduras de Josefina con el gobierno federal.
Los golpes fueron brutales, sus contrarios internos rebasaron la línea a costa de comprometer al PAN y nunca se oyó firme el lamento de Gustavo Madero, o el de Felipe Calderón, por esas prácticas antidemocráticas, dos líderes que hubieran detenido la infamia.
No ocurrió; ahora, Josefina llega más libre que cualquiera de los candidatos, aun cuando es obligado ir a la guerra en equipo, agrupar a todos los frentes posibles, contra las alianzas encabezadas por el PRI y el PRD.
El PAN va solo, pero con una candidata sólida que deberá poner distancia, en pocas semanas, de López Obrador. No hubo rompimiento; se evitó una crisis dolorosa que beneficiaría a Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel.
Necesitará un fuerte impulso; debe aprovechar la claridad de su triunfo en la primera vuelta y abordar a un partido que libró la contienda mejor de lo esperado.
Josefina y el PAN evitaron el desgaste de la segunda vuelta, sin embargo, los espera la prueba final con un opositor muy fortalecido y con amplia experiencia, e inesperadamente aparece un cuarto pasajero: Elba Esther Gordillo, quien tal vez imponga a una mujer para enfrentar a la candidata panista, a favor del PRI.
La primera candidata de un partido fuerte abre la puerta y dice: “México está listo para una mujer”. Debe probarlo.
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Opinión