Armando nuestra ciudad
Autor: Armando Martínez Gómez
Hay una gran incongruencia en los grupos que se han manifestado en las plazas públicas y en desplegados en los periódicos
Sí es enemiga de la libertad y antítesis del Estado laico la negación de inscripción a nivel constitucional de un derecho humano fundamental y que es reconocido expresamente en numerosos tratados internacionales como lo es la libertad de creer o no creer, en público y en privado, derecho que afirmamos categóricamente no está reconocido expresamente en nuestra Carta Magna y que en este aniversario de la promulgación de nuestra norma fundamental es de urgente coherencia que se incorpore y que los grupos que esta semana han utilizado argumentos de la demagogia pura que han realizado movilizaciones de “grupos religiosos” y de “ciudadanos” que se manifestaron con el hígado por delante en lugar de hacerlo con argumentos en contra de la minuta aprobada el 15 de diciembre del año pasado en la Cámara de Diputados cuyo contenido tiene la reforma al artículo 24 de la Constitución y que incorpora la “libertad religiosa” en el texto de la Carta Magna, la cual debe ser discutida en el Senado de la República y en su caso, aprobada para que pase a las legislaturas de los estados y en consecuencia pueda lograrse una reforma constitucional en la materia. Nada más abrir el periodo ordinario de sesiones, hubo protestas minoritarias en todo el país queriendo socavar la libertad. La marcha supone que hay muchos que quisieran vivir en la esclavitud a la cual lleva el atavismo de la ignorancia supina de quienes dogmatizan sin conocimiento profundo de la posición que asumen; en las protestas se dijeron falacias, siendo la más grande de ellas que se quiere acabar con el Estado laico, lo cual es una mentira absoluta.
Hay una gran incongruencia en los grupos que ésta semana se han manifestado en las plazas públicas y en desplegados en los periódicos, ya que por un lado luchan contra una reforma que lo único que busca es ampliar las libertades ciudadanas, y ejercen precisamente la libertad de expresión y de libre asociación para pretender que nazca muerta la reforma, por pretender continuar haciendo del Estado el único Dios al cual han sido fieles durante más de un siglo, inspirados por la rabia hereditaria de batallas contadas a modo, pretendiendo quienes se oponen a la misma, pasar facturas como si se tratase de un remedio homeopático, socavar una libertad con otra, a tal grado de incongruencia, por ello es imperante elevar el debate público de escenarios que no existen en la sociedad moderna a aquellos en los que prácticamente toda democracia moderna enmarca y reconoce este derecho fundamental.
Es increíble el cinismo de algún senador de la República, cuando en sus primeras declaraciones respecto al tema, airoso reclamaba que este no es un tema que polariza y que no es de importancia para los mexicanos y hablo de cinismo porque el mismo es egresado de una escuela de inspiración religiosa, (y por cierto la reforma en nada toca el artículo tercero constitucional como falsamente se ha dicho) y si no nos creen revisemos su currícula, y así de muchos legisladores y hombres públicos de México, el problema estriba en que parte es la ambigüedad histórica que se ha vivido en este país, en el que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace, somos por naturaleza un país religioso, lo somos desde nuestras raíces indígenas más profundas, lo somos desde nuestro mestizaje más arraigado, seguir negándolo es la peor obsolescencia de nuestros tiempos.
Mienten quienes dicen que hay ya libertad religiosa en México, como muestra les doy un botón, en el actual artículo 24, sólo se permite el culto y este se regula incluso coartando lo que los llamados ministros pueden o no decir, y no se considera una profesión, cuyo registro en su caso estaría en profesiones, se considera una actividad para política, la cual está censurada y observada, vigilada y regulada por Gobernación, siendo entonces una actividad que el Estado administra y controla, permite y tolera pero no respeta y garantiza que es lo que precisamente se pretende con esta reforma.
Celebramos el llamado que hizo el Presidente de la República a los senadores de su partido para aprobarla, extrañamos que ningún senador aún haya dado su parecer respecto de la minuta que ya recibieron.
Compartimos con el senador Beltrones que hay que aprobar también la minuta del artículo 40 constitucional que establece expresamente que el Estado debe ser laico, bien por ese reforzamiento pero a la par y en congruencia es importante que también se discuta y suba el tema del 24 constitucional que garantiza la libertad religiosa.
Rompamos los atavismos, México es suscriptor de las declaraciones más importantes en derechos humanos y es necesario que la congruencia se adopte, sería el mejor regalo que pudiese hacer a nuestra Carta Magna en su aniversario, tener una Constitución que universal y específicamente proteja de una vez por todas los derechos humanos.
En el caso específico de la Iglesia católica, esta prohíbe expresamente a sus miembros ordenados (curas) tener actividad política, así que no es en ningún caso esa la aspiración, es falso quien así lo afirma y por supuesto que en la ley civil ese tema no está tocado, y en el tan airado tema de educación, de conformidad con todos los tratados internacionales, es derecho de los padres decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos, no es del Estado, sin embargo, este tema tampoco se toca en la reforma, así que el suelo sigue parejo y nuestra patria urge ya la aprobación de la libertad religiosa para todos, ojalá y el Senado no congele estas iniciativas y pasen la papa caliente para otra generación. Merece discutirse y merece aprobarse porque es importante que la libertad ensanche sus alas y nos infunda de su espíritu que nos hace más humanos, no renunciemos a ello, es la oportunidad histórica para salir de la esclavitud del prejuicio que tanto daña a nuestra amada patria.
Armando Martínez Gómez
* Líder de los Abogados Católicos
abogadoscatolicos@gmail.com
Opinión